Entrevista
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La joya de la familia: Carla y Alfredo Martínez inauguran el primer espacio físico de Josefina Jewels

Desde el nombre heredado de su abuela hasta la filosofía de tratar a cada clienta como parte de los suyos, todo en esta boutique cuenta una historia

17 de septiembre de 2026 - 11:10 PM

Carla y Alfredo Martínez, propietarios de Josefina Jewels. (Pablo Martínez Rodríguez)

Las lámparas brillan suavemente sobre las vitrinas. El verde sage de las paredes transmite calma. Hay una sala que invita a sentarse sin prisa, como si se tratara de la casa de un amigo. Afuera, los restaurantes y el movimiento habitual de Guaynabo continúan su ritmo. Adentro, sin embargo, la sensación es otra.

“Queríamos una tienda bonita, que se sintiera ‘cozy’, que cuando tú llegaras aquí dijeras: ‘Ay, qué rico ir allí’”, cuenta Carla Martínez mientras recorre el nuevo espacio de Josefina Jewels.

La frase resume perfectamente lo que ocurre al cruzar la puerta. Porque para Carla y su hermano Alfredo esta apertura no se trata únicamente de vender joyería. Se trata de crear una experiencia. De construir un espacio que refleje quiénes son fuera de las vitrinas y los catálogos. De darle una dirección física a una marca que nació como una extensión de su creatividad y que, con el tiempo, encontró una voz propia.

“Estamos emocionados, entusiasmados con la apertura. Muy entusiasmados”, expresan ambos durante el recorrido exclusivo para Magacín por la tienda.

La apertura marca un nuevo capítulo para Josefina Jewels, una marca que durante años se dio a conocer a través de ventas en línea y mediante la exposición que tenía dentro de Letran, la histórica joyería familiar. Ahora, con una boutique independiente en La Galería de Suchville y Plaza Suchville, los hermanos apuestan por consolidar una identidad propia sin desligarse del legado que los formó.

Un nombre que comenzó en casa

Hay historias empresariales que comienzan con un plan de negocios y otras que nacen alrededor de una mesa familiar. La de Josefina Jewels pertenece al segundo grupo.

“Josefina es el nombre de mi abuela, de mi mamá, y el segundo nombre de mi hermana. Cuando queríamos hacer una línea que fuera aparte de Letran, siempre ese fue el nombre que nos venía a la mente, como honrando a nuestra familia”, recuerda Alfredo.

No fue una decisión de mercadeo. Fue una decisión emocional.

El nombre encierra generaciones de historia familiar y refleja precisamente el ambiente que los hermanos quieren transmitir a quienes visitan la tienda: cercanía, tradición y confianza.

Ese sentido de pertenencia aparece constantemente durante la conversación. Hablan de clientas, pero también de relaciones. Hablan de joyas, pero también de experiencias. Hablan de ventas, aunque siempre regresan al tema de la familia.

Dos hermanos, una visión

Detrás de cada colección existe un proceso creativo compartido.

“Alfredo y yo siempre hemos sido súper creativos y nos ha encantado la joyería”, explica Carla.

La idea de crear una marca independiente surgió después de identificar una necesidad que ellos mismos experimentaban como consumidores y conocedores del sector.

“Veíamos un nicho que hacía falta o que a veces íbamos a los ‘shows’ y no lo encontrábamos. Piezas ‘fun’, piezas con personalidad. Nosotros no las encontrábamos. Y un día dijimos: ‘¿Y por qué en vez de buscarlo no lo hacemos?’”, menciona Carla.

Lo que comenzó como una conversación terminó convirtiéndose en una colección. Luego en una marca. Más adelante, en una comunidad de clientas fieles.

Hoy, la dinámica entre ambos está claramente definida. “Son funciones bien divididas y bien establecidas”, explica Alfredo.

Él se encarga de los números, los pedidos y la operación del negocio.

“Es el hombre de las matemáticas, el que hace que el negocio de verdad pueda correr”, dice ella.

Carla, por su parte, se ha convertido en la cara visible de la marca.

“Es la que atiende más a las clientas y la que las clientas conocen”, menciona él con orgullo.

Sin embargo, cuando llega el momento de diseñar, las fronteras desaparecen.

“Algunas piezas las diseña ella, otras las diseño yo, pero la gran mayoría son en colaboración”, explica.

Joyería para celebrar los momentos grandes... y los pequeños

La propuesta de Josefina Jewels se aleja de la idea tradicional de la joyería reservada únicamente para ocasiones especiales.

Aquí conviven grandes aretes llamativos con piezas delicadas para uso diario. Collares minimalistas con diseños más atrevidos. Regalos sencillos con accesorios diseñados para eventos importantes.

“Aquí tú vas a poder encontrar todo lo que tú quieras, desde regalitos hasta si tienes una boda y te quieres poner unas pantallas bien chulas”, asegura Carla.

La intención es que cualquier mujer pueda encontrar algo que encaje con su estilo personal.

“Hay ‘statement pieces’, hay collarcitos, tenemos también pantallas pequeñas. Tratamos de tener en todas las colecciones un poquito de todo”, agrega.

Inspiración convertida en joya

Cuando los hermanos hablan de inspiración, lo hacen como si decribieran una conversación constante entre colores, formas y recuerdos.

“Siempre nos han gustado mucho las esferas y las líneas que trabajábamos cuando hacíamos piezas en oro. Queríamos experimentar cómo podíamos hacerlas de una manera más moderna, que se vieran elegantes pero a la misma vez ‘fun’”, detalla Carla.

En otros casos, el punto de partida ha sido una piedra o una paleta cromática específica.

“La colección anterior se inspiró mucho en el péridot, la amatista y el topacio azul. En base a esos colores fue que creamos la colección”, recuerda Alfredo.

Algunas ideas, mencionan, nacen incluso de combinaciones inesperadas. “Otras veces empezamos a mezclar colores, como el negro con el verde, y de ahí vienen muchas colecciones”, agrega el empresario.

Las piezas se producen en distintos talleres especializados, principalmente en Tailandia y Brasil, siguiendo las especificaciones desarrolladas por la marca.

Las favoritas de la nueva colección

La apertura de la tienda viene acompañada de un lanzamiento importante: 61 piezas completamente nuevas.

Después de meses de diseño y desarrollo, ambos tienen ya sus favoritas:

“Mis favoritas son las ‘Iconic Earrings’”, dice Carla sin dudarlo.

“Son unas pantallas bastante ‘statement’. Las encuentro preciosas y nunca habíamos hecho una pantalla tan bonita formal”, exterioriza.

Alfredo tiene otra selección.

“A mí me gusta el brazalete ‘Prosecco’. Creo que es ‘fun’ y a la vez elegante”.

Las respuestas revelan algo interesante: aunque comparten visión, cada uno encuentra distintas maneras de interpretar la personalidad de Josefina.

La experiencia primero

Quizás el aspecto más importante de esta nueva etapa no está en las joyas ni en el diseño interior. Se encuentra en la manera en que quieren que la gente se sienta.

En una época donde muchas experiencias de compra son rápidas e impersonales, los hermanos defienden un modelo completamente distinto.

“Lo que siempre nos ha caracterizado es que cuando tú llegas a Letran o llegas a Josefina, te vamos a tratar como si estuvieras en familia”, cuenta el amante de las joyas.

La filosofía tiene raíces profundas. “Eso es lo que mi abuelo siempre decía: nosotros somos joyeros de confianza”, afirma Carla.

No lo mencionan como una estrategia comercial, sino como una responsabilidad. Por eso la tienda ofrecerá recomendaciones personalizadas, orientación de estilo y una experiencia individualizada para cada clienta.

“Para nosotros, que las clientas vengan, que se sientan bien, que se pongan las piezas y les gusten, eso es lo más importante”, añade.

Un espacio que parecía destinado a ellos

La llegada a Guaynabo tampoco fue casualidad. Durante años identificaron que una parte importante de su clientela procedía de esa zona. Querían acercarse a ella, pero sin reproducir el formato típico de un centro comercial.

“Sabíamos que queríamos tener algún espacio aquí”, asegura la hermana.

Entonces ocurrió la llamada. Los hermanos llevaban aproximadamente año y medio en lista de espera para conseguir un local en el área.

“Un día me llamaron y me dijeron: ‘¿Quieres el espacio?’”.

Carla todavía recuerda el momento. “Yo estaba de viaje y dije que sí”. La decisión fue inmediata.

Porque el lugar representaba exactamente lo que buscaban: un espacio más íntimo, más cálido y más alineado con la identidad que construyeron.

Dos marcas, dos historias

Aunque el apellido Martínez está inevitablemente ligado a Letran, los hermanos son enfáticos al hablar de la diferencia entre ambos proyectos.

“Letran es Letran. Una se nutre de la otra, pero son dos conceptos distintos”, coinciden.

Mientras la joyería tradicional reúne múltiples marcas, materiales y categorías, Josefina tiene una esencia mucho más personal.

“Josefina es diseñada por nosotros y creada por nosotros”, establece Alfredo.

Y precisamente ahí radica la diferencia. Cada colección, cada pieza y cada detalle del nuevo espacio habla directamente de ellos, de su creatividad, de su historia familiar, de los recuerdos asociados a una abuela cuyo nombre terminó convirtiéndose en una marca.

También es el reflejo de un sueño compartido entre dos hermanos que decidió abandonar el mundo digital para abrir finalmente una puerta real, recibir a sus clientas en persona y demostrar que la mejor joyería es aquella que logra hacer sentir a quien la lleva como si estuviera en casa.

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