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Cuando una pasión también se convierte en amistad

El deporte puede abrir la puerta a nuevas experiencias y a vínculos con quienes comparten la misma afición

27 de octubre de 2026 - 8:39 AM

Durante la adolescencia, las relaciones positivas y el apoyo de los pares tienen un papel importante en el bienestar y en el desarrollo de la identidad. Desde la izquierda: los jóvenes jinetes Emilio Pérez, Valentina Quiles y Sarah Kraemer.
Durante la adolescencia, las relaciones positivas y el apoyo de los pares tienen un papel importante en el bienestar y en el desarrollo de la identidad. Desde la izquierda: los jinetes Emilio Pérez, Valentina Quiles y Sarah Kraemer, quienes participaron de un evento ecuestre de Halloween en Bayamón. (Suministrada)

Encontrar una actividad que nos apasiona puede significar mucho más que desarrollar una habilidad o alcanzar una meta. También puede abrir la puerta a nuevas experiencias y a vínculos con quienes comparten ese mismo entusiasmo.

Durante la niñez y la adolescencia, el deporte representa un espacio valioso para el desarrollo socioemocional. En la equitación, cada binomio (jinete y caballo) trabaja para mejorar su técnica, fortalecer la comunicación y completar cada recorrido con precisión y confianza. Mientras cada jinete persigue sus propias metas, aprende a compartir el camino con otros.

Los entrenamientos y las competencias crean oportunidades para aprender a reconocer el esfuerzo ajeno, celebrar los logros de los compañeros y acompañarlos durante sus procesos. De esta manera, los jóvenes descubren que competir y apoyarse no son ideas opuestas: es posible aspirar a dar lo mejor de uno mismo y, al mismo tiempo, alegrarse por el crecimiento de quienes comparten la misma pasión.

Desde la psicología, sabemos que durante la adolescencia las relaciones positivas y el apoyo de los pares tienen un papel importante en el bienestar y en el desarrollo de la identidad. El deporte puede convertirse en un escenario donde los jóvenes fortalecen su confianza, practican la empatía y desarrollan valores como la paciencia, el respeto y la resiliencia.

Así, la equitación no solo permite adquirir destrezas y alcanzar metas, sino también aprender a relacionarse desde la colaboración, construir comunidad y formar vínculos que enriquecen la experiencia deportiva.

Al final, cada experiencia compartida deja algo que va más allá de la pista: recuerdos, aprendizajes y vínculos que acompañan el crecimiento de cada joven. Y quizás ahí está una de las partes más bonitas de encontrar una pasión: descubrir que, en el camino, también podemos encontrar amistades con quienes crecer, celebrar y construir memorias que permanezcan.

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La autora es estudiante doctoral en psicología clínica.

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