

10 de mayo de 2026 - 8:50 PM

Nueva York- No hubo un envío rápido de investigadores de enfermedades. Ni una conferencia de prensa televisada para informar a la población. Tampoco alertas sanitarias oportunas para los médicos.
En medio de un brote de hantavirus que involucra a estadounidenses y acapara titulares en todo el mundo, la principal agencia de salud pública del gobierno de Estados Unidos, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), ha estado inusualmente ausente, según varios expertos.
Para el presidente Donald Trump, “parece que tenemos las cosas bajo muy buen control”, como les dijo a los reporteros el viernes por la noche.
Pero para los expertos, la situación a bordo del crucero no se ha descontrolado porque, a diferencia del COVID-19 o el sarampión o la gripe, el hantavirus no se propaga con facilidad. Han sido los expertos sanitarios de otros países, no de Estados Unidos, quienes se han ocupado principalmente del brote durante la última semana.
“Los CDC ni siquiera están involucrados”, afirmó Lawrence Gostin, experto internacional en salud pública de la Universidad de Georgetown. “Nunca había visto eso”.
Las acciones de los CDC no se aceleraron sino hasta las últimas horas del viernes.
Autoridades de salud confirmaron el despliegue de un equipo a las Islas Canarias de España, adonde se prevé que el barco llegue a primera hora del domingo, hora local, para reunirse con los estadounidenses a bordo. Indicaron que un segundo equipo irá a la Base de la Fuerza Aérea Offutt, en Nebraska, como parte de un plan para evacuar a los pasajeros estadounidenses del barco a un centro de cuarentena de la Universidad de Nebraska para su evaluación y vigilancia. Además, los CDC emitieron su primera alerta sanitaria para médicos de Estados Unidos, advirtiéndoles sobre la posibilidad de casos importados.
En su primera sesión informativa, realizada el sábado por teléfono y sólo para reporteros invitados, los funcionarios prometieron ser transparentes al actualizar a la población, pero señalaron que los medios no podían citar a los oradores por su nombre, conforme a reglas establecidas por asesores del secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr. No respondieron directamente a una pregunta sobre si los pasajeros estadounidenses podrían salir del centro médico universitario cuando quisieran.
La función disminuida de los CDC en este brote es un indicador de que la agencia ya no es la fuerza en salud internacional ni el protector de la salud nacional que alguna vez fue, dijeron algunos expertos.
El brote de hantavirus es “un evento centinela” que indica “qué tan bien preparado está el país ante una amenaza de enfermedad. Y ahora mismo, lamento mucho decir que no estamos preparados”, dijo la doctora Jeanne Marrazzo, directora ejecutiva de la Sociedad de Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos.
A principios del mes pasado, un hombre neerlandés de 70 años desarrolló una enfermedad febril en un crucero que viajaba de Argentina a la Antártida y a algunas islas del Atlántico Sur. Murió menos de una semana después. Más personas enfermaron, incluida la esposa del hombre y una mujer alemana, quienes también fallecieron.
El hantavirus se identificó por primera vez como causa de la enfermedad en uno de los casos el 2 de mayo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) entró en acción y para el lunes ya lo calificaba como un brote. En el barco había alrededor de dos docenas de estadounidenses, entre ellos, unos siete que desembarcaron el mes pasado y 17 que permanecieron a bordo.

Durante décadas, los CDC se asociaron con la OMS en situaciones similares. Los centros actuaban como un pilar de cualquier investigación internacional, aportando personal y experiencia para ayudar a desentrañar el misterio de un brote, desarrollar formas de controlarlo y comunicar a la población lo que debía saber y cuánto debía preocuparse.
Medidas como esas fueron una de las principales razones por las que los CDC desarrollaron su reputación como la principal agencia de salud pública del mundo.
Pero esta vez, la OMS se apoderó del escenario central. Realizó la evaluación de riesgo en la que se indicó a la gente que el brote no representa una amenaza de pandemia.
“No creo que esto sea una amenaza enorme para Estados Unidos”, manifestó Jennifer Nuzzo, directora del Centro de Pandemias de la Universidad Brown. Pero la forma en que se ha desarrollado esta situación “sólo muestra lo vacío e insustancial que están los CDC en este momento”, añadió.
La situación actual se produce después de 16 tumultuosos meses durante los cuales el gobierno de Trump se retiró de la OMS, en ocasiones ha restringido la posibilidad de que científicos de los CDC hablen con homólogos internacionales y emprendió un plan para construir su propia red internacional de salud pública mediante acuerdos uno a uno con países individuales.
El gobierno estadounidense ha despedido a miles de científicos y profesionales de salud pública de los CDC, incluidos miembros del programa de saneamiento de barcos de la agencia.
Al tiempo que esto ocurría, Kennedy dijo que estaba trabajando para “restaurar el enfoque de los CDC en las enfermedades infecciosas, invertir en innovación y reconstruir la confianza mediante la integridad y la transparencia”.
Los CDC no han guardado completo silencio sobre el hantavirus.
La agencia emitió el miércoles un breve comunicado en que señaló que el riesgo para la población estadounidense es “extremadamente bajo” y describió al gobierno de Estados Unidos como “el líder mundial en seguridad sanitaria global”.
“Eso no sólo fue inútil, sino que en realidad provoca un daño, porque un principio central de las comunicaciones en salud pública es la humildad”, comentó Nuzzo.
El director interino de los CDC, el médico Jay Bhattacharya, publicó un mensaje en redes sociales en que indicó que la agencia aportaba su experiencia para coordinarse con otras agencias federales y autoridades internacionales. Autoridades de Arizona indicaron esta semana que se enteraron por los CDC de que uno de los estadounidenses que dejó el barco -una persona asintomática y que no se considera contagiosa- ya había regresado al estado. Funcionarios de la OMS dijeron que la agencia ha compartido información técnica.
Los centros también “monitoran el estado de salud y preparan apoyo médico para todos los pasajeros estadounidenses en el crucero”, escribió Bhattacharya.
Pero la mayoría de las autoridades federales de salud se ha mostrado hermética y ha rechazado solicitudes de entrevista. La primera aparición en cámara de un funcionario de los CDC se produjo el sábado por la mañana, cuando Bhattacharya apareció en un programa de Fox News y dijo: “Mi mensaje al pueblo estadounidense es que por favor no se preocupe”. Pero se equivocó en algunos detalles y exageró lo que se sabía sobre el brote.
Dijo incorrectamente que dos pasajeros de unos 80 años habían muerto tras contraer el virus cuando observaban aves en Argentina. Los viajeros eran un hombre neerlandés de 70 años y su esposa de 69 años, y aunque las autoridades sanitarias argentinas creen que es posible que se infectaran durante una salida de observación de aves, no se ha establecido con certeza.
En entrevistas realizadas esta semana, algunos expertos hicieron una comparación con un incidente ocurrido en 2020 que tuvo que ver con el Diamond Princess, un crucero anclado en Japón que se convirtió en el escenario de uno de los primeros grandes brotes de COVID-19 fuera de China.
Los CDC enviaron personal al puerto, ayudaron a evacuar a pasajeros estadounidenses, gestionaron cuarentenas, compartieron datos genéticos sobre el virus, coordinaron con la OMS y Japón, realizaron sesiones informativas públicas y publicaron rápidamente informes “que se convirtieron en los datos de referencia mundial sobre la transmisión del COVID en cruceros”, señaló el doctor Tom Frieden, exdirector de los CDC.
Algunos aspectos de la respuesta internacional al Diamond Princess fueron criticados, y no detuvo el brote ni frenó la propagación del COVID-19 por el mundo. Pero algunos expertos resaltan que no fue por falta de esfuerzo de los CDC.
“Los CDC estaban encima del tema, muy visibles, muy activos en tratar de gestionarlo y contenerlo”, indicó Gostin, pero en el caso actual el trabajo de la agencia está retrasado y atenuado.
En lugar de trabajar con casi todas las naciones del mundo a través de la OMS, el gobierno de Trump ha impulsado acuerdos sanitarios bilaterales con países específicos para el intercambio de información, el apoyo de salud pública y lo que describe como “la introducción de tecnologías estadounidenses innovadoras”. Actualmente hay alrededor de 30 acuerdos en vigor.
Eso no es suficiente, sostuvo Gostin.
“No se puede cubrir una crisis sanitaria global haciendo acuerdos uno a uno con países aquí y allá”, afirmó.
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