La cobertura de Begnaud post-María le valió el prestigioso premio George Polk por su periodismo de servicio público. (horizontal-x3)
La cobertura de Begnaud post-María le valió el prestigioso premio George Polk por su periodismo de servicio público. (Suministrada)

Nueva York - Los que vivieron el huracán María fuera de Puerto Rico, sin saber de los suyos, sin poder tenerlos al teléfono, en busca de información sobre su pueblo, encontraron en la cobertura del corresponsal de CBS News, David Begnaud, una ventana al país.

Begnaud y su equipo atendieron el tema de Puerto Rico antes que otros medios estadounidenses y mundiales le prestaran atención empujados por la escala de la emergencia y la devastación. Su reportería de un lado a otro de la isla fue de más de 30 días, no sucesivos, y visibilizó la emergencia, las carencias y la desesperación ante respuestas lentas.

Desde entonces, Begnaud no ha dejado de regresar de una forma u otra, en televisión y en sus redes sociales, a la historia de Puerto Rico y las secuelas del huracán que todo lo cambió. Cada día, no importa dónde o qué tema esté cubriendo, Begnaud postea un breve informe que recuerda cuánto tiempo ha pasado desde que María tocó tierra en Puerto Rico y la cantidad de personas que todavía no tienen electricidad.

La cobertura le valió el prestigioso premio George Polk por su periodismo de servicio público y la Parada Puertorriqueña de Nueva York reconoció su labor por “darle una voz” a los puertorriqueños durante y tras María. Pero antes de esos reconocimientos que su trabajo se llevó entre los puertorriqueños, Begnaud recuerda que arribó a la isla a cubrir María sin conocer a Puerto Rico, el gobierno o su gente. Recién llegado, en algún momento se desesperó por no lograr hablar de inmediato con un oficial.

Días después, su rostro y su nombre se asociaban con entrevistas que iluminaban con la misma urgencia que insistían en acciones. Basta mirar las redes sociales para descubrir las decenas de mensajes de agradecimiento por el tono de su periodismo.

En conversación con El Nuevo Día, enfatiza lo agradecido que está de haber podido cubrir a Puerto Rico, de los reconocimientos que ha recibido y cómo esta cobertura lo transformó personal y profesionalmente.

No hay nada especial sobre mí. Solo estuve en ese momento, tuve la oportunidad de cubrir, tenía el deseo de trabajar contra el reloj para hacerlo y había una audiencia desesperada por información”, dice Begnaud, quien asegura que Puerto Rico le mostró el valor que tiene el periodismo para lograr cambios, ayudar a los más vulnerables y, con el rigor de las preguntas, pedir cuentas en nombre de quienes más lo necesitan.

“Ha sido mi honor, posiblemente el trabajo más gratificante de mi carrera”, agrega.

Han transcurrido 10 meses después de que el huracán tocara tierra en Puerto Rico, y has mencionado que esta cobertura cambió tu vida. ¿Cómo así?

—Siendo un reportero en Estados Unidos continentales como un espectador, antes de entrar al negocio, tomé por sentado el periodismo. Siempre ha estado ahí, creemos que siempre estará, no le damos mucho pensamiento. Puerto Rico me dio una perspectiva que no había tenido antes. Allí la gente me paraba, y me ponían las manos en mis hombros, y entre lágrimas me decían cómo nuestro periodismo fue un servicio público. Y yo nunca había experimentado eso y francamente nunca me hubiese imaginado... Esta cobertura me ha hecho madurar de una forma que no creo que otra historia lo ha hecho. Me hizo poner los pies sobre la tierra y me dio un sentido de responsabilidad que solo pueden dar experiencias de la vida.

¿Qué crees que tu trabajo, y el del equipo que te acompañó, dice de la importancia que tiene el periodismo para producir cambios en favor de la comunidad?

—He sido muy cuidadoso de no interponer mi opinión. Lo que las personas me han dicho es que nunca han sentido el tipo de periodismo que fue capaz de traer cambio como hizo durante María en Puerto Rico. Siento que con María todo se salió por la ventana –las reglas, las normas, las leyes– y era un asunto de cómo podemos enviar un mensaje y que las personas responsables rindan cuentas.

Tras María no había electricidad ni agua, las comunicaciones estaban abajo, la comida y la gasolina escaseaban. ¿Cuán desafiante fue para ti, personal y profesionalmente, cubrir las secuelas inmediatas del huracán?

—Fue muy retante. Teníamos parte del equipo que trabajaba toda la noche para tratar de encontrar gasolina porque no habría forma de salir para mostrar lo que pasó porque nos quedaba medio tanque. Habíamos alquilado un par de carros con contenedores de gasolina, pero se nos estaba acabando. Entre tratar de conseguir gasolina, comida... no había ningún motivo para quejarnos porque la gente lo tenía peor que nosotros. Pero era un asunto serio. Si el Marriott no hubiese tenido Wifi para poder transmitir en televisión y redes sociales, nosotros hubiésemos “muerto en el agua”.

Si bien mencionas sobre ser cauteloso con expresar opiniones como periodista, recientemente posteaste sobre FEMA y los puertorriqueños desplazados en Estados Unidos. Trump fue a Puerto Rico y lanzó papel toalla, y la cifra de muertos como secuela de María es un tema que no se escapa. ¿Cómo evalúas la respuesta que Estados Unidos ha dado a la tragedia?

—Responderé de este modo: la conducta del presidente y del Congreso habla por sí misma. Hay suficientes personas que tienen opiniones fuertes sobre el presidente, la mía no tiene que ser añadida. Nuestro trabajo era mostrarle a la audiencia lo que ocurrió y proveer el contexto. He aprendido que en cuanto doy mi opinión, enajeno a una parte de la audiencia. Eso no es lo que quiero.

Fuiste testigo de pérdida, desesperanza. ¿Recuerdas algún momento que te haya impactado de tal forma que tuvieras que barajar el rolde periodista con el de tu persona?

—Nunca olvidaré que camino al oeste nos dijeron que la represa Guajataca tenía una ruptura parcial y, cuando estábamos de vuelta, había una mujer con esta especie de mirada en blanco y se veía exhausta. Queriendo saber su historia, inicié la conversación y me dijo que el viento se llevó el techo de su casa. Estaba desesperada por dejarle saber a su familia que estaba bien. Fuimos a su casa... y tengo un teléfono satelital y quiero dárselo para que hiciera su llamada. Te estaría mintiendo si te digo que no titubeé porque, como periodista, nunca te quieres involucrar mucho; hay una línea y nuestro trabajo no es ser primeros respondedores. Pero ser una buena persona es parte de nuestro rol. Le entregué el teléfono y le pregunté si quería hacer una llamada, y su mirada se iluminó. Llamamos a Chicago y cuando escuchó a su hija... parecería que le dio ánimo para continuar. Se me pone la piel de gallina. Si hubiese podido, hubiese conseguido 100 teléfonos y hubiese contratado gente para que los llevaran por toda la isla, pero por mi trabajo no podía. Pero me siento tan agradecido de haber ayudado a esa señora y espero que esté bien.

Como parte de tu cobertura, ¿nos puedes contar de personas que conociste o amistades que hiciste?

—La gente se ha volcado en tanto cariño en la isla, en Nueva York y en Florida, que mi corazón está sobrecogido porque como periodistas no estamos acostumbrados a estar colmados de amor, sino de críticas. Cuando me encuentro con jóvenes, les digo que mi deseo para ellos es que hagan una historia cuyo periodismo brinde el servicio público que se logró en Puerto Rico. ¿Si logré amigos? No he podido regresar aún. Daré el discurso de graduación de la Universidad Politécnica el 26 de julio, y espero quedarme unos días, relajarme y no hacer nada. Pero durante la cobertura no hubo un minuto que tuviera la oportunidad de detenerme a relajarme a tomarme un café con nadie porque no paramos.

Te ganaste el premio George Polk por servicio público, fuiste reconocido en la Parada Puertorriqueña de Nueva York y muchos le dan crédito a tu cobertura como pieza clave para avanzar acciones en Puerto Rico. ¿Qué reacciones ha generado tu trabajo en Estados Unidos?

—Mejor que yo, creo que otros pueden hablar de lo que logró el trabajo. Estoy renuente de usar grandes palabras sobre eso. Tenemos que mantener humildad en lo que hacemos. No somos los héroes aquí; los primeros respondedores fueron los héroes. Pero para responder a tu pregunta, logramos que se lograran cambios. Un oficial me dijo que fui una espina al lado de cada oficial, “estás empujando para la gente actúe rápido”. En Puerto Rico, pude hacer llamadas directas y conseguir al gobernador, a un alcalde, porque todo lo usual se fue por la ventana. Se trataba para salvar vidas y responder efectivamente. Todo lo que podía hacer era decir qué ocurrió y qué se estaba haciendo para responder a ello. Estoy orgulloso de lo que hicimos. Hay gente que me ha dicho que nuestro periodismo fue un “lifeline” (una asistencia en un momento crítico). Nunca había experimentado eso.

No sé si alguna vez viste el grupo de Facebook, Puerto Rico María Updates, al que muchos recurrieron a procurar información de los suyos. En esa página –y otras–, algunos postearon una foto tuya sobre un velón, como un santo al que se le reza.

—Uno de mis colegas me lo mostró, y me preguntó si lo podía creer, y siendo honesto, al inicio todos nos reímos. Pero comprendí que era grosero de mi parte reírme. Eso no se fue a mi cabeza, sino que me hizo reflexionar porque entendí que ellos no nos estaban proclamando como héroes, sino que estaban celebrando el trabajo que pudimos hacer. La cobertura significó tanto para esas personas que (ese gesto) vino de un lugar sincero en sus corazones.

La gente te respeta mucho en la isla por tu trabajo, pero cuéntanos un poco de tu historia y de cómo te convertiste en el periodista que eres hoy día.

—Nací en el País de los Cajunes, como le llamamos, en el sur de Luisiana, y estudié toda mi vida en un colegio católico. Soy el mayor de tres; tengo un hermano y una hermana y unos padres maravillosos que siempre me apoyaron en todo lo que quería hacer. Quería ser periodista desde que tenía probablemente 12 años. Mi mamá se acuerda que cuando tenía 6 años uno de mis pasatiempos favoritos era ver las noticias de las 6:00 p.m. Creciendo montaba a caballos y justo antes de hablar contigo montaba uno; el ecuestrismo siempre ha sido mi pasión. En “high school” entré al programa de oratoria y debate; ahí encontré mi voz, pulí mi talento y me di cuenta de que era bueno para hablar en público. Mientras estaba en “high school” hice un internado en la afiliada de CBS en Lafayette, KLFY-TV, y me contrataron como reportero y ancla antes de empezar la universidad. Era el ancla de las noticias del fin de semana mientras estaba en la universidad. Soy de corazón un chico del sur y siempre solía decir que los cajunes son de las personas más agradables que conocerás, pero debo decirte que los puertorriqueños “give cajuns a run for their money” (una expresión que alude a alguien que es tan bueno como alguien que ya es extremadamente bueno en algo).

Recientemente posteaste una foto con tu compañero Jeremy y como parte del apoyo que recibiste, una seguidora sugirió que te casaras en la isla. (Begnaud se ríe) ¿Cuál fue el significado de ese momento, y de compartir la imagen en el día del Orgullo Gay considerando los diversos retos que la comunidad ha enfrentado durante décadas?

—No se me escapa que algunas de las víctimas del tiroteo en la discoteca Pulse eran puertorriqueños. Lo cubrí y estuve más de dos semanas en Orlando, y recuerdo escuchar historias de hombres puertorriqueños sobre cómo las víctimas enfrentaron momentos duros en sus casas y en serabiertos sobre su identidad. He pensado mucho en eso. He estado fuera del clóset, ante familia y amigos, durante 10 años. En los últimos años, había dudado de postear una foto junto a Jeremy porque sabía que traería preguntas y evitando aislar a varias audiencias, no lo hice. Me siento mal diciéndolo porque parecería que no me siento orgulloso de quién soy. Me siento muy orgulloso de quién soy, pero hay personas que no comparten mis experiencias de vida y puede que no sean tan abiertos como yo quisiera. Por ende, evitaba postear muchas fotos. Aquel domingo era la Parada Gay en Nueva York, y estaba en un avión a punto de descender a McAllen, Texas, para trabajar en la frontera. Y me dije a mí mismo: “Si posteas esta foto, tienes que proveer contexto porque habrá muchas personas preguntando y una vez pulses ‘send’, no hay vuelta atrás”. Pero también sabía que no habría más qué decir, y solo te puedo decir que la respuesta ha sido una lección de humildad de personas consideradas, compasivas y tolerantes y hasta aquellas que no lo son. Compartí un tuit de una mujer de Puerto Rico que me escribió, y básicamente dijo que tenía un “issue” con eso y que no era muy tolerante, pero que me conocía antes de salir del clóset y que eso cambió su opinión. Eso fue increíble. No pretendo cambiar la opinión de nadie, pero lo que estoy tratando de decir es que este soy yo, no hay nada malo en ser gay, no me pasa nada malo, así que viviré mi vida de la manera más honesta.

Aunque trabajes en otras coberturas, tú no has dejado de reportar sobre Puerto Rico. A la luz de tu cobertura, ¿cuán clave es no divorciarse de una historia como la de Puerto Rico?

—Pienso en eso regularmente. Me mantengo en mi carril: el huracán y sus consecuencias. Hay muchos otros asuntos en la isla que no pretendo entender ni todo el contexto ni su historia. Tengo un trabajo que me requiere ir a la frontera y otras historias importantes que debo cubrir. Pero para mí, Puerto Rico siempre será una pasión. Pero estoy consciente que no estoy allí todos los días y no me puedo involucrar en cada cosa que suceda porque no puedo reportar a medias; quiero estar completamente metido o fuera. Quiero ser capaz de entregar lo que digo que voy a hacer, y lo que sí podemos entregar es sobre las secuelas de María y el desarrollo continuo de ese proceso. Pero nunca me olvidaré de Puerto Rico, nunca voy a parar de reportar sobre la isla, y Puerto Rico tendrá un lugar muy especial en mi corazón por el resto de mi vida.


💬Ver 0 comentarios