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Así se ve la playa de Fajardo

Fajardo - En el balneario Seven Seas, en este municipio, los estragos del huracán María aún saltan a la vista. Torres de salvavidas sin techo, ramas partidas y letreros sobre la arena atestiguan la fuerza de los vientos del ciclón, que tocó suelo boricua el pasado 20 de septiembre.

En Luquillo, en el balneario La Monserrate, el escenario es muy similar, aunque también hay gazebos parcialmente destruidos y postes de luz derribados.

Y en el balneario y centro vacacional Punta Santiago, en Humacao, llaman la atención las estibas de madera, planchas de zinc, puertas y ventanas, como señal de que las villas en las que miles de familias solían pernoctar no resistieron el embate.

Las tres instalaciones son propiedad del Programa de Parques Nacionales, adscrito al Departamento de Recreación y Deportes, y permanecen cerradas hace casi cinco meses. En total, Parques Nacionales maneja 11 balnearios y centros vacacionales en los cuatro puntos cardinales de la isla, y ninguno está abierto aún.

De hecho, a poco más de un mes de la Semana Santa, cuando locales y extranjeros atestan estas instalaciones, Parques Nacionales no tiene una fecha de reapertura, lo que pone en riesgo de pérdida una “importante y necesaria” inyección económica para la dependencia.

“Estamos camino a la recuperación. Es un proceso largo y complicado, porque nuestras áreas se vieron muy afectadas”, dijo a El Nuevo Día la secretaria de Recreación y Deportes, Adriana Sánchez Parés.

“Si por mí fuese, abriría las instalaciones mañana. Además del ingreso que representan para nosotros, son el espacio recreativo y cultural de la ciudadanía. Pero tengo que considerar unos aspectos de seguridad; no puedo exponer a la gente que va a disfrutar a los parques y, en ese sentido, no puedo decir una fecha exacta (de reapertura)”, agregó.

Faltan cifras

Tras señalar que dirige una agencia “con problemas de flujo de caja”, Sánchez Parés reconoció que, al cierre del año fiscal en junio de 2018, no se cumplirá la meta de $9 millones en ingresos por el uso de las instalaciones de Parques Nacionales.

Alegó no tener un estimado de cuánto dinero finalmente se recibirá. Tampoco dio una cifra de los daños causados por el huracán María en los balnearios y centros vacacionales. Dijo que el estimado de daños en todas las instalaciones de Recreación y Deportes asciende a $97 millones.

“Hemos recibido un cantazo bien fuerte”, aseveró Sánchez Parés, quien reiteró que “mi intención es lograr abrir algunos balnearios, aunque sea parcialmente, lo antes posible”.

Irba Batista, delegada general y representante de servicios de la Federación Central de Trabajadores –gremio que representa a los empleados de Parques Nacionales–, expuso que, desde el 20 de septiembre, el Programa ha perdido más de $1 millón.

“Nuestras reservaciones se venden con un año de antelación. Todo ese dinero que no se ha usado, porque los centros vacacionales están cerrados, hay que devolverlo o darles un crédito a las personas”, explicó.

Según Batista, “los clientes están ávidos por disfrutar los balnearios y centros vacacionales, pero no vemos movimiento o interés (por restaurarlos), ni siquiera de FEMA (Agencia Federal para el Manejo de Emergencias)”.

Añadió que esta presunta dejadez responde a que “el gobierno quiere privatizar o municipalizar” las instalaciones de Parques Nacionales.

Un estudio realizado en 2014 por el Consejo Mundial de Viajes y Turismo encontró que, ese año, la aportación de las playas a la economía boricua –considerando sus efectos indirectos e inducidos– ascendió a $7,420 millones o un 7.3% del Producto Interno Bruto.

Los problemas

En las tres instalaciones visitadas por El Nuevo Día, la acumulación de material vegetativo era el principal problema.

Sánchez Parés confirmó que, tanto en los balnearios y centros vacacionales, como en las otras instalaciones de Parques Nacionales, “nuestra composición es altamente vegetativa, lo que representa un reto de manejo”.

En Seven Seas, por ejemplo, hay troncos y ramas de árboles amontonados cerca de los gazebos, mientras que en La Monserrate están en las áreas verdes y el estacionamiento del balneario.

Otro problema identificado es que los cocos no han sido removidos de las copas de las palmas. Si alguno cayera inesperadamente, pudiera lastimar a quienes estén cerca o debajo.

Sánchez Parés indicó que “ya está encaminada” la contratación de compañías privadas y la firma de acuerdos con municipios y entidades sin fines de lucro para asistir en la restauración. También se está coordinando con el Departamento de Corrección y Rehabilitación para que los reos participen en los trabajos en los balnearios y centros vacacionales.

“Hemos estado trabajando las inspecciones para poder hacer las debidas reclamaciones a FEMA y agilizar los procesos. La apertura de las instalaciones dependerá de cuán rápido corra eso. Pero no se trata de abrir los parques y ya, sino de hacerlo con la visión de mejorar los servicios”, dijo.

Esa “visión”, explicó, es de restaurar considerando aspectos como resiliencia, “antifragilidad” e innovación, además de incorporar al tercer sector. “La visión no puede limitarse a que restablezcamos lo que había. La intención es brindarle al pueblo la mejor experiencia posible en estas instalaciones, que históricamente han sido subutilizadas”, subrayó.

"Poco a poco"

Aunque los balnearios y centros vacacionales están oficialmente cerrados, empleados, operadores de concesionarios y ciudadanos los siguen frecuentando.

Edwin González es salvavidas en Seven Seas hace 16 años, y ha colaborado en la restauración del balneario limpiando, incluso, los baños.

“Aquí no se podía ni caminar y poco a poco ha ido cambiando la cosa, pero faltan equipos nuevos. Se afectaron las torres de salvavidas, el intercom (sistema de altavoz) y el kiosco del Programa Bandera Azul. Yo estoy listo para trabajar como siempre, pero hay que reparar todo lo que se dañó”, dijo González.

Contó que los ciudadanos entran caminando al balneario, y los orienta “para que sepan que no hay instalaciones en servicio, ni fecha de reapertura”.

Por su parte, Edison Tapia, quien trabaja en un concesionario de sombrillas y sillas de playa en La Monserrate, relató que empezó a laborar hace menos de una semana y que la mayoría de los visitantes en estos días son turistas.

“La recuperación va poco a poco. Nadie nos ha dicho cuándo reabrirá el balneario. El movimiento ha estado lento. El resto de los concesionarios (comida, souvenirs, etc.) están cerrados”, lamentó.

Cerca suyo estaban Ávida Pérez y Concepción Encarnación, residentes de Luquillo y Río Grande, respectivamente, quienes se describieron como “asiduos” al balneario. Ambos se expresaron confiados en que, “como tarde”, La Monserrate reabra en verano.


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