22 de junio de 2026 - 7:04 PM
Tras años de enfrentar prejuicios y cargar con la mirada de quienes los percibían distintos, nueve estudiantes del Programa de Estudios Universitarios para Personas Confinadas de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras (UPR-RP) fueron reconocidos, esta vez, por su progreso académico.
Los nueve graduandos fueron galardonados este lunes en la ceremonia de distinciones académicas, al completar el grado de maestría en Gestión y Administración Cultural (MAGAC), en un acto en el que estuvieron acompañados por un público que les aplaudió y compartió gestos de orgullo. La graduación del recinto es este jueves.
Para Omayra Torres Sánchez, quien inició en el programa en 2014, la educación no solo abrió una ruta académica, sino también una forma de nombrar y traducir las experiencias que viven las mujeres privadas de libertad.
Desde una visión feminista, interdisciplinaria y restaurativa, desarrolló su tesis Voces que resisten: herramientas jurídicas y sociales para mujeres en contextos de encierro, en la que propuso una guía jurídica escrita en lenguaje accesible para mujeres confinadas en Puerto Rico.
Explicó que el lenguaje jurídico, en ocasiones, es muy complejo, y por esa razón, decidió escribir el documento en primera persona para establecer una cercanía con el lector.
“El lenguaje jurídico tan técnico pertenece a una élite de la sociedad. (Hice la guía) para que todas puedan entender los procesos a los que son sometidas y para que puedan obtener mejores condiciones de vida”, expuso Torres Sánchez.
Aunque había tenido un acercamiento previo a la vida universitaria, explicó que, estando en la libre comunidad, no supo valorar la educación como lo hace ahora. Desde el encierro, aseguró que su proceso no ha sido simplemente de “corrección y rehabilitación”, como se llama el departamento a a cargo del sistema penitenciario, sino de transformación.
“La educación me empoderó, me brindó las herramientas, me ayudó a apalabrar lo que se vive, lo que se pasa; me ayudó a soñar y a tener nuevas metas”, expresó Torres Sánchez.
De forma similar, sus compañeras Yarelys Rossy Pérez y Sheila Figueroa Suárez, ambas integrantes del programa desde 2016, puntualizaron que sus vidas han dado un giro de 180 grados al cursar estudios universitarios y se reconocen como mujeres que han enfrentado la adversidad.
Para Rossy Pérez, el Programa de Estudios Universitarios “ha sido un cambio en todos los aspectos”, pues aseguró que la educación le permitió crecer personal y profesionalmente, tanto a ella como a su familia.
Su proyecto, titulado Preservar la memoria de una década de transformación educativa, tuvo como norte la creación de un repositorio que, más allá de archivar información del programa de confinados, busca reafirmar el rol de la UPR en la construcción social inclusiva.
Por su parte, Figueroa Suárez utilizó su tesis para compartir el conocimiento adquirido mediante la creación de un proyecto dirigido a la formación de docentes interesados en la alfabetización en espacios penitenciarios.
“Si bien es cierto que en las cárceles se ofrece educación, tuve la experiencia de ver cómo era ese proceso y cómo a los adultos se les infantiliza mucho. También tuve la oportunidad de alfabetizar a una compañera, quien obtuvo su grado de cuarto año. De ahí, nace la pasión por desarrollar este curso”, expresó.
En Puerto Rico, los hombres representan la mayoría de la población penal. Sin embargo, para Javier Rodríguez Rodríguez y Héctor Andújar Aquino, creadores del pódcast “Brincando la Verja”, un proyecto que aborda temas que van desde el deporte hasta el medio ambiente, el propósito es trascender esa realidad.
“Yo no tenía en mente estudiar”, confesó Rodríguez Rodríguez, quien admitió que, antes de integrarse al programa, se encontraba en un estado de “aborrecimiento” respecto a su vida. Al recibir la oportunidad de estudiar, aseguró que comenzó a sentirse como “otra persona”.
“Poco a poco, he ido cambiando mi visión de mundo; poco a poco, he ido abriendo los ojos. He cambiado mi mentalidad totalmente”, expresó.
Igualmente, para Andújar Aquino, el proceso educativo lo ha convertido en un ejemplo para su hijo. “Tengo una familia que siempre me quiso ver en estos espacios educativos. Entonces, integrarme a todo esto y ver sus rostros, ver cómo se llenan de emoción al verme a mí en este momento, para mí, también es bien importante”, compartió.
La exhortación de ambos fue clara: es la educación la que abre caminos hacia la rehabilitación. “Necesitamos más hombres que estudien”, dijo Andújar Aquino, con lo que coincidió Rodríguez Rodríguez.
“Habemos muchos hombres, en esta sociedad, que dicen ser los más atrevidos. Pues yo lo que les puedo decir es que se atrevan a estudiar entonces. Si se atreven a hacer tonterías en el bajo mundo, ¿por qué no se atreven a darse la oportunidad de estudiar y adquirir conocimiento, que es fundamental?”, expresó Rodríguez Rodríguez.
A 10 años de su creación, el Programa de Estudios Universitarios para Personas Confinadas suma esta graduación como evidencia de que la rehabilitación requiere más que encierro. El programa busca continuar su misión de ofrecer servicios a otros miembros de la comunidad penitenciaria.
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