29 de abril de 2026 - 12:00 PM

Desde el mismo lugar en que su familia se plantó, en 2021, para exigir que se hicieran públicas las grabaciones de las dos juezas que dejaron desprotegida a Andrea Ruiz Costas, su hermana, Alexandra, describió lo que, para ella, significa “ni una más”, una consigna que aún resuena en el país frente a la violencia machista.
“Que más ninguna mujer pase por lo mismo que pasó Andrea, que las escuchen y que las protejan a solo un indicio de que hay algún peligro”, dijo, sentada a la entrada del Parque Luis Muñoz Rivera, justo al lado del Tribunal Supremo, en Puerta de Tierra.
Hoy, 29 de abril, se cumplen cinco años del feminicidio de su hermana menor, quien fue encontrada parcialmente calcinada en Cayey. La mujer, de 35 años, había acudido, en dos ocasiones, al Tribunal de Caguas para presentar una querella por Ley 54 y solicitar una orden de protección contra su expareja Miguel Ocasio Santiago, quien se suicidó antes de que iniciara la vista preliminar por el crimen.
En ese momento, la jueza Ingrid Alvarado Rodríguez determinó no causa para arresto y la jueza Sonya Nieves Cordero no concedió una orden de protección exparte. Ambas togadas fueron evaluadas por la Oficina de Administración de los Tribunales por una querella de la madre de la víctima, pero las denuncias fueron archivadas. Los audios íntegros de las vistas nunca pudieron ser escuchados por su familia, pese al reclamo ciudadano y periodístico de transparencia.
“Nuestra familia siempre se va a quedar con eso. Aunque agradecemos que hubo mucho apoyo y soporte del pueblo puertorriqueño, fue una injusticia grandísima después que habían sucedido todas estas cosas, donde el sistema falló en proteger a Andrea y, ahora, sabemos que a muchas otras mujeres víctimas de violencia de género (también)”, recalcó.
La familia Ruiz Costas se manifestó, el 14 de junio de 2021, exigiendo la entrega de las grabaciones de las vistas, en las que Andrea relató las múltiples instancias en las que su expareja la acosaba y amenazaba. El máximo foro denegó el reclamo.
Andrea, recordó su hermana, estuvo sola y tuvo que explicar un sinnúmero de veces por lo que estaba pasando. Alexandra lamentó que, en estos casos, a la víctima se le cuestiona desde el principio y al agresor se le da el beneficio de la duda: “¿Por qué tú no lo dejaste antes? ¿Por qué tú no viniste antes? ¿Por qué tú le permitiste que él tuviera acceso a tu celular? ¿Por qué no cambiaste de trabajo?”.
De los mensajes de voz de Andrea, destacó la descripción que hacía sobre “la actitud de la jueza”. “Se sentía que era la persona que estaba siendo juzgada y que tenía que probar, más allá de toda duda razonable, que estaba en peligro”, puntualizó.
Alexandra todavía escucha las declaraciones que hizo su hermana a su mejor amiga después de que salía –frustrada– del centro judicial. “Su voz, su estado de ánimo… Había perdido toda su energía”, deploró.
Alvarado Rodríguez y Nieves Cordero, quienes atendieron a Andrea, salieron de la Judicatura en 2021 y 2025, respectivamente.
A cinco años de la pérdida de su hermana, la vida de Alexandra se ha ido transformando poco a poco. Al principio, sentía coraje, sed de justicia y “un dolor bien presente”.
“Me dolía mucho saber que su muerte fue de una manera tan violenta. No solo violenta en la manera en cómo perdió la vida, sino todas esas semanas anteriores donde Andrea estuvo yendo a distintos foros para explicar cuál era la situación por la que estaba pasando y pidiendo ayuda”, dijo.
Su camino de sanación ha estado compuesto por terapias, apoyo familiar y conversaciones con otras familias que han perdido mujeres por la violencia machista. “Era bien doloroso ver una noticia una y otra vez. Ha habido períodos donde cada semana se perdía una mujer”, dijo sobre la herida que se reabre cada vez que se reporta un feminicidio en el país.
Desde 2021, ha adquirido herramientas para poder ser “un ente de apoyo” para otras víctimas y luchar contra la violencia de género. El año pasado, la organización Healing Bells, en Michigan, la contactó y compartió su historia de sanación a través del arte.
“Sentí que podía hablar y no iba a lastimar a nadie. Me hizo entender que esto no era solamente la historia de Andrea, era la historia mía. Así entendí que, cuando una mujer pierde la vida, como víctima a manos de un agresor, no solamente se pierde la vida de ella, sino también la vida de los que quedan aquí, en esta tierra, y no reciben el apoyo que necesitan”, afirmó Alexandra.
“Sentí que podía vivir una vida plena y disfrutarla, y que no le estaba fallando a Andrea, porque no tenía que dejar de vivir o dejar de disfrutar porque ella ya no estaba aquí. Al final del día, eso es lo que yo hubiese querido también”, continuó.
La también sobreviviente ha unido esfuerzos con albergues de víctimas y organizaciones feministas y ha buscado educar sobre las “banderas rojas” o indicios de violencia machista para prevenir más tragedias.
“No podía sentarme a esperar que, cuando le tocara a otra persona, esa otra familia iba a aprender. Hay tantas cosas que muchos no entienden y no es tan sencillo como decir ‘ella se lo buscó’, que es lo que uno ve constantemente. La mayoría de las víctimas de violencia física, primero, fueron víctimas de violencia psicológica y emocional. Tu manera de tomar decisiones ya está desviada”, enfatizó.
Al preguntarle si piensa que las cosas han cambiado, reconoció algunos avances legislativos, como ordenar que fiscales acompañen a víctimas, pero denunció la falta de rendición de cuentas, acciones de prevención y apoyo para que puedan seguir sus casos en los tribunales. Asimismo, urgió al Estado a reformar y monitorear los programas de desvío, un mecanismo por el que el asesino de Andrea pasó.
Andrea, dijo, sigue “muy presente”, principalmente en los mensajes de voz, un hábito que le “consuela” cuando quiere escucharla y recordar su risa.
“En mi casa, el nombre de Andrea se menciona como si todavía estuviera con nosotros. Hablamos de ella. Decimos: ‘A Andrea le hubiese encantado esto’ o ‘Andrea estuviese bien molesta’. Hay cosas que me han pasado y pienso: ‘Si yo le contara esto a Andrea, ella estuviera defendiéndome’. Ella era así. Era la más fuerte”, puntualizó.
“Siempre pienso que mi hermana está cerca. Está cerca de mí. Está conmigo”, subrayó.
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