

14 de julio de 2026 - 2:03 PM

Se conocieron las últimas palabras de Catalina Giraldo antes de fallecer el pasado 9 de julio. La psicóloga de 30 años padecía de trastornos psiquiátricos graves e incurables y decidió optar por la eutanasia para morir dignamente después de que el sistema de salud le negara la posibilidad de recibir asistencia médica al suicidio (AMS).
“Me siento muy tranquila. Hace muchos años no sentía esta tranquilidad. Quita un peso inmenso saber que tu sufrimiento no va a prolongarse indefinidamente en el tiempo, sino que más bien puedes pararlo, puedes detenerlo, puedes decir que es suficiente”, dijo la mujer a Noticias Caracol horas antes de aplicarse el mencionado procedimiento.
Según un comunicado divulgado por DescLAB, organización que acompañó el caso, Catalina decidió acceder a esta muerte medicamente asistida, ya que no encontró otra alternativa. Esto luego de que su Entidad Promotora de Salud (EPS) se negara a tramitar su solicitud de asistencia médica al suicidio alegando que no existe una reglamentación expedida por el Ministerio de Salud.
La bogotana padecía de trastorno depresivo mayor, trastorno límite de la personalidad y trastorno de ansiedad.
Según el relato de Catalina al medio, la eutanasia no fue su primera solicitud, sino que su objetivo era recibir el suicidio médicamente asistido, ya que veía en esa opción una forma diferente de decidir sobre su propia vida.
“Me negaba a solicitar nuevamente la eutanasia porque sentía que estaba traicionando esta lucha, que no estaba siendo fiel a mis principios”, afirmó la mujer.
Cabe mencionar que esta bogotana recibió múltiples tratamientos durante cerca de diez años, entre ellos más de 40 esquemas farmacológicos, terapia electroconvulsiva, infusiones de ketamina y varias hospitalizaciones psiquiátricas, sin lograr una mejoría sostenida.
“Al principio fue muy difícil porque, pues, un poco lo que quedaba era ‘te estás rindiendo, ya perdiste la esperanza, ¿por qué no intentamos esto otro?’ (...) Pero yo intenté explicarles que estaba sufriendo (a su mamá y a su hermana) y que esto no es una vida para mí”, contó con relación al último manejo clínico farmacológico que tuvo.
En octubre de 2025, la psicóloga de 33 años solicitó formalmente acceder a la asistencia médica al suicidio, convencida de que ese procedimiento representaba mejor su libertad para decidir sobre el final de su vida.
Su petición, sin embargo, quedó atrapada en lo que sus abogados califican como un “bloqueo institucional”. Además de la negativa de la EPS, sostienen que el Ministerio de Salud no ha reglamentado este procedimiento pese a que la Corte Constitucional lo despenalizó en 2022; el Congreso tampoco ha expedido una ley sobre la materia y las primeras decisiones judiciales no resolvieron el problema constitucional de fondo.
La diferencia entre ambos mecanismos fue precisamente el centro de su reclamo. Mientras en la eutanasia es el médico quien administra los medicamentos que producen la muerte, en la asistencia médica al suicidio el profesional prescribe y suministra los fármacos, pero es el propio paciente quien decide cuándo y cómo administrárselos. Catalina insistió en que esta segunda opción reflejaba mejor su autonomía, aunque finalmente terminó accediendo a la eutanasia.
“No siento que me esté rindiendo; siento que estoy entregando un poco ahora la responsabilidad a otros”, dijo la mujer en cuanto a las trabas judiciales que ha enfrentado.
La bogotana enfatizó que el punto de quiebre de su situación ocurrió cuando estuvo hospitalizada en un centro psiquiátrico meses antes de su muerte: “El riesgo de suicidio (en ese momento) era muy alto”.
“Me vi en una cama de hospital por un número de veces que ya he olvidado. No podía caminar, estaba muy restringida porque estaba en un área de supervisión. Entonces me dije a mí misma que no podía volver a estar en ese lugar”, agregó.
“Yo voy a fallecer en las próximas horas, pero no fallece conmigo este proceso. Hay personas que lo necesitan de manera urgente y prioritaria; hay personas que sufren y que se suicidan todos los días”, dijo Catalina al medio citado.
Y agregó: “Espero que los magistrados de la Corte puedan entender que esta lucha es una lucha por la salud mental, por la muerte digna para muchas personas que necesitan una muerte acompañada, una muerte segura, y no morir como la mayoría de personas se suicidan, de manera muy violenta con ellos mismos o con la familia. La gente se suicida y la gente se va a seguir suicidando. Negar esta realidad es desconocer lo que está pasando en el país y en el mundo”.
Según su visión, el debate en el país no se trata de promover la muerte, más bien de acompañar procesos complejos desde el sistema de salud.
“¿Por qué no acompañarlas? ¿Por qué no hacerlo de una manera segura para ellas? No es romantizar la muerte; es acompañarla, es cuidarla, es respetar el proceso de la persona. Hay muchos suicidios que se pueden prevenir, la gran mayoría, pero no es el caso de todos. Esto también es un acto de autonomía e independencia frente a una vida que tal vez ha sido arrancada por las manos del dolor”, afirmó la mujer.
Y añadió: “Espero que me recuerden como una persona que inició este camino, pero que deja apenas la puertica abierta. Espero que entiendan también que mi legado es permitirnos entender la muerte desde un lugar diferente. Tal vez no cambie la mente de todas las personas, pero sí sé que esta semillita se está sembrando”.
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