6 de febrero de 2026 - 8:59 AM

A seis meses y 22 días del asesinato del biólogo marino Roberto Viqueira Ríos, el juez Ángel M. Llavona Folguera, del Tribunal de Ponce, absolvió en todos los cargos al enfermero Eduardo Meléndez Velázquez por el crimen ocurrido el 15 de julio de 2025 en Yauco.
El juicio por tribunal de derecho -en el que el juez evaluó la prueba presentada por el Ministerio Público y la defensa y emitió una determinación— estuvo marcado por momentos emotivos y desgarradores, así como por episodios cargados de drama y controversia.
“Han sido 12 días intensos de juicio, donde han desfilado 32 testigos: 24 presenciales y ocho por estipulación. Hubo uno que se descartó porque era prueba acumulativa y así fue estipulado”, expresó Llavona Folguera, antes de anunciar su decisión.
Meléndez Velázquez enfrentaba cuatro cargos por asesinato en segundo grado, tentativa de asesinato y violaciones a la Ley de Armas por el crimen de Viqueira Ríos, de 49 años, padre de tres hijos y director de la organización ambiental Protectores de Cuencas.
“Quiero dar mi más sentida nota de duelo a los familiares del occiso en este caso. Es ley de vida que todos vamos a morir, pero nadie quisiera que la muerte ocurriera en estas circunstancias trágicas”, agregó el togado, al reconocer el interés que generó el caso.

El juez señaló que no hay duda de que existía una mala relación entre los vecinos, pero que la víctima no debió tomar la ley en sus manos ni lanzar piedras contra el acusado, sino que debió acudir a las autoridades para que tomaran la acción que correspondía en el caso.
“Nadie puede tomar la ley en sus manos. La víctima, en este caso, tomó la mala decisión de tomarse la ley en sus manos por las razones que sean: perdió la paciencia, se cansó”, indicó Llavona Folguera, quien señaló que un factor también pudo ser el alcohol.
En ese momento, Moshayra Vicente Cruz, viuda del biólogo, gritó: “Fuimos al tribunal y no nos hicieron caso”. Acto seguido, sufrió un quebranto de salud. Entre gritos y visiblemente afectada, tuvo que salir de la sala, lo que llevó al togado a recesar brevemente.
Al reanudar los trabajos, el juez fue mucho más consiso y enfatizó que la víctima disparó tres veces contra el acusado. “Eduardo Meléndez Velázquez, el tribunal estaría acogiendo (el planteamiento de) defensa propia y lo estaría absolviendo en todos los cargos”, dictó.
La fase crucial del proceso se desarrolló en la sala 405 con el turno de los argumentos finales. Durante una exposición alocución que se extendió por dos horas y 40 minutos, el Ministerio Público sostuvo que Meléndez Velázquez asesinó a la víctima movido por la “envidia”.
Mientras, la representación legal del acusado insistió en que actuó en legítima defensa, que Viqueira Ríos fue quien disparó primero y lanzó piedras, y que su cliente solo se defendió. Además, la defensa mencionó que la viuda del biólogo no intentó detener la situación.
El primer turno en las argumentaciones finales le tocó a la fiscal Limarí Cobián Lugo, quien junto a Natalia Pizarro Pérez representó al Ministerio Público en este caso criminal. Para sentar las bases para sus argumentos, detalló los cargos que enfrentaba el acusado y ofreció una cronología de los hechos.
“A base de la prueba desfilada, el 15 de julio de 2025, podemos inferir, prudente y razonablemente, que el acusado Eduardo Meléndez Velázquez tenía la intención de asesinar a Roberto Viqueira Ríos”, dijo Cobián Lugo, quien afirmó que el acusado envidiaba a la víctima.
La fiscal reiteró en varias ocasiones que la familia de Viqueira Ríos, así como la propia víctima, exigían justicia. “Justicia pide el señor Viqueira. Justicia pide la familia Viqueira. Solicito que se le encuentre culpable al acusado en todos los delitos imputados”, añadió.
El crimen ocurrió frente a la residencia de Viqueira Ríos, en la calle Star de la urbanización Estancias de Yidomar en Yauco, durante un enfrentamiento entre la víctima y el acusado, derivado de una disputa vecinal. La llamada de auxilio se recibió a eso de las 11:24 p.m.
Basándose en la declaración de la testigo principal del caso, la viuda de Viqueira Ríos, Cobián Lugo explicó que la disputa comenzó porque el acusado colocó una bocina apuntando hacia la casa de la víctima, reproduciendo sonidos de coquíes a todo volumen.
Horas antes del crimen, durante la mañana del 15 de julio, según la fiscal, la víctima y su esposa descubrieron la bocina en el techo del acusado, hallazgo que compartieron con vecinos y su abogado y que se convirtió en el eje de la controversia mortal.
Durante la noche, dijo, mientras la entonces pareja estaba en un gazebo comiendo y consumiendo bebidas alcohólicas, notaron cómo los sonidos de los coquíes, que tanto los atormentaban, comenzaron a escucharse nuevamente, dando paso al fuerte enfrentamiento.
Reconoció que la víctima lanzó piedras hacia la residencia del acusado y profirió palabras soeces, al igual que su viuda, quien también lanzó improperios. No obstante, señaló que el acusado los provocó y que también se enfrascó en el intercambio de palabras.
La situación escaló hasta el punto en que tanto el acusado como la víctima realizaron disparos, resultando en la muerte del biólogo. Parte del lamentable incidente quedó registrado en las cámaras de seguridad, un elemento que fue crucial en el desfile de prueba.
En ese pietaje se observa al acusado inicialmente sin un arma de fuego. En un momento dado, entra a su residencia, busca el arma y se dirige hacia el frente de la vivienda de su vecino. Instantes después se escuchan las detonaciones. El desenlace: la muerte.
Lo que sucedió después, especificó, fue que la viuda intentó socorrer a su esposo, quien yacía en el suelo frente a su residencia. Mientras tanto, varias personas, incluyendo la hija de la víctima, el acusado y otros vecinos, llamaron al Sistema de Emergencias 9-1-1.
Con ese propósito, presentó el audio de la llamada del acusado: “Yo no soy la mejor persona para decirlo, pero si puede venir la Policía de emergencia para acá”. El operador responde: “Caballero, ¿pero qué sucede en el lugar? Dígame”, y la llamada termina abrúptamente.
Cobián Lugo indicó que, al llegar los policías a la escena, la viuda de Viqueira Ríos identificó a Meléndez Velázquez como el asesino de su esposo, por lo que los oficiales se trasladaron hasta la residencia contingua, donde residía el acusado y procedieron a su arresto.
Detalló que el cuerpo de la víctima presentaba seis heridas de bala que contribuyeron a su muerte, pero fue un disparo en la cabeza lo que le causó el fallecimiento en el acto, según los hallazgos de la autopsia del Instituto de Ciencias Forenses (ICF).
Por otra parte, dijo que la evidencia presentada en el proceso demostró que el acusado poseía una gran cantidad de armas de fuego en su casa, incluida una que estaba lista para ser disparada. Tanto la víctima como el victimario tenían portación de armas vigente.
La fiscal, además, precisó que en la escena del crimen se ocupó, entre otras cosas, 22 casquillos, un abastecedor, municiones y el celular de la víctima. Asimismo, indicó que en la casa del acusado había 16 cámaras de seguridad, pero dos no funcionaban.
Añadió que, durante un allanamiento realizado luego del asesinato, la Policía encontró una bocina en el techo de la residencia del acusado, conectada mediante un cable a un amplificador en el interior de la vivienda, el cual estaba identificado como “Coqui MVP 4″.
De igual forma, recordó que, durante la investigación del caso, se descubrió que el acusado tenía contraseñas con el apellido de la víctima. En esa línea, las identificó como “envidiaviqueira2016”, “envidiaviqueira2020”y “envidiaviqueira2024”.
Tomando esto en cuenta, insistió en que el acusado “le tenía envidia al señor Viqueira, según él mismo lo escribió”. “Él le tenía envidia al señor Viqueira desde el 2016″, agregó la fiscal, quien manifestó que esa envidia llevó al acusado a hacer cosas para provocarlo.
“Esa envidia lo llevó a vigilarlo, a instalar unas cámaras de seguridad en su residencia, con un alto alcance, no solamente podía observar, sino que tenía audios hacia la residencia 37. Esa es la prueba. Aquí se presentaron varios videos”, aseveró Cobián Lugo.
Señaló que, ante la situación, la familia de la víctima se vio obligada a construir un muro alto para impedir el acceso del acusado. Sin embargo, él instaló cámaras de seguridad, lo que sugiere que su intención era vigilarlos, destruirlos emocionalmente y provocarlos.
“Quería fastidiarlos a toda hora”, mencionó la fiscal, quien añadió que el acusado “llevaba meses provocando” con el sonido de los coquíes. “Desde enero de 2025, ese sistema de coquíes estaba instalado en su residencia y la familia llevaba meses sufriendo”.
Reconoció que la víctima disparó, pero aseguró que no lo hizo antes que el acusado y que actuó para defender a su familia y su “castillo”. Con esto, se refirió a la doctrina del castillo, un principio legal que permite emplear la fuerza letal para proteger el hogar.
“Sí, disparó. Si cualquiera tuviera un arma de fuego en esa forma, ¿qué haría? Ese es su hogar, ese es su castillo. Viqueira no tenía la intención de matar al acusado. Tenía el arma en el pantalón... No tenía el arma cargada. Él reaccionó en ese momento", dijo.
Reiteró que Meléndez Velázquez, a quien describió como un “conocedor” de armas, “disparó en 22 ocasiones” y que en “cuatro segundos” mató al biólogo, pese a ser consciente de que cometía un delito. Por ello, rechazó el argumento de legítima defensa.
Como parte de sus argumentos, Cobián Lugo declamó en corte un poema, que pareció ser una adaptación de la conocida canción “Cuando un amigo se va” del cantautor Alberto Cortez, que refleja el profundo dolor y el vacío que deja la pérdida de un ser querido.
“Cuando un padre se va, deja un espacio vacío que no lo puede llenar nadie. Cuando un padre se va, queda un tizón encendido que no lo puede apagar ni las aguas del río. Cuando un padre se va, una estrella se ha perdido, la que ilumina el lugar donde hay un niño dormido. Cuando un padre se va, se detienen los caminos y se comienzan a extrañar los momentos compartidos. Cuando un padre se va, el alma empieza a vibrar porque se llena de frío. Cuando un padre se va, queda un terreno baldío; el tiempo quiere llenar, con las piedras del hastío. Cuando un padre se va, un árbol se ha caído y ya no vuelve a brotar porque el viento lo ha vencido. Desde que Robert se fue, Beatriz, Mariana y Elías (sus hijos) han sentido ese vacío”, concluyó la fiscal.
Por su parte, el licenciado Adán Carlos Rivera, quien junto a Giancarlo Cartagena Avilés representa al acusado, refutó la teoría del Ministerio Público, aseguró que algunos testigos mintieron durante el proceso y denunció que la investigación fue negligente.
En defensa de su representado, Rivera afirmó que este no tenía intención de matar al biólogo y que no abandonó la escena, sino que ingresó a su casa para llamar al 9-1-1 y solicitar una ambulancia. Señaló, además, que también pidió la intervención de la Policía.
Asimismo, alegó que la Policía violó los derechos constitucionales del acusado, al no leerle las advertencias legales antes de interrogarlo y al entrar en su residencia sin consentimiento. De igual forma, destacó que no se cumplió con la cadena de custodia.
“Era una persona que estaba ebria, que le estaba gritando (al acusado), que fue desde las 7:00 p.m., escalonado, subiendo el ánimo de la situación. Su carácter fue cambiando todo el tiempo hacia arriba y lo próximo que iba a hacer era matar a mi cliente”, dijo.
“Mi cliente se mueve, y con todo y eso, le dispara primero. La señora Moshayra Vicente lo reconoció cándidamente, que se ven unos chispetazos luego de los tres disparos que se ven de don Robert”, mencionó Rivera, quien señaló contradicciones en el testimonio.
Respecto a los argumentos sobre la doctrina del castillo, Rivera sostuvo que sus elementos no se configuraron, ya que, según él, fue la víctima quien provocaba los hechos aquella noche, lanzando piedras al acusado y caminando de un lado a otro con un arma.
El licenciado cuestionó la versión de las autoridades de que las cámaras de seguridad, por diversas razones, no registraron los momentos más importantes. Señaló que se debió verificar si las grabaciones fueron borradas tras ocurrir los hechos.
“(El acusado) vio a esa persona tirando piedras, gritándole, diciéndole que ”esto se acaba hoy", que tiene un arma y que vio que sacó un arma, es razonable creer que esa persona me iba a matar", mencionó Rivera durante su turno, que duró cerca de 40 minutos.
En ese contexto, insistió en que su representado actuó en defensa propia. “Dentro de la legítima defensa es razonable pensar que esa persona, que está ebria, que me está tirando piedras, me va a dar muerte y que yo tengo la obligación de defenderme”, puntualizó.
Las noticias explicadas de forma sencilla y directa para entender lo más importante del día.

Te invitamos a descargar cualquiera de estos navegadores para ver nuestras noticias: