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“La sentía fría”: madre de Gabriela Nicole relata cómo intentó salvar a su hija

Lisandra Rosario Berríos declaró este miércoles bajo juramento en la sala 1 del Tribunal de Primera Instancia de Aibonito

17 de junio de 2026 - 5:00 PM

Gabriela Nicole Pratts Rosario fue asesinada en el municipio de Aibonito. (Ramon "Tonito" Zayas)

Aibonito - Nota del editor: visita este sitio especial para consultar todo el contenido de la cobertura del caso de Gabriela Nicole.

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A 10 meses del asesinato de Gabriela Nicole Pratts Rosario, Lisandra Rosario, madre de la víctima, se sentó en el banquillo de los testigos para declarar contra Elvia Cabrera Rivera, una de las acusadas de asesinar a la menor en el desvío Roberto Colón, en el municipio de Aibonito.

Bajo juramento, Rosario, de 38 años, inició su testimonio situando a los miembros del jurado en el momento que cambió su vida para siempre. Les explicó que su hija murió 24 horas antes de cumplir 17 años, pues había nacido el 12 de agosto de 2008.

Ahogada en llanto, la décima testigo del Ministerio Público relató los últimos momentos de vida de su hija menor y describió la desesperación que sintió al intentar salvarla. Entre lágrimas, contó cómo hizo todo lo posible con la esperanza de que sobreviviera.

Durante el undécimo día del juicio, Rosario confirmó que, al momento del incidente, era golpeada por Cabrera Rivera en la calle. Sin embargo, aseguró que no vio dónde se encontraba Anthonieska Avilés Cabrera, hija de la acusada y también coacusada en el caso.

Bajo el interrogatorio de la fiscal Myriam Nieves Vera, la madre de “Lela”, como le decían de cariño a la víctima, comenzó a reconstruir la secuencia de eventos que desembocó en el asesinato. Su relato se remontó a la noche del domingo, 10 de agosto de 2025.

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Aquí el video. Justicia enmendó la acusación contra la joven por el asesinato de Gabriela Nicole Pratts Rosario.

Contó que se encontraba en el negocio El Maestro Liquor Store, en el casco urbano de Aibonito, donde se celebraba el denominado “Gran Cierre de Verano Municipal”, una actividad que congregó a decenas de residentes y visitantes con música y otras amenidades.

Rosario relató que llegó al lugar poco después de las 7:00 p.m. Más tarde, su hija se acercó para informarle que daría una vuelta por la plaza pública junto a varias amistades. Entretanto, indicó que ella decidió ir por un momento al baño del negocio La Placita Martínez.

Allí, dijo, observó a Cabrera Rivera en compañía de otra de sus hijas, identificada como Anthiany Avilés Cabrera. Ambas trabajaban en el área de la barra como bartenders, según han declarado bajo juramento otros testigos durante el proceso judicial.

Comentó que, cuando regresó, Pratts Rosario seguía en el lugar. Sin embargo, poco después observó que se fue hacia la plaza, mientras ella permanecía conversando con unos amigos. Al notar que había “mucho revolú”, decidió llamarla y pedirle que regresara al lugar.

De acuerdo con su testimonio en la sala 1, la adolescente obedeció la petición y volvió al lugar donde se encontraba su madre, pero acompañada de varias amistades, incluida su hermana Lismary Torres Rosario, quien para el momento de los hechos tenía 20 años.

Ante el juez superior Luis S. Barreto Altieri, del Tribunal de Primera Instancia de Aibonito, la testigo confirmó que esa noche tomó solo “dos palo ready y un shot” que tenía en su auto. Detalló que consumía las bebidas alcohólicas en un vaso marca Yeti color verde menta.

Mientras esto ocurría, recordó que recibió una llamada de su hija, quien le pidió que bajara al área del desvío porque había un revolú. En esa comunicación, la menor presuntamente le indicó que en el lugar estaban presentes Cabrera Rivera y una de sus hijas, Anthiany.

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Tres cabos sueltos marcan los procesos judiciales contra Elvia Cabrera Rivera y su hija, Anthonieska Avilés Cabrera. En "Aquí te explico", El Nuevo Día revisa varios detalles en el caso contra las acusadas por el asesinato de la menor de 16 años.

Añadió que fue “caminando a las millas”, “rápido”, aunque mantenía una “actitud tranquila”. Para acortar camino, precisó que atravesó un callejón. Al llegar al desvío, observó el ambiente tenso provocado por las discusiones y peleas que se desarrollaban en el área.

“Anthiany (Avilés Cabrera) le da a Lismary y yo dije: qué carajo es lo que pasa”, indicó, al señalar que luego Cabrera Rivera la agarró por el cabello y comenzó a propinarle puños junto a otras personas que no pudo identificar. “Ella (Elvia) me estaba dando a mí”.

Señaló que, poco después, escuchó a su concuñada, Betzaida Caratini Ortiz, gritar: “La nena, la nena”. Entonces logró salir del lugar donde la estaban golpeando. “(Lela) estaba en la calle tirada. A mí me dieron golpes en todo el cuerpo”, aseveró.

“(Mi hija) estaba con los labios bien blancos; la sentía fría. Me volví loca diciendo quién le hizo eso a mi nena y fui donde Gaba (Gabriela Figueroa Arroyo) y la hamaqueé y le dije: ‘por tu culpa, por tu culpa’. Ahí volvieron y me dieron otra vez”, narró temblorosa.

En ese momento, dijo, su impresión fue que su hija “estaba muerta”. Precisó que le reclamó a Figueroa Arroyo y la hamaqueó, ya que su hija y ella eran “mejores amigas desde pequeña”. Sin embargo, aseguró que para esa fecha dicha amistad se había deteriorado.

Al esbozar las razones, dijo, que Figueroa Arroyo era una persona que “llevaba y traía los bochinches”, lo que provocó que la amistad terminara. De igual forma, confirmó que Anthonieska y su hija también eran amigas, pero que para esa fecha no se hablaban.

Regresando a la agresión en el desvío, indicó que “no recuerdo cuándo salí de dónde me estaban dando y me montaron en el carro de Dylan, el amigo de Gabriela”. “Ya Lela estaba montada al frente, Paola (otra amiga) estaba atrás, al igual que yo. Dylan estaba guiando”.

Una vez montada en el carro, un Toyota Corolla color azul, se dirigieron hacia la sala de emergencias del Hospital Menonita en Aibonito. “Yo me bajé como las locas, a sacarla del frente (del auto) y nos caímos las dos porque estaba bien monga (mi hija)”, aseguró.

“La saqué yo sola. Ella estaba tan monga, que se me cayó. Yo pedí ayuda, trajeron una camilla y la metieron a un cuarto. Yo me senté y luego me fui al frente. Pensé que me iban a entregar a mi hija viva, aunque fuera con máquinas, pero me dijeron que llegó sin signos vitales, que tenía ocho puñaladas”, mencionó Rosario.

“Me volví loca. Me tiré por las sillas del hospital y en el piso. Yo estaba en shock. Me sedaron. Después, yo me fui para afuera (del hospital), me arranqué el suero y de ahí no recuerdo más nada”, comentó la testigo, quien dijo que mientras estaba en el hospital alguien le entregó su celular, el cual había dejado en el desvío.

Tiempo después, precisó, que recibió una llamada de su tía y recibió la noticia de que también le robaron su vehículo. Posteriormente, comentó que regresó al desvío para recoger las pertenencias que había dejado allí. El lugar estaba lleno de policías.

Finalizado el contrainterrogatorio y tras leer la declaración jurada de Rosario, la defensa informó que no estaría realizando el contrainterrogatorio.

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