


Puerto Rico enfrenta dos problemas demográficos y sociales que, aunque suelen analizarse por separado, están estrechamente relacionados y pueden limitar considerablemente nuestras posibilidades de desarrollo económico futuro: la pobreza infantil y el acelerado envejecimiento de la población. El primero compromete la formación de las capacidades humanas que necesitaremos mañana; el segundo reduce el peso relativo de las generaciones jóvenes y plantea nuevos retos para sostener la actividad económica. Ignorar la relación entre ambos sería un grave error de planificación económica.

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