


En 1986 recibí una Beca Guggenheim para ficción. Ese mismo año fui invitado al Woodrow Wilson Center de Washington para ser el orador principal en un Congreso de estudiosos sobre el Caribe. Ese discurso empezó a costarme aún antes de que lo leyera: El buen amigo Juan Manuel García Passalacqua a quien le mostré el texto antes de que se publicara o leyese, y para aquel entonces extraordinariamente celoso con todo lo que tuviera que ver con la palabra “Washington” arremetió contra el escrito en una columna de El Mundo, esto antes de que fuera leído. Desde entonces soy más discreto y menos entusiasta con mis discursos inéditos.

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