


Puerto Rico no debe alarmarse por la ausencia de una estrategia gubernamental robusta de inteligencia artificial. Sería ingenuo pensar que la isla, históricamente lenta en adoptar y ejecutar transformaciones tecnológicas profundas, de repente iba a convertirse en líder mundial en gobernanza de IA. La realidad es que esto no es nuevo sino uso y costumbre. Sin embargo, el problema no es que falten proyectos de ley o titulares sobre inteligencia artificial; el problema es que Puerto Rico lleva décadas teniendo dificultades para ejecutar consistentemente iniciativas tecnológicas de gran escala.

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