


¡Ay bendito, otra vez se fue la luz! Esa una de las frases que más se repite en Puerto Rico. También fue la que más escuche mientras crecí en la casa de mi abuela, en el pueblo de Coamo. Cuando se va la luz en la isla, también se va el agua, producto de un sistema frágil y obsoleto que utiliza energía eléctrica para operar el equipo responsable de mover ese líquido vital a través de las tuberías de la Autoridad de Acueducto y Alcantarillados (AAA). Durante un apagón masivo en abril pasado, más de 400,000 puertorriqueños se quedaron sin luz y también sin agua potable.

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