


Médicos operando a oscuras. Vacunas dañadas por el calor. Ventiladores que fallan, poniendo en riesgo la vida de un paciente. Es difícil aceptar que estos escenarios ocurran en Puerto Rico en el siglo 21, con luz solar abundante y la tecnología disponible para aprovecharla. Sin embargo, al día de hoy, la mayoría de los hospitales y centros de salud en la isla dependen de una red eléctrica arcaica e inconsistente para funcionar. Estas frecuentes interrupciones en el sistema eléctrico perjudican las operaciones del país, debilitan la economía local y ponen innecesariamente en riesgo la salud los puertorriqueños.

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