


La reciente aprobación de cambios al Endangered Species Act (ESA) ha encendido las alarmas entre científicos y organizaciones ambientales. La nueva regla elimina la definición regulatoria de “harm” (daño), que durante más de cuatro décadas permitió considerar ilegal la destrucción o modificación de un hábitat cuando esta comprometía la supervivencia o la reproducción de una especie protegida. Aunque la ley mantiene otras protecciones para las especies amenazadas, esta modificación debilita una de las herramientas más importantes para prevenir la pérdida de hábitat, la principal causa de la extinción de especies.

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