¿Bebés en la costa? Da igual... Con este Bocadillo termina la nunca anunciada miniserie Petaka y Bodega, que explica, bien llanito, la relación entre la PTK y BDG, sonidos importantes en nuestra lengua, con maravillosas particularidades. Hoy finalizamos con la sorda [k] y la sonora [g], que, igual que las anteriores comentadas, son exactamente iguales excepto porque una “suena” y la otra no. En este caso la sorda es la malkerida y malkriada [k]. Aclaro que esa [k] que usted ve ahí representa también el sonido de la c ante a, o, u, (ca, co, cu) y el sonido de la q, como en -que- y -qui-. La [k] y la [g] son otra pareja de sonidos en conflicto, desde tiempos del latín. El rollo entre ellas no tiene fin y no hay divorcio que valga. Muchas k’s se convirtieron en g‘s en su paso al español, como por ejemplo, draconem>dragón. La letra (no el sonido) ge, nació hace más de 20 siglos. En la antigüedad, todas las ges, se escribían como ces. Los romanos, obvio, no estaban muy contentos con el asunto de no poder distinguir por escrito los sonidos [k] y [g]. Todo un fastidio, ¡y no los culpo! Entonces, un romano creativo, común y corriente, como usted y yo, de nombre Carvilio, le añadió una pequeña rayita a la C y, ¡tan tan! Había nacido una letra diferente para sonido diferente, La Ge. ¿Resuelto el problema? NO, para nada. El cuento sigue mañana...
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¿KAKA GUGU?
La lingüista Aida Vergne habla de la letra ka.
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