


Puerto Rico no cuenta con lagos naturales. Nuestros lagos son realmente embalses o depósitos de agua formados por una represa en el lecho de un río al que se le cierra parcial o totalmente su cauce. En la isla existen 36 embalses principales. Fue en 1915 cuando el Estado, con la asistencia del gobierno federal, emprendió la tarea de construir instalaciones para transmitir, distribuir y vender energía derivada de los embalses. Las edificaciones también sirvieron para bombear agua para el riego de cañaverales y para usos comerciales e industriales. El agua acumulada en los embalses se utilizó además para el suministro de agua potable a una creciente población. En la actualidad esta es su utilidad principal. En estos momentos de sequía, las fluctuaciones de los niveles de agua en varios embalses nos mantiene en tensión constante.

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