


Durante más de cuatro décadas, Cuba fue el caso excepcional en el control del dengue en el hemisferio. Desde finales de los años setenta, el país desarrolló un sistema de vigilancia universal, inspecciones casa por casa y una estructura de coordinación capaz de movilizar miles de trabajadores de salud con precisión casi militar. Cada hogar, escuela y negocio era inspeccionado en ciclos de siete a veintiún días. El uso de larvicidas era sistemático, el rociado contra mosquitos adultos estaba coordinado, y las brigadas comunitarias formaban parte de la vida cotidiana. En una región donde el dengue se volvía endémico, Cuba logró reducir la transmisión repetidamente.

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