


Con la retirada del polémico personaje de La Comay de los medios de comunicación, cabría tener la esperanza que el análisis y los comentarios políticos en Puerto Rico alcanzaran un nivel más elevado y sofisticado. Sin embargo, después de dos meses en la isla, al escuchar y ver diversos programas, incluyendo podcasts, me surge la preocupación de que eso no sea así. A pesar de la presencia de comentaristas serios, se ha arraigado en la isla una cultura peligrosa que aborda los asuntos públicos y políticos de manera exagerada, desfachatada, chismosa, mercenaria, demagógica, cínica y, por supuesto, falsa.

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