


Olvidémonos por un momento que la incumbencia de Zayira Jordán como presidenta se parece cada vez más a la de de Miranda Priestly en “The devils wears Prada”, o a la de Lady Macbeth en los dos primeros actos de aquella tragedia de Shakespeare. Olvidémonos incluso que Zayira Jordán se convirtió en presidenta de la Universidad de Puerto Rico por una llamada telefónica de La Fortaleza, y que detrás de esa llamada a la Junta de Gobierno de la Universidad no estaba la gobernadora sino de Domenech, considerado por algunos como el dueño fantasma de Politank que, por aquellos días, cabildeaba para que uno de sus clientes, Delloite Consulting, recibiera un jugoso contrato. Olvidémonos por dos segundos que una de sus ayudantes especiales cuenta con un dudoso historial por manejar con desidia fondos del PUA, y que su directora de Finanzas y su director de Asuntos Legales fueron señalados por otorgar indebidamente millones de dólares; la primera en el Fondo del Seguro del Estado; el segundo en el Departamento de Corrección y Rehabilitación. Olvidémonos -y prometo que éste será el penúltimo olvido- que Zayira Jordán botó a cinco rectores en respuesta a la guerra de bandos en el Partido Nuevo Progresista (ya les dije que la presidenta oscila entre el “That’s all”, de Miranda Priestly y “el cuervo está ronco” de Lady Macbeth). Y olvidemos que Zayira Jordán nombró como rector de Mayagüez a un adicto a las rectorías y presidencias: nada más y nada menos que a Miguel Muñoz, el mismo que cuando era presidente de la Universidad le entregó tres cheques, de $50 mil cada uno, a un sujeto que se hizo pasar por un exrepresentante.

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