

19 de agosto de 2026 - 8:00 AM


Los terremotos de magnitud significativa registrados durante los pasados meses en Venezuela, Colombia, Filipinas, Indonesia y otras partes del mundo no representan un aumento fuera de lo normal en la actividad sísmica, pero sí sirven como recordatorio de que Puerto Rico está innegablemente expuesto a un evento de gran magnitud, advirtió el geomorfólogo José Molinelli Freytes en entrevista con El Nuevo Día.
El especialista y también profesor explicó que, aunque este año se han registrado varios terremotos devastadores, la cantidad de sismos fuertes se mantiene dentro de los parámetros que históricamente se esperan a nivel mundial.
“Cuando uno examina en los últimos 100 años el número de terremotos en promedio que ocurren, a base de la magnitud de cada uno, debemos esperar en promedio que ocurra un terremoto de (magnitud) 8 o más una vez al año, pero mayores de 7 podemos esperar que ocurran unos 14, 15 terremotos en algún lugar del mundo”, señaló Molinelli Freytes.
El geomorfólogo señaló que los promedios pueden variar considerablemente de un año a otro sin que implique un cambio en la actividad sísmica global. “Puede ser que haya un año que ocurran 20 y en otro que ocurran ocho”, mencionó.
Además, descartó que factores como el cambio climático u otros fenómenos ambientales provoquen un aumento en la actividad sísmica. “El cambio climático no tiene nada que ver con los procesos tectónicos, cómo se mueven las placas, porque la energía que mueve las placas es el calor en el interior de la Tierra”, sostuvo Molinelli Freytes.
En lo que va de 2026, buena parte de los terremotos de magnitud 7 o mayor se han registrado en zonas asociadas al Anillo de Fuego del Pacífico, una franja (con forma de herradura) que bordea gran parte del océano Pacífico y se extiende desde las costas de América del Sur y Central hasta México, Estados Unidos, Alaska, Japón, Filipinas, Indonesia y Nueva Zelanda. La región concentra varios límites entre placas tectónicas, por lo que es una de las zonas con mayor actividad sísmica y volcánica del planeta.
Molinelli Freytes especificó que el terremoto registrado en Colombia está directamente relacionado con esa dinámica tectónica del Pacífico, específicamente con la interacción entre la placa de Nazca y la placa de América del Sur. El sismo de Venezuela, en cambio, respondió al movimiento de la placa del Caribe y su interacción con la placa de América del Sur, afirmó.
Sin embargo, la sucesión de terremotos fuertes en distintos países no permite anticipar que Puerto Rico esté próximo a experimentar uno. Lo que sí puede establecerse es que la isla, por su ubicación entre placas tectónicas, está expuesta a este tipo de fenómenos.
“¿Puede ser Puerto Rico impactado por terremotos fuertes? Pues seguro que sí, estamos en el margen entre la placa del Caribe y la placa de América del Norte y, a través de la historia geológica, a través de todas las Antillas y el borde completo de la cuenca del Caribe, es un área sísmicamente activa porque ahí están los bordes de las placas”, sostuvo Molinelli Freytes.. “Lo que no puedes predecir es cuándo, ni puedes predecir qué magnitud”, añadió.
El geomorfólogo señaló que entre 98 al 99% de los terremotos ocurren en los bordes de las placas tectónicas, donde se concentra el riesgo sísmico.
“De igual manera que el que vive al lado de un río está expuesto a la inundación cuando el río se desborda, pues los que vivimos en los márgenes entre las placas tectónicas estamos expuestos al peligro de terremotos”, recalcó.
De hecho, Puerto Rico ha experimentado en el pasado terremotos de mayor magnitud que los registrados en varios de los eventos que han acaparado titulares este año. Molinelli Freytes destacó particularmente el ocurrido el 2 de mayo de 1787. “Hubo un sismo que afectó toda la costa norte de Puerto Rico, quebró las murallas del Castillo del Morro y San Cristóbal y otras estructuras y pudo haber tenido magnitud mayor de 8, asociado al sistema de falla de la Trinchera de Puerto Rico”, indicó.
Ante ese antecedente, el geomorfólogo planteó la necesidad de evaluar el estado de las estructuras existentes en Puerto Rico y determinar cuáles podrían ser más vulnerables ante un terremoto de gran magnitud.
“Yo vengo insistiendo en que tenemos que comenzar, con sentido de urgencia, un proceso de identificar todas las estructuras construidas, identificar el nivel de vulnerabilidad, la causa de su vulnerabilidad y qué hay que hacer para reforzarlas para que no colapsen”, sostuvo, al enfatizar en que la atención debe centrarse particularmente en las edificaciones construidas antes de 1987, año en que, según explicó, se modernizaron radicalmente los códigos de construcción.
También advirtió sobre el estado de estructuras que llevan décadas expuestas a las condiciones ambientales de la isla.
“Hay edificios ahí que no cumplen con los códigos de construcción ahora, no te aguantarían un terremoto fuerte, llevan décadas y décadas cogiendo salitre frente al mar y están viejos, y ahí vive gente, y la gente no sabe cuán vulnerable es su estructura”, apuntó.
Molinelli Freytes planteó que la evaluación debe incluir no solo la identificación de las estructuras vulnerables, sino también determinar qué trabajos requieren para ser reforzadas y cuánto costaría hacerlo. A su juicio, el gobierno debería desarrollar estrategias para facilitar el financiamiento de esas mejoras, incluyendo el uso de fondos de mitigación de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA).
El geomorfólogo insistió en que la preparación no debe depender de saber cuándo ocurrirá un terremoto, pues esa fecha no puede anticiparse.
“No lo podemos predecir, pero es inevitable que en algún momento pase. Lo que pasa es que puede ocurrir ahora mismo o de aquí a 40 años, pero va a ocurrir. Eso lo sabemos. Y sabemos que cuando ocurra, las consecuencias serán catastróficas”, concluyó.
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