30 de agosto de 2026 - 7:07 PM

Nunca se sabrá si Carmelo Anthony hubiese llegado a las Grandes Ligas. Lo que sí se sabe es que la exestrella de la NBA no se arrepiente de haber cambiado el parque de pelota por una cancha de baloncesto.
Anthony fue pelotero durante su niñez en Nueva York. Jugaba en las calles de Brooklyn, utilizando los carros como bases y dejándose influenciar por una cultura boricua que ama “la pelota”. Así lo reveló en su momento en una entrevista con su colega baloncelista Dwyane Wade. También contó que jugó en las Pequeñas Ligas en Baltimore.
El Nuevo Día le pidió a Anthony que abundara sobre ese tema, uno que Puerto Rico conoce muy bien, como él mismo señaló, por la cantidad de peloteros que durante décadas han llegado al “Circo Grande”.
Anthony, quien se encuentra en Puerto Rico, aceptó la invitación y recorrió todas las bases de la conversación.
“Lo amaba. Era parte de mí”, dijo sobre el deporte que conoció a través de su lado boricua, una herencia que recibió de su padre.
Anthony es de padre puertorriqueño y fue criado por su madre en Nueva York. Su progenitor falleció de cáncer cuando el exjugador tenía apenas dos años.
“El béisbol fue mi primer amor. Lo era antes que el baloncesto, antes que el football. El baloncesto lo aprendí a amar. Pero el béisbol era, al principio, todo”, agregó.
Naturalmente, Anthony también creció jugando baloncesto y demostró ser muy bueno. Tanto, que fue reclutado por la Universidad de Syracuse, que ganó el campeonato de la NCAA en su campaña de novato. Su carrera en la NBA fue legendaria. En 2025 fue exaltado al Anthony al Salón de la Fama del Baloncesto de Naismith.

Pero en sus comienzos, durante las décadas de 1980 y 1990, fue primera base y, según él mismo, tenía las condiciones para llegar lejos.
“Era un buen pelotero. A los 13 o 14 años de edad, era un pelotero de cinco herramientas. Tenía poder, buen brazo. Podía jugar cualquier jardín también. El que fuera. Lo hacía todo”, recordó.
No es para dudarlo.
Anthony era un atleta talentoso en la cancha. Ponía el balón en el piso, jugaba de frente o de espaldas al canasto y tenía uno de los ‘jump shots’ más lindos de la NBA: alto, erguido y certero.
Por tanto, no resulta descabellado pensar que Anthony también tenía las condiciones para destacarse en el béisbol, llegar lejos y, tal vez, convertirse en una estrella en el mismo escenario donde creció viendo a los Yankees: el Yankee Stadium, como posteriormente lo fue en el Madison Square Garden. Su estatura de 6’7” también le habría dado una ventaja particular como atleta.
Pero, ¿por qué no siguió en el béisbol y, en cambio, concentró sus recursos en el baloncesto?
Anthony explicó que la decisión tuvo que ver, en parte, con su desarrollo físico y con las circunstancias que encontró en la escuela superior en Baltimore, donde el béisbol no era el deporte principal.
“Estaba creciendo. Di un estirón. Me hice alto”, dijo el atleta de 6’7” sobre una cualidad que sí hace una diferencia notable en el baloncesto, aunque no necesariamente en el béisbol.

“Y el equipo de béisbol de mi escuela superior no era bueno. Así que me cambié al baloncesto desde entonces”, agregó.
De esa manera, Puerto Rico pudo haber perdido a un posible jugador de Grandes Ligas de herencia boricua. Pero ganó a un baloncelista que, aunque no representó al Equipo Nacional, siempre llevó con orgullo su cultura puertorriqueña.
Y Anthony ha continuado ayudando al prójimo a través de lo que ganó en el baloncesto y siguiendo el ejemplo de Roberto Clemente.
“No había nadie más grande que Clemente. Crecí sabiendo de él, conociendo sobre él, aprendiendo de él. Y aquí estoy”, indicó Anthony luego de una conferencia de prensa en la YMCA, en la que se informó que su fundación ayudaría a rehabilitar una cancha de baloncesto en Río Grande.
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