14 de junio de 2026 - 11:10 PM

Cuarenta años después de debutar en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 1986, el velerista puertorriqueño Enrique “Quique” Figueroa regresará a la capital dominicana para competir en una edición que tiene un significado muy distinto a todas las anteriores.
El múltiple medallista regional participará este verano en sus décimos Juegos Centroamericanos y del Caribe, pero por primera vez compartirá la experiencia con su hija, Paula Figueroa Malatrasi, lo que le otorga un valor emocional especial a una carrera deportiva que parecía acercarse a su final.
De hecho, Figueroa reconoce que contempló el retiro tras una trayectoria llena de éxitos.
Sin embargo, fue precisamente Paula quien lo motivó a navegar nuevamente, hasta llevarlo a vivir una experiencia que describe como el cierre perfecto de un ciclo que comenzó hace cuatro décadas en el mismo escenario donde ahora volverá a competir.
“Es como cerrar un círculo”, expresó Figueroa en compañía de su hija en entrevista con El Nuevo Día en el Balneario de Carolina.
“Pero estos Juegos son más especiales porque voy con mi hija. Cuando yo fui a esos primeros juegos, ella no había nacido. No estaba ni en el tintero. Toda su vida ella lo ha visto desde afuera. En este último año y medio se interesó en unirse a este embeleco cuando ya yo estaba por retirarme y me sacó obligado del retiro y aquí vamos: a unos Centroamericanos más”, agregó con una gran sonrisa.
Figueroa y Paula competirán en la clase Hobie 16, la misma modalidad en la que el veterano navegante ha construido una de las trayectorias más exitosas del deporte puertorriqueño en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. En ella acumula nueve medallas: siete de oro, una de plata y una de bronce.
El atleta debutó precisamente en Santo Domingo 1986 junto a Denisse Balzac y, desde entonces, ha participado en nueve ediciones de la justa regional.
A lo largo de cuatro décadas ha compartido embarcación con distintas generaciones de veleristas puertorriqueños. Entre ellos figura Carla Malatrasi, madre de Paula, con quien compitió en Ponce 1993, San Salvador 2002 y Cartagena 2006.
También navegó junto a Juan Ramírez en Maracaibo 1998, Tito Aponte en Mayagüez 2010, Franchesca Valdés en Veracruz 2014 y Barranquilla 2018, y Adriana de Cárdenas en San Salvador 2023.
La idea de competir juntos surgió a partir del interés que Paula comenzó a desarrollar por la vela competitiva.
Aunque había estado vinculada al deporte durante gran parte de su vida, recientemente sintió la necesidad de regresar a las emociones que le producía la competencia.
“He hecho deportes toda mi vida y esa adrenalina por competir me hacía mucha falta”, explicó Paula, quien también es poeta y acaba de completar un bachillerato en Artes en Escritura Creativa y Literatura.
Cuando vio la posibilidad de navegar junto a su padre en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 2026, entendió que se trataba de una oportunidad única.
“Pensé que era un momento bien bonito para poder compartirlo juntos. Ahí fueron sus primeros juegos hace 40 años y poder vivir eso con él era algo especial”, dijo la joven.
Para Figueroa, sin embargo, la propuesta vino acompañada de una mezcla de entusiasmo y cautela.
Aunque le emocionaba la posibilidad de compartir la experiencia con su hija, temía ilusionarse demasiado antes de saber si el interés de Paula sería duradero.
“Estaba pompeado y estaba asustado a la vez”, admitió entre risas. “Decía: ‘Va y me pompeo mucho y después no quiere hacerlo o no le gusta’, y entonces me quedo yo solo. Pero ha sido completamente lo opuesto”.
Con el paso de los meses, Figueroa vio cómo el entusiasmo inicial de Paula se transformó en compromiso. Lejos de perder interés, asumió el reto con seriedad y se convirtió en una pieza fundamental de la preparación para Santo Domingo 2026.
“Ella me estaba empujando a mí al límite, que es lo que necesitaba para prepararnos para esto”, sostuvo el veterano atleta.
“Estoy superorgulloso del interés y la dedicación que le ha dado a este deporte que tanto me apasiona. Ahora puede ver de cerca todo lo que conlleva y creo que lo aprecia, lo ha disfrutado y le gusta”.
Cuando se le pregunta qué es lo que más admira de Paula como compañera de navegación, Figueroa no tarda en responder. Habla de su motivación, disciplina y deseo constante de mejorar, cualidades que, según reconoce, han sido fundamentales durante la preparación para la justa regional.
“Todo lo que tú buscarías en alguien para que te acompañe en esto, ella lo tiene”, afirmó. “Uno ya está como arrastrando los pies y ella llega diciendo: ‘No, papá, hay que salir a entrenar’. Llega temprano, prepara el bote, quiere estar en el agua y siempre tiene preguntas. Tiene mucho interés y quiere hacerlo bien”.
Figueroa sonríe al describir el perfeccionismo de su hija. Incluso admite que en ocasiones debe recordarle que en el deporte no todo sale exactamente como se planifica.

“La tengo que calmar porque a veces lo quiere hacer todo perfecto. Y yo le digo: ‘Chica, no todo sale perfecto; la cosa es tratar de minimizar los errores’. Pero ella lo quiere hacer perfecto porque así es ella”, comentó.
Mientras relata el proceso, la voz del experimentado navegante se suaviza. Entonces deja a un lado las medallas, los campeonatos y las décadas de experiencia para resumir lo que realmente significa esta aventura compartida.
“Por fuera estoy serio, pero por dentro me estoy riendo como un niño chiquito”, confesó. “Esto ha sido un sueño hecho realidad”.
Paula, por su parte, asegura que compartir el bote con su padre le ha permitido apreciar aún más la dimensión de una trayectoria que hasta ahora conocía principalmente desde la distancia.
“Además de ser tremendo maestro, porque de verdad lo sabe hacer y lo sabe enseñar, tiene esas ganas de que uno aprenda y de que uno lo haga bien”, expresó. “Le puedo hacer una pregunta y él me la contesta de mil maneras diferentes hasta que la entienda”.
Aunque creció escuchando sobre los logros deportivos de Figueroa, la experiencia de entrenar y competir junto a él le ha permitido descubrir facetas que no se perciben desde la orilla.
“Uno conoce su trayectoria y sabe todo lo que ha ganado, pero realmente estar en el agua con él y ver lo que conoce es otra cosa”, relató.
Entonces, la navegante encontró una forma sencilla de resumir lo que ha significado compartir horas de entrenamiento con una de las figuras más importantes de la vela puertorriqueña.
“Él es un hombre del agua”, manifestó. “Es una cosa bien loca. Todas las preguntas que tú le tengas que hacer, él te las puede contestar. Y eso a mí me ha volado la cabeza”.

Pese a que padre e hija comparten el mismo objetivo competitivo, Figueroa asegura que la dinámica dentro del bote ha estado marcada por el disfrute.
Figueroa reconoció que durante años tuvo fama de ser exigente con sus tripulantes, especialmente en etapas más tempranas de su carrera. Sin embargo, asegura que el tiempo y la experiencia han cambiado su manera de abordar la competencia.
“Hay unos rumores malos de que soy un poco fuerte con mis tripulantes”, bromeó. “Quizás cuando era más joven era un poquito más fuerte. Pero ahora todo ha sido bastante relajado. No ha habido ningún grito ni ninguna mala palabra. Al revés, muchas sonrisas y muchas risas. La pasamos bien”.
Más allá de los entrenamientos y las regatas, Figueroa valora el tiempo que ha podido compartir con Paula en una etapa de la vida en la que los hijos suelen construir sus propios caminos.
“Mi hija tiene 25 años. Ya es una profesional, está haciendo sus cosas y cada vez el tiempo compartido con los hijos es menos”, reflexionó.
La preparación para Santo Domingo 2026 les ha regalado algo que no esperaba recuperar: varias horas a la semana a solas con ella.
“Se me ha dado la oportunidad de compartir dos, tres o cuatro días a la semana, uno a uno, en un bote donde somos dos y no hay más nadie”, contó. “Claro que hablamos del deporte, pero también hablamos de la vida, de cómo ella está, de cómo yo estoy y de las cosas que nos pasan. Eso es invaluable”.
Asimismo, Figueroa admite que nunca imaginó que la vela le brindaría una oportunidad así.
“Jamás”, respondió cuando se le preguntó si alguna vez visualizó esta experiencia. “Ya yo estaba bien con eso. Compartimos muchas otras cosas y otros intereses. Pero esto me ha sorprendido. Ha sobrepasado todas las expectativas”.
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