

9 de julio de 2026 - 11:10 PM


Aibonito - Más de 300 piezas de ropa, que estaban en desuso en el clóset de sus dueños originales, fueron desviadas antes de que llegaran a los vertederos del país. Más bien, recibieron otra oportunidad de brillar luego de ser intercambiados en el “Swap Party” del proyecto aiboniteño Bastidor.
La dinámica era sencilla. Las personas llegaban, entregaban hasta cinco artículos para intercambiar, que eran minuciosamente evaluados para constatar que estuvieran en buen estado. Luego, eran colocadas en percheros para que, como si fuera una tienda, las personas pudieran reclamar la misma cantidad de piezas que salieron de sus armarios.
“Recibimos ropa que está en buenas condiciones, pero las personas que ya no la utilizan porque ya no le sirven o porque fueron a comprar impulsivamente y entonces, cuando se las midieron bien, no encajaba con su estilo. Trayéndolas proponemos que haya ese intercambio con otra persona y que esa pieza pueda seguir circulando en vez de llegar al vertedero”, explicó Sandrimar Aponte Maldonado, fundadora de Bastidor.

El evento, que se realiza una vez al año, contó con la participación activa de 65 personas que llevaron ropa para intercambiar, quienes sumaron 147 libras de textil que no se desechó.
De esta manera, retan el modelo lineal de consumo en el que se centra en producción, comsumo y desecho. Más bien, apuestan a una economía circular, que propone “una reutilización, una reparación, quizás un rediseño y el reciclaje”.
Aparte del intercambio de ropa, el “Swap Party” incluyó talleres de “remiendos creativos”, mediante lo cuales se podían personalizar las piezas o arreglarlas para que les queden bien.
“Las personas, ahí mismo, si les gusta una pieza, la pueden llevar a que se la ajusten, a que le arreglen el ruedo o a que le hagan alguna alteración. Igual, si hay una pieza que tiene posibilidades pero tiene una mancha pues la pueden arreglar con un remiendo creativo. Eso a las personas le ha gustado mucho”, sostuvo Aponte Maldonado.
De hecho, la dinámica también incluye una canasta de “posibilidades” en las que incluyen prendas que tengan algún desperfecto que puede ser subsanado con un “remiendo creativo”.

Aparte del intercambio de ropa y los talleres, la actividad incluyó un coctel con vino y tapas para los participantes. Todo fue servido en vajilla rehusable, de manera que se minimizaran los desperdicios. Igualmente, fue amenizado con jazz en vivo. Para hacer posible este evento, Bastidor cuenta con una subvención del grupo Metamorfosis de la Montaña.
Como espacio perfecto para acogerles, la más reciente edición del “Swap Party” se realializó en la Casa Villa Julita, también conocida como la Casa Ulrich, una estructura histórica que, como la ropa que se intercambió, ha “remendado” su uso. De ser un hogar familiar, pasó a ser una casa de enfermos, luego un espacio educativo hasta ahora convertirse en un centro cultural.
El evento se realiza anualmente, en pleno verano. No obstante, Aponte Maldonado aspira a que la iniciativa sea dos veces por año. El segundo intercambio sería en noviembre, como contrapropuesta a las tradicionales ventas del madrugador y que, en vez de “Black Friday” haya un “Swap Friday”.

Aunque la primera edición del “swap party” se celebró en 2018, la iniciativa llegó a Aibonito en 2021, cuando Aponte Maldonado regresó a su pueblo luego de vivir 14 años en el área metropolitana.
“Ha sido un reto porque muchas personas opinan que la ropa de segunda mano es una porquería y nosotros tratamos de educar mucho a través de las redes sociales para para que el ‘Swap Party’ tenga una curaduría y que la gente lleve buena ropa”, explicó la fundadora de Bastidor.
Su conexión por la ropa de segunda mano se ancla en los momentos que compartía con su familia desde pequeña con los “hand-me-downs”, por lo que su inclinación por la moda sostenible, considera, “siempre ha estado”.
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