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Escuela de Villalba convierte salón en desuso en un museo que honra a Antonio Martorell

El artista acudió a la inauguración y elogió el esfuerzo de estudiantes y maestros

12 de mayo de 2026 - 8:05 AM

Un grupo de 25 alumnos, en su mayoría de décimo grado, lideró los esfuerzos dirigidos a crear el Museo de la Puertorriqueñidad Antonio “Toño” Martorell Cardona en la Escuela Superior Lysander Borrero Terry, en Villalba.
Un grupo de 25 alumnos, en su mayoría de décimo grado, lideró los esfuerzos dirigidos a crear el Museo de la Puertorriqueñidad Antonio “Toño” Martorell Cardona en la Escuela Superior Lysander Borrero Terry, en Villalba. (Suministrada)

Al entrar a la Escuela Superior Lysander Borrero Terry, en Villalba, los visitantes se encontraban con estudiantes tocando y bailando bomba. Adentro, unos alumnos interpretaban décimas, mientras otros tomaban fotos y ofrecían recorridos guiados.

Así transcurrió la inauguración del Museo de la Puertorriqueñidad Antonio “Toño” Martorell Cardona, que tuvo lugar el pasado lunes en el plantel. El museo, que exhibe trabajos hechos por estudiantes y por artistas del patio, es el resultado de un año de trabajo de maestros y estudiantes que rehabilitaron un salón en desuso para dedicarlo a la cultura puertorriqueña.

“Este museo nace por la necesidad de crear un espacio en el que pudiéramos recordar y presentar los trabajos que año tras año realizan nuestros estudiantes durante el Desfile de la Puertorriqueñidad”, informó José Enrique Laboy Gómez, maestro de historia y coordinador de la iniciativa.

Explicó que la escuela lleva 20 años realizando este desfile durante la Semana de la Puertorriqueñidad. Para el evento, cada salón hogar representa un pueblo de la isla y desfila por Villalba con pancartas y otros elementos elaborados por los alumnos.

“Con la disminución de estudiantes que se ha registrado en los últimos años, ahora las escuelas tienen salones que se han ido abandonando. Con el fin de recordar los trabajos de los estudiantes y recuperar ese espacio que se estaba perdiendo, nos dimos a la tarea de ir creando el museo”, relató Laboy.

Habilitar el salón tomó un año de labor para maestros y estudiantes, lo que incluyó limpiarlo, pintarlo, recaudar fondos y donaciones, recopilar los trabajos hechos por el alumnado y organizar la exhibición. Un grupo de 25 alumnos, en su mayoría de décimo grado, lideró los esfuerzos, y toda la comunidad escolar aportó de distintas maneras. “Es un maratón de trabajo que estos jóvenes han hecho en sus horas libres”, destacó el maestro.

Detalló que un 90% de las obras expuestas fueron hechas por estudiantes para el Desfile de la Puertorriqueñidad en los últimos cinco años, lo que incluye pancartas, maquetas, figuras de foam, dibujos y pinturas. También hay fotos históricas y artículos donados por artistas del patio y otros individuos e instituciones, como una máscara de vejigante y un traje utilizado en el Festival de Máscaras de Hatillo.

“Maravillado” Martorell

El museo lleva el nombre del artista Antonio Martorell “porque él combina bien el arte, la cultura y la comunicación”, afirmó Laboy.

El artista acudió a la inauguración del museo y recibió un recorrido guiado por alumnos, quienes investigaron y buscaron información sobre lo representado en la exhibición para poder explicarla a los visitantes.

“Me quedé maravillado. Es un esfuerzo estudiantil, profesoral, de los dirigentes de la escuela y de la comunidad de Vilalba”, manifestó Martorell. “Veo un ejemplo para el pueblo de Puerto Rico en el hecho de que se unan todos para crear un museo que, aunque pequeño, es muy significativo porque es sobre la historia nuestra y la puertorriqueñidad”.

“Es un ejemplo para el país que una escuela siga el precepto de educar educándose, aprendiendo y, a la misma vez, enseñando”, agregó el artista. “Me siento muy honrado de haber sido seleccionado para prestar mi nombre a un esfuerzo tan loable”.

Varios estudiantes se expresaron satisfechos con el trabajo realizado para darle vida al nuevo museo. “Este museo lleva meses en proceso, y yo he estado participando desde que era solo un salón de clases sin uso. Ver el desarrollo desde cero ha sido una experiencia de gran satisfacción”, manifestó Armando Martínez, quien cursa el décimo grado y ayudó a organizar el museo y a dar recorridos como guía.

Kahyla Daviette Rodríguez, de décimo grado, dijo que su participación en el proyecto “me ha permitido aprender de la cultura de nuestra isla y nuestros artistas... De igual forma, he aprendido a liderar y trabajar en equipo de una manera más conveniente y a compartir mi conocimiento con el público”. La joven fungió como curadora, diseñadora de exposiciones y guía.

Para Meliany Colón, de décimo grado y quien ayudó a pintar y decorar, “la idea de rescatar estos espacios es un verdadero arte”. La joven, quien también hizo de guía, agregó que “esta iniciativa nos llena de orgullo y ser parte de ella es una experiencia única e inolvidable”.

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