

12 de mayo de 2026 - 8:51 AM

Un joven de 18 años cuyo caso exhibió el rostro más duro de la política migratoria de Donald Trump, murió este domingo en Durango, apenas horas después de ver y abrazar a sus padres, a quienes el gobierno estadounidense no permitía salir del centro de detención de migrantes donde se encontraban para reunirse con su hijo.
Una tía y un hermano de Kevin González confirmaron su deceso a NBC Chicago. También confirmó la noticia el representante demócrata Chuy García, quien siguió de cerca el caso.
“Estoy profundamente apenado y con el corazón roto al enterarme de que Kevin González ha fallecido. Sus padres lograron reunirse con él en Durango, pero debieron haber tenido más tiempo juntos”, publicó García en X.
“Honramos a Kevin y a su familia, comprometiéndonos a seguir luchando por un sistema migratorio humanitario que trate a todas las personas con dignidad”, añadió.
Kevin, ciudadano estadounidense, fue diagnosticado con cáncer de colon este año. La enfermedad se le extendió al estómago y los pulmones y los médicos dijeron que no había nada que hacer. El joven se encontraba en Estados Unidos cuando recibió el diagnóstico. Sus padres, Isidoro González Avilés y su esposa, Norma Anabel, quienes ya habían sido deportados previamente de Estados Unidos, estaban en Durango, de donde son originarios.
Pero al enterarse de la noticia, Norma e Isidoro decidieron que querían estar con su hijo y cruzaron la frontera a Estados Unidos de forma irregular. Fueron detenidos en Douglas, Arizona, y trasladados a un centro de detención, con el agravante de los intentos previos.
Kevin viajó a Durango, esperando reunirse con sus padres, pero al llegar se enteró de que ellos estaban retenidos en Estados Unidos. El joven se quedó con su abuela y pidió al gobierno de Estados Unidos le permitieran reunirse con sus padres antes de morir.
Las autoridades consulares mexicanas también intervinieron en el caso, igual que congresistas demócratas.
El jueves pasado, un juez de inmigración ordenó la libertad inmediata de los padres. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) los liberó el viernes. El sábado, finalmente, Norma e Isidoro pudieron abrazar a su hijo, tras estar detenidos desde el 14 de abril en el Centro Correccional de Florence, Arizona.
“Vas a ver que te vas a poner bien mi amor”, dijo Norma a su hijo en el reencuentro. “Los doctores pueden decir muchas cosas, pero solo Dios sabe”.
“Me arrodillé a sus pies. Le dije que lo sentía si alguna vez lo decepcioné como padre y que lo amaba”, contó Isidoro sobre lo que habló con su hijo al verlo.
La congresista Delia C. Ramírez, otra de las que luchó por la reunificación de Kevin con sus padres, publicó en X: “Me rompe el corazón saber que Kevin murió hoy, no mucho después de reunirse con sus padres. Gracias al amor y al poder de nuestra comunidad, murió rodeado por su familia”.
Añadió que “para honrar la memoria de Kevin, sigamos luchando por un mundo más compasivo y justo que honre nuestra humanidad y dignidad. ¡Descansa en paz, Kevin!”.
El joven se encontraba en la casa de su abuela Victoria, en Durango, donde pasó sus últimos días de vida tras viajar desde Chicago con la esperanza de reencontrarse con sus padres.
Su enfermedad es un cáncer de colon en etapa 4 que ya se ha extendido al estómago y pulmones. Su condición se ha deteriorado significativamente y ya no recibe tratamiento médico, solo cuidados básicos de su abuela.
“Al dolor físico se suma la angustia emocional por la ausencia de sus padres y la impotencia de no estar con ellos”, había dicho Victoria a medios locales.
La historia de Kevin comenzó durante la Navidad pasada, cuando se sintió mal y después le diagnosticaron cárcel avanzado de colon en estado terminal.
Al saber que estaría viviendo sus últimos días, Kevin abordó un vuelo de regreso a México para despedirse de sus padres, pero éstos ya no estaban en Durango, sino en un centro de detención.
Enterados de la mala noticia, sus padres intentaron cruzar ilegalmente la frontera en una acción desesperada para ver a su hijo en EE.UU., porque debido a antecedentes previos de una deportación en 2011, no lograron visas humanitarias o de turista para ingresar al país.
Según su familia, ninguna solicitud funcionó. Ni los documentos médicos del Hospital de la Universidad de Chicago, ni el diagnóstico terminal, lograron convencer a las autoridades estadounidenses de otorgarles una visa humanitaria.
Previo al reencuentro, el único contacto con Kevin lo tuvo su madre, que logró hablar con él a través de una videollamada desde el centro de detención.
La congresista por Arizona, Adelita Grijalva, había pedido públicamente la liberación inmediata de los padres, señalando que se trata de un asunto de “decencia humana”.
La cónsul general de México en Chicago, Reyna Torres Mendívil, dijo que Chicago trabajó junto al consulado de México en Tucson para coordinar la defensa legal de los padres y la futura asistencia para facilitar la repatriación una vez liberados.
Su colega Fernando Sánchez, cónsul de México en Tucson, dijo a medios locales que en una audiencia se presentarían cargos por “reingreso indocumentado”, y se decidiría si enfrentarán cargos penales o simplemente serán repatriados.
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