

30 de septiembre de 2026 - 11:27 AM

El ejército de Estados Unidos anunció el miércoles que ha completado la retirada de todas sus tropas de Irak, poniendo fin a una misión de 12 años para combatir al grupo extremista Estado Islámico. Los últimos efectivos estadounidenses abandonaron la base aérea en la que habían estado destinados, en el norte de Irak, en virtud de un acuerdo entre Bagdad y Washington.
La retirada, acordada hace dos años, se produjo en medio de la guerra en curso entre Estados Unidos e Irán —que en ocasiones ha afectado a Irak—, con milicias respaldadas por Teherán disparando contra efectivos estadounidenses y el Pentágono atacando los bastiones de esos grupos.
En los últimos años, Washington ha dado la impresión de querer reorientar su enfoque de Oriente Medio hacia Asia, pero ese cambio ha sido inconsistente, ya que el Pentágono ha alternado entre reducir su presencia en Oriente Medio y involucrarse en nuevos conflictos, incluida la guerra que se está librando actualmente en Irán.
Bagdad presentó el fin de la misión estadounidense como una señal de la creciente fortaleza y soberanía del país.
La retirada fue celebrada por grupos respaldados por Irán, pero a otros iraquíes les parece preocupante, especialmente en la región kurda, donde muchos temen un resurgimiento del Estado Islámico, así como nuevos ataques de grupos vinculados a la República Islámica, posiblemente envalentonados por la salida de las fuerzas estadounidenses.
Mientras tanto, surgen dudas sobre el futuro de las milicias iraquíes, a las que el Gobierno de Bagdad ha intentado —sin mucho éxito hasta ahora— desarmar.
El portavoz del Pentágono, Sean Parnell, señaló en un comunicado que las tropas y los equipos estadounidenses habían completado una “retirada ordenada” de la base aérea de Irbil, en la región kurda semiautónoma del norte de Irak.
“Este hito refleja el éxito de una campaña de 12 años que acabó con el ISIS como amenaza militar organizada en Irak y en toda la región”, afirmó. “Supone también una transición de una misión de coalición en tiempos de guerra a un esfuerzo de seguridad liderado por Irak, respaldado por una relación bilateral de seguridad más normal”.
Añadió que el ejército de Estados Unidos “seguirá proporcionando formación específica y apoyo en materia de inteligencia a nuestros socios iraquíes”.
El primer ministro iraquí, Ali al-Zaidi, presidió la ceremonia de entrega de la base y describió la retirada como el comienzo de “una nueva etapa, caracterizada por la soberanía de Irak, la solidez de sus instituciones, la preparación de sus fuerzas, la unidad en la toma de decisiones y las relaciones equilibradas con sus amigos”.
Afirmó que las fuerzas de seguridad iraquíes seguirán luchando contra el Estado Islámico y que el Gobierno se asegurará de que los grupos no estatales ya no dispongan de armas.
Las tropas estadounidenses invadieron Irak en 2003 para derrocar a Saddam Hussein. Se retiraron en 2011, pero tres años después, las autoridades iraquíes invitaron a una misión más reducida, encabezada por Estados Unidos, para combatir al grupo extremista Estado Islámico, que había arrasado el país y se había apoderado de grandes extensiones de territorio.
Dado que el grupo extremista se había reducido a células durmientes dispersas, Washington y Bagdad acordaron en 2024 poner fin gradualmente a la misión.
Las tropas estadounidenses se retiraron de las bases situadas en la mayoría de las zonas de Irak el año pasado, pero mantenían una pequeña presencia de cientos de efectivos en la región kurda semiautónoma del norte. Esas bases han sido atacadas con regularidad desde que Estados Unidos e Israel iniciaron su guerra contra Irán el 28 de febrero. Las milicias iraquíes respaldadas por Teherán también se han coordinado con los rebeldes hutíes de Yemen para atacar a Arabia Saudí.
En un primer momento, el Gobierno iraquí vinculó la fecha límite del 30 de septiembre para la retirada de Estados Unidos al desarme, para esa fecha, de los grupos armados no estatales.
Aunque un puñado de milicias con escasa influencia ha aceptado entregar las armas, los grupos poderosos cercanos a Irán rechazaron esa posibilidad o impusieron condiciones para el desarme que es poco probable que el Gobierno pueda cumplir.
Desde entonces, Al-Zaidi se ha retractado de ese plazo. En declaraciones a The New York Times a principios de mes, afirmó que la fecha límite para que las milicias depongan las armas se ha pospuesto hasta junio de 2027.
Es posible que los efectos de la retirada de Estados Unidos no se noten de inmediato, sobre todo porque su presencia militar ya se había reducido. Sin embargo, las autoridades de la región kurda iraquí han expresado su preocupación por esta salida y, en especial, por la retirada de los sistemas de defensa aérea estadounidenses.
El Ministerio de Peshmerga del Gobierno regional kurdo señaló que la región kurda sufrió más de 1.000 ataques con drones y misiles balísticos durante el reciente conflicto entre Estados Unidos e Irán.
“La retirada de Estados Unidos de la región del Kurdistán en estas complejas circunstancias regionales, sin que se haya establecido un sistema de defensa, es motivo de preocupación”, afirmaba el comunicado.
Los grupos aliados de Irán en Irak, por su parte, han celebrado la retirada de Estados Unidos.
“La expulsión de las fuerzas de ocupación, derrotadas, del territorio iraquí supone el inicio de la plena soberanía”, afirmó en un comunicado Abu Mujahid al-Assaf, un responsable de seguridad de la poderosa milicia Kataib Hezbollah.
Añadió una advertencia dirigida a al-Zaidi y a su Gobierno para que no llevaran a cabo los planes estadounidenses, y amenazó con que “cualquier Gobierno que no trabaje en beneficio del pueblo será derrocado por todos los medios”.
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