Uno de los salones de Ciencia de Saint John’s School está equipado con un observatorio de abejas, una caja de cristal que permite que estos insectos entren y salgan a través de un hueco en la pared. (David Villafañe)

El devastador impacto del huracán María sobre la población de abejas en la isla motivó a la estudiante Isabelle Ramseyer a desarrollar una iniciativa que educa sobre la importancia de esta especie en el planeta y, al mismo tiempo, fomenta su conservación.

El proyecto lleva por nombre “Be a bee”, e inició cuatro meses después de María, en enero de 2018, en Saint John’s School en Condado, donde Ramseyer cursa el undécimo grado. Desde entonces, otras escuelas –públicas y privadas– se han unido al esfuerzo, lo que la joven, de 17 años, describe como un “gran logro”.

Después del huracán, veía en las redes sociales que se pedía que colocáramos platos con azúcar y agua para alimentar a las abejas, y de ahí surgió mi interés. Quería saber por qué había que alimentarlas, por qué con platos de agua con azúcar, y empecé mi investigación. El resultado fue que me enamoré de las abejas”, relató.

Acto seguido, desarrolló un plan de acción con el apoyo de su madre, Roselly Ramseyer-Torres, y la maestra de Matemáticas Rosalía Eiffert, quien se convirtió en consejera de la iniciativa. El primer grupo de trabajo lo conformaron, inicialmente, los amigos de Ramseyer, pero luego se unieron estudiantes de todos los grados.

A “Be a bee” también se unió la maestra de Ciencias Lyaned Rivera y el profesor Bert Rivera Marchand, de la Universidad Interamericana en Bayamón, en calidad de mentor científico.

En febrero de 2018, el Departamento de Agricultura reportó que entre el 80% y 90% de la población de abejas en la isla no resistió el embate de María.

Tres pilares

Ramseyer explicó que “Be a bee” se sostiene de tres pilares: educación, observaciones científicas y empresarismo social.

A través del pilar de educación, la iniciativa se extendió a la Escuela Segunda Unidad Rogelio Rosado Crespo, en Yabucoa. Allí, los alumnos desarrollaron el proyecto “Huerto caseros y las abejas”, que fue reconocido por el Departamento de Educación, y ahora trabajan en “Bees in action”.

“Be a bee” también se ha expandido a tres escuelas privadas en San Juan: Colegio María Reina, Colegio San Ignacio y Colegio La Piedad.

“Nuestro enfoque, en los próximos meses, es envolver a otras escuelas. Les damos charlas y van a tener observatorios educativos, como el que tenemos en Saint John’s, para que puedan aprender sobre cómo se comportan las abejas y cómo trabajan las colmenas”, dijo.

“También, estamos asociados con Boys & Girls Clubs of Puerto Rico y vamos, cada dos semanas, a darles charlas y actividades. Damos charlas en el EcoExploratorio, y cada mes visitamos el apiario de Para la Naturaleza en la Hacienda La Esperanza en Manatí. Además, tenemos una alianza con el Museo de Culebra, donde colocamos un observatorio para tener datos y comparar el comportamiento de las abejas en los contextos urbano y rural”, agregó.

Bajo el pilar de observaciones científicas, se logró una alianza con TheBee Cause Project en Savannah, Georgia, para el suplido de los observatorios que se instalan en las escuelas y entidades participantes. Los observatorios son cajas, con un cristal transparente, en las que las abejas viven. Pueden entrar y salir a través de un hueco en la pared.

“Pasamos horas observando y documentando todo lo que vemos en el observatorio”, señaló.

En esa misma línea, Rivera Marchand destacó que los jóvenes de Saint John’s School han documentado en vídeo, por ejemplo, cómo una abeja reina pone huevos y cómo las obreras “indican con su baile” dónde está el polen.

“Las abejas, cuando llegan de buscar comida (el polen es proteína para las larvas), hacen un movimiento en forma de ocho y en el medio, vibra. El ángulo que crean es el de la flor con relación al sol, y la cantidad de vibraciones es la distancia desde la colmena hasta la comida. Es un medio de comunicación”, explicó.

“Lo otro que estamos viendo es cómo las abejas en zonas urbanas logran sobrevivir con pocas flores y mucho cemento”, abundó, al resaltar que, en Condado, por ejemplo, las abejas buscan polen en las palmas de coco ante la escasez de otras fuentes, como árboles frutales.

Ramseyer indicó, entretanto, que, mediante el pilar de empresarismo social, han desarrollado una línea de productos –a base de cera de abejas–, y los venden en ferias y actividades.

Los alumnos crean jabones, velas, difusores, humectantes labiales y “body splashes”, entre otros artículos. Los recaudos de las ventas nutren el fondo de becas de Saint John’s.

Agenda llena

Además de llegar a más escuelas, lo próximo en la agenda de “Be a bee” es la construcción de un techo verde o jardín en Saint John’s School, indicó Eiffert. Fue diseñado por el estudiante Gavriel Faigenblat y estaría listo en febrero de 2020. En el jardín, se sembrarían especies “de alto beneficio para las abejas”, como romero, lavanda, ají, tomate y girasol, entre otras.

Además, en alianza con The Bee Cause Project, se establecerá un santuario de abejas en una comunidad. Ramseyer afirmó que “será un lugar de educación y protección” de abejas.

En algún momento durante el próximo semestre académico, se celebrará una cumbre en Saint John’s School, a la que serán invitadas escuelas públicas y privadas para que vean el observatorio de abejas y se fomenten discusiones sobre cómo proteger la especie.

“Yo quisiera que el legado que empezó Isabelle continúe con nuestros estudiantes. Que sea un club fijo en la escuela, donde continúen apoyando el esfuerzo, y que además sea parte del currículo de ciencias de todas las escuelas”, expresó, por último, Lorraine Lago, “head master” de Saint John’s School.


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