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Basado en hechos que el periodista haya observado y verificado de primera mano, o en información verificada que proviene de fuentes bien informadas.

Desde las afueras de “La Neverita”: la angustiante espera para ver o no ver a un familiar detenido por ICE

Familias llegan muchas veces hasta el centro de detención temporero en Guaynabo sin la certeza de que lograrán abrazar a su ser querido antes de que sea trasladado a Estados Unidos o deportado

16 de agosto de 2026 - 11:10 PM

El centro de retención temporero de ICE cercano a la cárcel federal, en Guaynabo, donde los inmigrantes son retenidos antes de ser deportados o trasladados a otro centro en Estados Unidos. (Carlos Rivera Giusti/GFR Media)

Abre la ventana del pasajero y su cuerpo tiembla mientras el calor de agosto aprieta. Se quita los espejuelos para secar sus lágrimas. Aún le cuesta describir lo que está viviendo después de viajar en la madrugada desde Massachusetts hasta Puerto Rico de emergencia en busca de ver a su papá, a quien detuvieron el día antes, en Barrio Obrero, mientras compraba un desayuno para su hermanito.

Gibelis Cortorreal José, de 20 años, aterrizó a las 12:00 a.m. en el Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín para tratar de visitar a su progenitor. Mientras ella aguarda en el vehículo, su papá está recluido en el centro de detención temporero del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE, en inglés), conocido como “La Neverita” por el frío al interior de sus instalaciones, un contraste muy marcado ante el calor extremo que sufren los visitantes al esperar entrar.

Cuando me llamaron, estaba durmiendo. La mamá de mi hermanito a las 6:00 a.m. me llamó y me dijo que se habían llevado a mi papá”, se detiene a tomar aire al recordar la llamada del martes, 4 de agosto.

“Él estaba comprando un desayuno con mi hermanito. Estaban ellos nada más. El nene, de 8 años, llamó a su mamá y ella llegó y lo buscó. Busqué el primer vuelo y vine”, comparte la joven mientras aguarda para poder verle antes de que sea trasladado.

Ambos llegaron a las 9:00 a.m. al centro de detención, en donde los inmigrantes no deben estar más de 72 horas. Rafael Santana, conductor de Gibelis, se considera un “buen amigo” de su papá. Se conocen desde 2001, porque trabajaron juntos.

“Yo sabía dónde quedaba (La Neverita), porque, hace más de 15 años, vine a visitar un primo que estuvo arrestado”, cuenta.

“Él abrió un proceso nuevo y estaba en eso. Como ahora no tiene los recursos económicos… Me llegó a llamar en la tarde, a dos horas de que lo arrestaron”, narra el dominicano.

No había podido verlo desde que fue esposado frente a su hijo la mañana antes. “Ojalá me dejen verlo”, dice, por su parte, la puertorriqueña, hija de padres inmigrantes y con muy pocas horas de sueño.

Tenía papeles en la mano que buscó de emergencia para entregárselos a su papá o a sus abogados. En su comunidad en Massachusetts, las redadas también han intimidado a sus vecinos. “Pasan muchas guaguas (de ICE) por la calle”, comparte.

El tiempo seguía corriendo, pero el guardia no regresaba para darle indicaciones. Los dos esperan en el auto, ya que no hay ningún banco o carpa para protegerse del sol. Mientras converso con otro visitante dominicano que logró ver a un detenido, me llama Rafael para decirme que se comunicaron al cuadro de ICE, pero recibieron otras instrucciones.

Cuando regresó a su vehículo, sus semblantes habían cambiado. Otra mala noticia: no podrán verlo ese día. Debe ser reprocesado y no tiene citas por este proceso burocrático, uno más de los muchos que pasan familias migrantes para vivir en este territorio estadounidense.

“Llamamos a este número”, dice al mostrarme el papel con el “787-774-4162” anotado, el mismo número que aparece en el San Juan Staging Facility, como se identifica La Neverita en Google Maps.

Me dijeron que tienen que reprocesarlo para poder tener visitas. Debido a eso no lo podemos ver. Nos dijeron que ya mañana (jueves) tiene visitas. (…) Así es. Esta es la burocracia”, explica y procede a encender su vehículo para irse, un poco frustrado, sin lograr su objetivo.

La Oficina de Ejecución y Deportación del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, en inglés), en el segundo piso del San Patricio Office Center. Allí, los inmigrantes arrestados son procesados.
La Oficina de Ejecución y Deportación del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, en inglés), en el segundo piso del San Patricio Office Center. Allí, los inmigrantes arrestados son procesados. (Adriana Díaz Tirado)

La Neverita es una típica instalación federal cuasimilitar, en la que nadie se atreve a violar las normas y se espera que oficiales de seguridad ordenen qué hacer. Todo se escucha y todo se graba. Sin embargo, su fachada parece ser muy diferente a otros centros de detención reportados por medios internacionales. Por sus instalaciones han pasado cientos de inmigrantes detenidos. El movimiento es rápido por las cuotas que, según ha trascendido, ha establecido el gobierno federal.

Al cruzar la cárcel federal en la avenida conocida como “La Goya” en Guaynabo, encuentras la entrada de “La Neverita”, en un edificio federal de la Administración de Servicios Generales de Estados Unidos, identificado con una estructura de cemento color azul claro, en el que, a plena vista, aparecen unas pequeñas iniciales de ICE a las afueras de la facilidad, que es resguardada por verjas de “cyclone fence”.

Antes de que llegaran Rafael y Gibelis, fui la primera en estacionarme a las 8:40 a.m., cercana a la caseta de los guardias, pero no salía nadie. Todavía no había ningún visitante esperando bajo el sol, como había visto en otras ocasiones. Solo percibía el silencio e incertidumbre que reinan en aquel lugar, el mismo que sufren muchas familias cuando desaparecen inmigrantes de sus vecindarios.

Me habían anticipado que trasladarían a varios obreros migrantes detenidos en Cabo Rojo y Moca el día antes. Los visitantes deben sacar cita de antemano para acceder a las instalaciones, pero eso tampoco es seguro, porque pueden suspenderse en cualquier momento por orden de ICE.

Desde 2011, Puerto Rico no cuenta con un centro de detención cuando se cerró el de Aguadilla por denuncias de derechos civiles.
Desde 2011, Puerto Rico no cuenta con un centro de detención cuando se cerró el de Aguadilla por denuncias de derechos civiles. (Carlos Rivera Giusti/GFR Media)

“Es como si fuera mi hijo”

En medio de la fallida visita de Rafael y Gibelis, se estaciona otro vehículo con una mujer que vestía un ‘scrub’ y un gorro de tela que cubría su cabello. Eran ya las 10:20 a.m. y lucía un poco desesperada porque debía ir a su trabajo.

Me acerco, pero ella aún hablaba por teléfono, evidentemente molesta. Acepta que grabe la conversación, pero sin darme su nombre por miedo a represalias en su trabajo o contra el hijo de su amiga, a quien vino a ver, y quien está lejos de su familia biológica.

Vine a visitar al hijo de una amiga que quiero mucho. Ella, ahora mismo, está en Santo Domingo mala de los nervios porque su hijo, saliendo a trabajar ayer, lo cogieron (en Cabo Rojo)”, contesta la mujer desde la puerta del conductor de su camioneta.

Ajustó su horario en el trabajo para poder visitarle y entregarle dinero para comprar comida y artículos de higiene. “Me dijeron que tengo que venir en la tarde, a la 1:00 p.m. Tengo que llamar a la 1:00 p.m. para ver si ellos van a aceptar visitas. Eso es un atropello. Como tú estás viendo, no hay nadie esperando. ¿Qué te cuesta dejarme pasar cinco minutos para poder verlo?”, vocifera desde su vehículo.

La puertorriqueña me cuenta que su amiga recibió una llamada de su hijo para dejarle saber que lo habían arrestado. Un vehículo interceptó la camioneta que lo trasladaba a él y dos compañeros, saliendo de un alquiler a corto plazo de camino a otro proyecto de construcción en Cabo Rojo.

Ella me llamó a mí para ver si la podíamos ayudar. Como la quiero como si fuera mi hermana, le dije que estuviera tranquila, que la podía ayudar. (…) Es como si fuera mi hijo. Tiene 29 años y lleva casi 10 años aquí. No tiene historial criminal, lo que está es trabajando para darle de comer a su mamá y sus hermanas en la República Dominicana”, defiende.

Se acerca nuevamente al portón al ver un oficial de detención, vestido con un pantalón crema y una camisa gris con el logo de la compañía de seguridad Allied Universal, quien le indica que las visitas van a estar disponibles “siempre y cuando” no sean interrumpidas por el flujo de detenidos. A veces, llaman los directivos de ICE, desde Estados Unidos, con instrucciones.

Hubo un “stop” en las visitas por “movimiento de detenidos”, explica sobre el retraso. Paso seguido, le responde que ya podía entrar a verlo, pero debía dejar su teléfono en el vehículo.

Ambiente a las afueras del centro de retención temporero de ICE. Esa es la recta que deben caminar hasta la entrada de la oficina de ICE para ver a sus seres queridos.
Ambiente a las afueras del centro de retención temporero de ICE. Esa es la recta que deben caminar hasta la entrada de la oficina de ICE para ver a sus seres queridos. (Carlos Rivera Giusti/GFR Media)

Fue de prisa a su camioneta a dejar el móvil. Solo tenía en la mano unos billetes. Ya el reloj marcaba las 10:50 a.m. Mientras caminaba una recta larga hacia la entrada del centro de detención, otra joven se acerca a la entrada a esperar su turno para ver a suegro.

A las 11:28 a.m., la puertorriqueña se acerca al portón peatonal para salir. Viene acompañada por el mismo oficial que empujaba un carrito con las pertenencias de los inmigrantes. Trasladaba tres bolsas transparentes y un bulto deportivo con los logos de ICE y Homeland Security. Estaban llenas de ropa y sábanas. Era todo el equipaje de los jóvenes obreros que viajaban de pueblo en pueblo para construir casas y proyectos turísticos.

La mujer lucía más calmada y coloca las pertenencias de los jóvenes en la parte trasera de su auto. Había logrado ver a dos de los tres jóvenes arrestados en Cabo Rojo: 25 minutos con el primero y 15 minutos con otro, precisó.

El agente me entró y me leyó las normas. Desde que accedes el portón, ellos te están grabando con cámaras y audio. Te entran a un cuartito, sacan a la persona… Todo el mundo escucha lo que hablas. Le expliqué el proceso con la abogada”, describe.

Estaba triste y afligido. Salieron a trabajar. No han podido dormir bien. Los trasladaron de Aguadilla para acá (Guaynabo) y llegaron a las instalaciones a la 1:00 a.m. sin comer. Pudo comer esta mañana”, continúa después de contar que pudo abrazarlo antes de que saliera de Puerto Rico.

El martes 4 de agosto, ICE detuvo a tres jóvenes obreros inmigrantes sin estatus migratorio definido en Cabo Rojo. Estas son sus pertenencias.
El martes 4 de agosto, ICE detuvo a tres jóvenes obreros inmigrantes sin estatus migratorio definido en Cabo Rojo. Estas son sus pertenencias. (Adriana Díaz Tirado)
Equipaje con ropa, sábanas, zapatos y artículos de higiene personal de inmigrantes detenidos que fueron entregados a allegada de los detenidos.
Equipaje con ropa, sábanas, zapatos y artículos de higiene personal de inmigrantes detenidos que fueron entregados a allegada de los detenidos. (Adriana Díaz Tirado)

Había alrededor de 18 detenidos y “están todos juntos”, recuerda sobre la conversación con el detenido. “No había ningún tipo de privacidad”, reitera.

Para ver a los detenidos por ICE, los oficiales le explicaron que debe llamar antes para verificar si hay visitas. “Pero, cuando llego aquí, me pueden decir, de repente, que no hay visitas, porque esas son reglas de ellos. Pueden suspender la visita por cualquier cosa”, subraya.

“En la medida que yo pueda, voy a intentar visitarlo todos los días hasta que lo trasladen”, asegura, al cerrar la puerta trasera de su vehículo.

Los jóvenes obreros arrestados no sabían a dónde iban a ser trasladados, ya que habían determinado no firmar la salida voluntaria para ser deportados de inmediato.

Voy a llamar a la mamá y el papá de camino para decirles que están bien y que cuentan conmigo. Van a aguantar el proceso porque ellos entienden que no estaban haciendo nada malo”, comenta y se despide en su auto de camino a su trabajo, apurada debido a los retrasos.

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Fue detenida por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, a pesar de que tenía aprobado un perdón migratorio.

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