

10 de septiembre de 2026 - 6:21 PM


La directora de la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (Assmca), Catherine Oliver Franco, mostró este jueves preocupación por el uso inadecuado de medicamentos en los adultos mayores, especialmente de benzodiacepinas –ansiolíticos que deprimen el sistema nervioso para calmar la ansiedad– ante estadísticas que reflejan más de 2 millones de dispensaciones de este medicamento el año pasado.
“Como profesionales de la conducta humana, miremos lo que ellos están consumiendo y el efecto de los medicamentos, que quizás, en una buena evaluación farmacológica, podemos llevarlos a una mejor calidad de vida y que se traten las condiciones adecuadamente”, sostuvo la doctora Oliver Franco, durante la Cumbre de Salud Mental de la Asociación de Hospitales de Puerto Rico.
La también presidenta de la Comisión Asesora del Programa de Monitoreo de Medicamentos Controlados de Puerto Rico (PDMP) de Assmca reconoció que han visto “alertas” sobre un aumento en las dispensaciones de benzodiacepinas y opioides a nivel isla.
“Hemos estado monitoreando qué médicos primarios están mezclando benzodiacepinas y opiodes. Tenemos una bomba de medicamentos para ellos, y por eso es que mitigan el hambre con medicamentos, muchos de ellos no se pueden levantar. Es importante revisar”, subrayó Oliver Franco.

Víctor Serrano Román, gerente de proyectos de la Oficina de Programas Federales de Assmca, precisó que, en 2025, se registraron 2,000,645 recetas de benzodiacepina a unos 584,694 pacientes, siendo el grupo mayor el de 60 a 74 años.
Diariamente, se recopila información que es integrada por los farmacéuticos a cada farmacia registrada para medir esas frecuencias. “Ahí, se observan esos patrones relacionados a tendencias de pacientes con múltiples prescripciones y múltiples visitas a farmacia para la dispensación del medicamento. Se observan combinaciones de opioides con benzodiacepinas como parte de ese proyecto”, dijo Serrano Román.
Este medio solicitó conocer la cantidad de alertas sobre dosis y dispensaciones repetidas, así como “pacientes en alto riesgo y sobredosis no intencional por la mezcla de medicamentos” por regiones en lo que va de año, pero al cierre de esta edición no se había compartido la información.
“El punto aquí no es criminalizar, sino hacer un análisis consciente de la necesidad clínica y farmacológica cuando lo es, y, de ser necesario, que los prescriptores tomen medidas necesarias para identificar si realmente ese tratamiento farmacológico es seguro o si hay alternativas adicionales a las que el paciente puede solicitar o ser referido”, puntualizó Serrano Román.
El Nuevo Día alertó el domingo sobre pacientes que acudían a una farmacia en Yauco para buscar sus recetas de benzodiacepinas para el insomnio, y comentaban a las farmacéuticas que esas sustancias les permitían “olvidar el hambre”.
El doctor Humberto Cruz Esparra, sicólogo clínico de CIMA del Sistema de Salud Menonita, ha visto casos dramáticos en los que el delirio y otros defectos cognitivos hacen que pacientes “confundan medicamentos con comida”.
“Hemos visto un muy mal manejo de cómo se adhieren a sus tratamientos. Se les olvidan los medicamentos, se los toman de más y, muchas veces, se los dejan de tomar porque no quieren mejorar hasta lograr morir. Tan lejos como ayer, atendimos a un paciente por haberse tomado de 15 a 20 pastillas que no sabía, en el contexto de delirio. Estamos teniendo poca supervisión de familia”, contó Cruz Esparra.
“Hay que trabajar sobre el deterioro cognitivo, el manejo inadecuado de los medicamentos que lo puede llevar de una condición crónica a un uso problemático de sustancias y después va a ser difícil salir. (...) Es importante que tomen consciencia porque ellos, a veces, llaman (a la Línea PAS) simplemente para que los escuchen, porque se sienten solos”, sostuvo, en tanto, Oliver Franco.
En la cumbre de salud mental, el presidente de la Asociación de Hospitales, Jaime Plá Cortés, advirtió también sobre la condición económica de pacientes geriátricos que hasta tienen que “picar sus pastillas en dos” para rendirlas, lo que complica la adherencia a sus tratamientos.
“Queremos ayudar al paciente, pero, una vez está fuera del ambiente hospitalario, no tenemos control sobre él. Según el grupo de adultos mayores va creciendo, su problema se va agudizando porque dejan de tener cuidadores. El Estado necesita crear un programa de cuidadores más robusto. Vamos a tener que ser más creativos con los presupuestos que tenemos”, sostuvo el licenciado Plá Cortés.
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