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¿Qué es la siembra de nubes y por qué puede ser compleja en Puerto Rico?

Conoce cómo funciona esta técnica, cuáles condiciones atmosféricas necesita y hasta dónde llegan sus alcances

9 de septiembre de 2026 - 11:23 AM

Nubes altocumulus en el área de Trujillo Alto en la mañana del viernes, 23 de octubre de 2020.
Contrario a lo que su nombre podría sugerir, la técnica no crea nubes ni lluvia de la nada. (Suministrada)

En momentos en que la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) puso en marcha un proyecto de siembra de nubes sobre las cuencas de los embalses Carraízo y La Plata para intentar aumentar la lluvia, resurgen preguntas sobre cómo funciona realmente esta técnica y cuáles son sus limitaciones en Puerto Rico.

La siembra de nubes es una técnica de modificación de las condiciones del tiempo que busca aprovechar el agua que ya existe dentro de determinadas nubes y favorecer que se convierta en precipitación.

Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, en inglés), el procedimiento requiere liberar sustancias en la atmósfera para favorecer que el agua se condense o se congele alrededor de esas partículas y forme gotas o cristales capaces de precipitar.

Contrario a lo que su nombre podría sugerir, la técnica no crea nubes ni lluvia de la nada. Para que pueda utilizarse, primero tienen que existir nubes con las características adecuadas y suficiente humedad.

Una evaluación publicada en 2024 por la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de Estados Unidos (GAO, en inglés) establece que estas operaciones solo pueden aumentar la precipitación cuando está presente el tipo correcto de nube.

¿Cómo funciona?

Los métodos varían dependiendo de las características de las nubes.

De acuerdo con el informe de la GAO, en el caso de las nubes frías, se pueden introducir partículas, como yoduro de plata, para favorecer la formación de cristales de hielo a partir del agua que ya está presente en la nube.

En las nubes cálidas o mixtas, pueden utilizarse partículas higroscópicas, entre ellas algunas sales, para favorecer que pequeñas gotas de agua choquen, se unan y crezcan hasta alcanzar un tamaño que les permita caer como lluvia.

Entre los materiales utilizados regularmente se encuentran el yoduro de plata, cloruro de sodio y otras sales, hielo seco y propano líquido, según la evaluación de la GAO. Estos pueden dispersarse mediante aviones, generadores instalados en tierra, cohetes y otros mecanismos.

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Este embalse suple agua a los municipios de San Juan, Trujillo Alto, Carolina, Canóvanas y Gurabo. Actualmente, miles de familias carecen de agua potable y se enfrentan a un plan de racionamiento.

¿Por qué puede ser más complicado en Puerto Rico?

En Puerto Rico, uno de los principales retos es la propia naturaleza de las condiciones del tiempo.

Científicos han advertido, tanto durante la sequía de 2015 como ahora, que las condiciones del tiempo pueden cambiar rápidamente y que los vientos dificultan controlar dónde terminará produciéndose la precipitación.

La técnica, además, necesita que ya existan nubes con las características apropiadas que puedan ser interceptadas para realizar la siembra.

En otras palabras, la siembra no permite crear una nube sobre Carraízo o La Plata ni dirigir a voluntad la lluvia hacia esos embalses.

El meteorólogo Ernesto Morales, coordinador de avisos del Servicio Nacional de Meteorología (SNM), explicó recientemente a este medio que este tipo de operación puede producir algún incremento en la precipitación sin garantizar que alcance precisamente la cuenca que se busca beneficiar.

“Es difícil saber dónde sembrar para que caiga la lluvia donde uno quiere”, sostuvo.

A eso se suma el tamaño de las cuencas de la isla. El científico ambiental Pablo Méndez Lázaro, quien formó parte del Comité Técnico de Sequía en 2015, comparó el proceso con “jugar tiro al blanco”, debido a que un cambio en los vientos puede hacer que la precipitación termine lejos del lugar esperado.

La experiencia de Puerto Rico en 2015 también reflejó esas limitaciones. Según el informe final de aquel proyecto, de 27 eventos en los que se realizaron inyecciones para intentar inducir lluvia y escorrentía, solo uno tuvo efectos considerados significativos; tres fueron moderados; 16, mínimos; y siete no produjeron efecto alguno.

El ecólogo e ingeniero Carl Soderberg, miembro del Comité de Expertos y Asesores sobre Cambio Climático (CEACC), también ha cuestionado la efectividad de la técnica en territorios insulares y recordó las labores realizadas durante la sequía de 2015, que, a su juicio, no tuvieron los resultados esperados.

Según la GAO, no todos los tipos de siembra de nubes cuentan con el mismo grado de respaldo científico.

Mientras el proceso utilizado en nubes frías sobre zonas montañosas está mejor comprendido, la GAO, al citar evaluaciones de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), señala que todavía existen incertidumbres sustanciales sobre la siembra en nubes de temporada cálida, usualmente asociadas a sistemas convectivos.

¿Qué tan efectiva puede ser?

Precisar cuánto aumenta la lluvia es una de las partes más difíciles. En los estudios revisados por la GAO sobre siembra de nubes frías, las estimaciones de aumento en precipitación fluctuaron entre 0% y 20%.

Sin embargo, el organismo advirtió que los resultados varían ampliamente y que persisten interrogantes sobre las causas de esas diferencias.

Parte del problema consiste en determinar cuánta lluvia habría caído de todas formas si la nube no hubiese sido sembrada.

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El coordinador de avisos del Servicio Nacional de Meteorología, Ernesto Morales y la meteoróloga Ada Monzón participaron en las orientaciones que se realizaron en el Centro de Convenciones de Cataño.

¿Dónde se utiliza?

La práctica de sembrar nubes no es nueva. De hecho, tiene décadas de historia.

Los experimentos en Estados Unidos comenzaron en los 1940, y, para julio de 2024, la GAO identificó programas activos en al menos nueve estados: California, Colorado, Idaho, Nevada, Nuevo México, Dakota del Norte, Texas, Utah y Wyoming.

Fuera de Estados Unidos también se han desarrollado programas en países como China, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e India.

En 2015, la OMM había identificado al menos 50 países con programas activos de modificación del tiempo.

¿Qué exige la ley federal?

La NOAA no regula directamente la siembra de nubes, pero recopila información sobre las actividades de modificación del tiempo que se realizan en Estados Unidos bajo la Weather Modification Reporting Act, de 1972.

La legislación federal define estas actividades como aquellas realizadas con la intención de producir cambios artificiales en la composición, el comportamiento o la dinámica de la atmósfera.

Entre las operaciones que deben reportarse se encuentra precisamente la siembra o dispersión de sustancias en nubes.

La legislación exige que los operadores informen previamente las actividades que pretenden realizar y presenten posteriormente información sobre las operaciones efectuadas. La NOAA, a su vez, mantiene un registro de esos trabajos.

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