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prima:Sabías que… un edificio del Conservatorio de Música fue un asilo de niñas y hasta almacén del DTOP

Construido durante los últimos años de los españoles en la isla, el espacio está lleno de interesantes historias

13 de agosto de 2026 - 11:10 PM

Nota del editor
Este artículo es parte de la sección "Sabías que...", cuyo fin es recordar y comprender los eventos históricos que, de una manera u otra, tuvieron un impacto en nuestro país como lo conocemos al presente. Cuéntanos en la sección de comentarios qué otro evento te gustaría conocer.

Mucho antes de que las notas musicales de los pupilos invadieran cada rincón de las impresionantes estructuras que hoy albergan el Conservatorio de Música de Puerto Rico, uno de sus emblemáticos edificios -el histórico- ya era parte de la fibra histórica del país.

Y es que el inmueble, ubicado en el 951 de la avenida Ponce de León, en la Parada 15, en Miramar, tiene una larga historia: fue un colegio para niñas de la alta sociedad en los tiempos de los españoles, cayó en total abandono y desuso durante años y hasta fue utilizado como almacén de una agencia pública, pero su estilo neoclásico sigue siendo una digna representación de las construcciones institucionales del siglo XIX en Puerto Rico.

En 1985, el edificio, que también es representativo de la expansión urbana de San Juan patrocinada por el gobierno español durante el siglo XIX, fue designado como sitio histórico en el Registro Nacional de Lugares Históricos del Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos (NPS, en inglés).

A continuación, un poco de su fascinante historia.

La estructura es digna representación de las construcciones institucionales del siglo XIX en Puerto Rico.
La estructura es digna representación de las construcciones institucionales del siglo XIX en Puerto Rico. (Colección Conservatorio de Música de Puerto Rico )

Construido durante los últimos años de la corona española en la isla

Según una publicación de Bloomberg Connects, uno de los edificios del conservatorio es una “moderna facilidad que alberga el teatro”, mientras que el edificio histórico fue construido durante los últimos años del dominio español en Puerto Rico.

Este último, de acuerdo a un documento del NPS, es un “edificio monumental con planta cuadrangular a dos aguas y un patio central abierto, influenciado por los estilos neoclásico y neocolonial español. Presenta una composición simétrica, con una serie de aberturas verticales alineadas en cuatro niveles”.

“Sus proporciones y elegante simplicidad lo hacen merecedor de mérito y reconocimiento, así como su carácter macizo, configuración axial simétrica y finos elementos exteriores que consisten en paredes enlucidas, ventanas rodeadas de salientes y un pórtico de entrada principal”, añade la descripción.

El escrito destaca que la entrada principal es un pórtico doble cerrado, que tiene once pies de profundidad y mantiene la misma altura del edificio. Además, tiene un arco central principal con arcos más pequeños a la izquierda y a la derecha, repitiéndose ese diseño en el nivel superior.

“El edificio muestra una planta característica y típica de la construcción de esta época, el edificio se erigió alrededor de un patio central rectangular con dimensiones aproximadas de 74 pies por 48.5 pies”, indica.

Su tipo de construcción y los materiales se asemejan a los de las edificaciones del Viejo San Juan, construidas a base de un método conocido como “cal y canto”, que consiste en una mezcla de mampostería y piedras.

Por años, el edificio permaneció abandondo hasta su designación como lugar histórico en 1985.
Por años, el edificio permaneció abandondo hasta su designación como lugar histórico en 1985. (Colección Conservatorio de Música de Puerto Rico )

Fue diseñado en 1880 por el ingeniero Julio Larrinaga, inspector provincial de Obras Públicas, y se completó en 1882 bajo la dirección de los arquitectos Eduardo Iglesias y Gerónimo Agrait.

El costo total del edificio ascendió a $83,842.29, equivalente a unos $2.7 millones hoy, y representa uno de los últimos edificios construidos por el gobierno español en la isla antes de la Guerra Hispanoestadounidense.

¿Cómo se utilizó el edificio?

Inicialmente, el recinto albergó una escuela privada -una especie de internado para niñas de la aristocracia local- que era administrada por la orden española de las Hermanas del Sagrado Corazón. No obstante, tras la invasión estadounidense y el cambio de mando en el gobierno, en 1899 pasó a ser parte del catálogo de propiedades del Departamento del Interior de Estados Unidos.

Posteriormente, el gobierno estadounidense lo convirtió en un orfanato y, para 1900, el edificio pasó a utilizarse completamente como albergue para niñas huérfanas —un problema social en el Puerto Rico de la época. Fue así que, por décadas, la impresionante estructura fue conocida como el “Asilo de Niñas”.

En 1902, el Gobierno de Estados Unidos transfirió la propiedad al Gobierno de Puerto Rico, que continuó operándola como orfanato hasta 1960, cuando el albergue para niñas fue trasladado a una propiedad en Trujillo Alto y la estructura en Miramar quedó vacante.

Luego, en 1973, pasó a manos del Departamento de Servicios Contra la Adicción —actualmente la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (Assmca)—, que lo convirtió en un centro de rehabilitación. Seis años después, en 1979, el edificio volvió a cambiar de propósito y fue utilizado como almacén del DTOP. Más tarde, quedó abandonado hasta que, en 1985, fue designado como sitio histórico.

Antiguo orfanato de niñas en Miramar
Antiguo orfanato de niñas en Miramar (Colección Conservatorio de Música de Puerto Rico )

Finalmente, en 1999, el Gobierno de Puerto Rico transfiere el recinto a manos del Conservatorio de Música, quienes comienzan con su minucioso trabajo de restauración.

Su historia como orfanato

Desde su construcción, el edificio ha servido como centro educativo y de asistencia social. Sin embargo, después de la invasión estadounidense, la orden de las hermanas del Sagrado Corazón fue expulsada de la propiedad, trasladándose hasta Santurce en 1906, donde hoy se yergue la Universidad del Sagrado Corazón, en la Parada 26.

La conversión de la propiedad de Miramar en un orfanato para niñas fue consecuencia directa de la Guerra Hispanoestadounidense, que transfirió legalmente todas las propiedades del gobierno español a Estados Unidos.

Tras la firma del Tratado de París, el gobierno estadounidense reorganizó la infraestructura de la isla y reacondicionó el edificio para hacer frente a la grave crisis humanitaria que representaban los miles de niños huérfanos en Puerto Rico.

Antiguo orfanato de niñas en Miramar
Antiguo orfanato de niñas en Miramar (Colección Conservatorio de Música de Puerto Rico )

Posteriormente, entre 1940 y 1958, el edificio, bajo la supervisión de la Oficina de Bienestar Infantil, se utilizó como centro de rehabilitación para niñas con problemas de conducta.

Fue durante los más de 60 años en que el edificio funcionó como orfanato y albergue para niñas que comenzaron a surgir leyendas urbanas que alimentaron la imaginación de quienes vivían en los alrededores del recinto.

Leyenda de la palma milagrosa

El documento de inscripción como sitio histórico del NPS recoge una de estas leyendas urbanas, que posiblemente se transmitió de generación en generación a través de relatos orales, pero que, en la actualidad, parece haber sido olvidada por completo.

Antiguo orfanato de niñas en Miramar
Antiguo orfanato de niñas en Miramar (Colección Conservatorio de Música de Puerto Rico )

Según la leyenda local, indica el documento, una fuerte tormenta azotó la zona de San Juan y un rayo partió una de las palmas ubicada detrás del edificio, de cara hacia la laguna de Condado.

“Durante una tormenta, un rayo impactó una de las palmeras que rodeaban la parte trasera del edificio, hacia la laguna. Se abrió un agujero en el tronco de la palmera que siempre estaba lleno de agua. Según la leyenda, una niña enferma del asilo bebió de esta agua y recuperó la salud. Desde entonces, y hasta que se retiró la palmera, los habitantes de la zona creyeron que esta agua tenía poderes curativos milagrosos”, reza el texto.

La historia coincide con el relato del profesor de Ciencias Sociales del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico (UPR), Rubén Nazario Velasco, publicado en su artículo“Milagro en Miramar”, en la edición de El Nuevo Día del 9 de febrero de 2022.

“A muchos lectores les sorprenderá saber que una vez Miramar tuvo playa. Por las tardes, las niñas del asilo que hoy ocupa el Conservatorio de Música bajaban a nadar en la laguna del Condado”, indica el historiador en su artículo.

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