

27 de junio de 2026 - 2:03 PM

El saldo de muertos por los sismos en Venezuela subió a 1,430 el sábado, informaron las autoridades.
“A esta hora (...) estamos contabilizando que 1,430 hermanos y hermanas han fallecido, lamentablemente han perdido la vida”, dijo el presidente del Parlamento de Venezuela, Jorge Rodríguez, en una alocución transmitida por el canal estatal VTV.
Rodríguez agregó que hay, hasta el momento, 3,238 personas heridas, así como 3,142 familias damnificadas.
Igualmente, dijo que hasta este sábado han sido atendidas por las autoridades 73,736 familias, especialmente en el estado costero La Guaira, al norte de Caracas, el más afectado por el doble terremoto del miércoles.
El diputado señaló que han llegado al país 16 médicos de Curazao para la atención de las víctimas.
Además, sostuvo que hay más de 30,000 militares, policías, rescatistas, personal médico, paramédicos y psicólogos venezolanos, desplegados en las zonas afectadas.
Rodríguez volvió a pedir a todos los ciudadanos no viajar hacia La Guaira de manera particular para poder facilitar el traslado de la maquinaria pesada para la remoción de escombros, así como de heridos hacia distintos centros de salud de la región costera y Caracas, por lo que invitó nuevamente a hacer donaciones en los centros de acopio.
También señaló que en el Poliedro de Caracas se está llevando a cabo el registro de voluntarios para organizar el traslado.
Más temprano, el Gobierno de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, informó que durante la madrugada de este sábado se han distribuido 2,600 toneladas de alimentos y agua potable en La Guaira a las familias afectadas.
Venezuela ha recibido a más de 1,600 rescatistas para atender a las víctimas de los terremotos, según informó este sábado el viceministro venezolano para Europa y América del Norte, Oliver Blanco.
La presidenta encargada se reunió el viernes con expertos de Estados Unidos para evaluar las operaciones de rescate y atender a las víctimas de los terremotos.
Además, miles de venezolanos participan de forma voluntaria en labores de rescate en las edificaciones afectadas y han organizado recogidas de insumos y traslado de donaciones a distintas zonas de Caracas y La Guaira.
Las cifras más recientes se dieron a conocer al tiempo que los rescatistas continuaban la búsqueda de sobrevivientes del devastador golpe de dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 que azotaron a la nación sudamericana tres días antes. Las familias habían reportado al menos 68,900 personas desaparecidas hasta la mañana del sábado.
Los venezolanos que buscaban a seres queridos y vecinos usaban palas, maquinaria pesada, cuerdas y las manos desnudas sobre montones de concreto derrumbado en toda La Guaira, uno de los estados de Venezuela más azotados por el par de sismos.
La mayoría de quienes excavaban eran civiles que asumieron las labores de búsqueda por su cuenta, y las tensiones aumentaron por una respuesta inadecuada del gobierno venezolano, cuyos soldados, bomberos, policías y cadetes militares estaban evidentemente poco preparados para responder a la tragedia.
La Organización Internacional para las Migraciones indicó que hasta 6.76 millones de personas podrían verse afectadas, unos 2 millones de ellas solo en Caracas. Expertos señalaron que la destrucción se amplificó por la rápida sucesión de sismos superficiales.
Loyce Pace, directora regional de la Cruz Roja Internacional para las Américas, dijo que “la gente todavía tiene miedo de volver a entrar a lo que eran sus hogares”.
De hecho, muchas personas seguían durmiendo en la calle.
Omar Reyes dijo que alrededor de 20 familiares murieron.
“Me quedé solo en esta vida”, dijo Reyes, mientras caminaba entre los escombros donde dos de sus hijos quedaron sepultados.
En la ciudad de Maiquetía, personas hacían fila frente a tiendas y farmacias que atendían una por una, detrás de puertas cerradas. En un momento, una mujer entre la multitud se lanzó al suelo para proteger con su cuerpo un paquete de pañales, desesperada por conservarlo.
El tránsito y las multitudes de motociclistas interrumpieron en ocasiones los esfuerzos de rescate. Soldados mexicanos y voluntarios pidieron silencio repetidamente para intentar escuchar señales de vida bajo los escombros, pero motociclistas —civiles y uniformados— continuaron tocando bocinas y acelerando motores, para frustración de los rescatistas.
Algunas personas comenzaron a llevarse artículos básicos, como papel higiénico y comida, de tiendas en Catia La Mar, cerca del principal aeropuerto del país. Otras rodearon una camioneta civil que repartía pan y agua, hasta que intervino un soldado. El estacionamiento de una farmacia se convirtió en un refugio improvisado con toldos, hamacas y casetas de campaña.
A unas millas de distancia, Yuleidy Cadenas, de 28 años, permanecía al otro lado de la calle frente a un edificio de vivienda pública colapsado, con la esperanza de que su hijo, su madre y su hermano fueran rescatados con vida.
Cadenas salió descalza de otro edificio mientras este colapsaba el miércoles y encontró que la torre de 12 pisos donde vivía su madre se había desplomado.
“Me subí sobre los escombros y les dije que gritaran, y nadie respondió, ni mi hermano, ni mi hijo, ni mi madre”, dijo Cadenas.
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