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“Sáquenme de aquí”: remueven a mujer de 94 años supuestamente encerrada por su nieto en Bayamón

El Departamento de la Familia confirmó a El Nuevo Día que la adulta mayor estaba siendo evaluada médicamente y sería trasladada a un hogar

16 de abril de 2026 - 12:47 PM

La policía trasladó a 11 envejecientes del hogar, de los cuales una falleció. (Archivo / GFR Media)
A la anciana, también la habían reportado “desaparecida” al dejar de asistir a sus citas médicas. (Archivo)

Una denuncia de residentes de Santa Juanita, en Bayamón, de un presunto patrón de maltrato de un vecino contra su abuela, de 94 años, llevó este jueves al Departamento de la Familia a remover a la adulta mayor, quien supuestamente estaba “encerrada” en la residencia y, ahora, será trasladada a un hogar.

Los vecinos denunciaron más temprano a El Nuevo Día que acudieron múltiples veces a las autoridades, desde febrero pasado, para señalar que el hombre supuestamente la dejaba a oscuras al apagar los “breakers” de la casa cuando salía, la encerraba con candado y le gritaba tan duro que mantenía angustiada a la comunidad.

“Estamos bien preocupados porque la persona tiene 94 años. El nieto es usuario y todos nuestros vecinos lo ven por cámaras; cuando está bajo los efectos de la droga, se cae al piso en su balcón. Le grita mucho”, alertó Sumayah Soler, en entrevista telefónica, temprano este jueves, tras acudir a las redes sociales a exponer el caso de su vecina.

Luego de las denuncias, el Municipio de Bayamón indicó a este diario que la Oficina de Ayuda al Ciudadano del ayuntamiento supo que el Departamento de la Familia asumiría jurisdicción del caso y que removerían a la adulta mayor de la residencia.

Por su parte, la portavoz de Familia, Yolanda Rosaly, confirmó que la adulta mayor estaba siendo evaluada médicamente y luego sería trasladada a un hogar.

Desde el 17 de febrero, residentes alegaron que radicaron una querella en la línea de maltrato de Familia, pero alegaron que no habían visto seguimiento de la agencia a las condiciones de la adulta mayor, que también ha dejado de ir a sus citas médicas.

Tan reciente como el pasado martes, la situación escaló hasta el punto de que escucharon a la adulta mayor –cuya identidad El Nuevo Día protege– gritar: “Sáquenme de aquí, ábranme la puerta”. De acuerdo con los vecinos, era la primera vez que ella gritaba para que la liberaran.

Llamaron, ese día, a la Policía del cuartel del Precinto Sur de Bayamón, pero denunciaron que un oficial llegó hasta la residencia de su vecina, habló con el nieto y se fue. Alegaron que el individuo dijo que su abuela “estaba dormida” y que él era su tutor.

“Él (nieto), cuando sale, cierra el candado y tumba el ‘breaker’ y la deja encerrada a oscuras. Cuando oscurece, apaga toda la casa. Ni una sola luz encendida”, abundó Soler, al señalar que el policía municipal también llegó una “media hora tarde” pese a los gritos de la señora, entre las 7:00 p.m. y 8:00 p.m. del martes.

Su vecina, Liz Laureano, agregó que el nieto se mudó el año pasado desde Estados Unidos. Como vive al frente de la adulta mayor, escucha con regularidad los gritos contra la nonagenaria y también ha visto cuando el hombre sale al balcón, al parecer, bajo sustancias y “completamente fuera de sí”.

“Se pasa gritándole e insultándole. Verbalizado por ella misma, él la deja encerrada y la señora no puede salir. El día de la querella a Familia (el 13 de febrero), ella nos dijo que estaba ‘sin comer’ y le había apagado los ‘breakers’”, dijo sobre la primera llamada a la agencia.

Hace un mes, también llegó a la residencia una trabajadora social porque a la anciana la habían reportado “desaparecida” al dejar de asistir a sus citas médicas, contó Laureano. “Hay todo un historial con esta señora y no pasa nada”, añadió Soler.

“Podrá ser su abuela de sangre, pero nosotros queremos a esa señora y no vamos a permitir el maltrato. No ha llegado nadie (de Familia). Yo exploto la línea de referidos, pero no vienen. Les digo: ‘Están esperando que, en un arrebato, la mate’. Llevo en esas desde el 17 de febrero”, expuso Laureano, quien lleva 10 años residiendo en la misma calle.

“Ella vivía sola, pero estaba muy en paz. Desde que él llegó, ha sido tremendo lío. Estamos agotando todos los remedios”, anotó Soler.

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