

15 de abril de 2026 - 9:10 AM


Juana Díaz - Al cruzar las puertas del coliseo Dolores “Toyita” Martínez, el ambiente cambiaba de inmediato. No era solo tristeza ni solemnidad lo que se percibía allí, sino una emoción compartida, densa y callada, que envolvía a todos ante una pérdida irreparable que sacudió al país.
Familiares, compañeros y allegados acudieron a despedir al agente Eddie Santiago Renta, quien fue ascendido póstumamente al rango de coronel por la gobernadora Jenniffer González Colón durante una emotiva ceremonia llena de respeto a su trabajo.
“Estoy bien agradecida de todo lo que han hecho y de todas las personas que han venido porque Eddie era una persona extraordinario, se merecía esto y mucho más. La familia está sufriendo mucho y lo vamos a extrañar”, dijo la viuda Elba I. González Correa.
Visiblemente afectada y con la voz entrecortada, destacó que quien fuera su esposo durante los pasados 22 años “dio su vida por defender la de otra persona”, una decisión que, según expresó, la llena de orgullo, pues refleja el extraordinario ser humano que fue.
Reveló que el agente encubierto al que su esposo le salvó la vida durante el operativo en el estacionamiento de la megatienda Sam’s Club acudió temprano al velatorio público para ofrecer sus condolencias, aunque se encuentra físicamente afectado por la tragedia.

“Me dijo que mi esposo era un héroe, que Eddie le salvó la vida, que yo me sintiera orgullosa de él. Yo le dije que sí, que yo lo sabía, porque Eddie desde el primer instante que comenzó a trabajar con él, me dijo que él lo iba a defender contra quien sea y me siento orgullosa porque así lo hizo. Él está muy afligido”, precisó.
No era para menos. Santiago Renta se desempeñaba como enlace del agente encubierto en la División de Drogas del Cuerpo de Investigaciones Criminales (CIC) de Ponce, donde sirvió durante 13 de sus casi 23 años de carrera en la Policía de Puerto Rico.
Para el agente encubierto, que “volvió a nacer” esa tarde del 10 de abril, cuando el operativo contra el tráfico ilegal de armas de fuego se convirtió en un presunto intento de robo que culminó con la muerte de Santiago Renta, este no era solo su enlace.
“Me dijo que era su hermano, que en tan poco tiempo él lo consideraba como su hermano”, relató la viuda, quien a preguntas de El Nuevo Día describió las virtudes de su esposo. “Como padre excelente, como hijo maravilloso y como esposo mucho mejor”, agregó.
“Eddie no tenía un no para nadie, Eddie fue un buen esposo y nunca nos separábamos. Solo en las horas de trabajo eran las únicas horas en las que estábamos separados porque todo el tiempo, el que nos conoce sabe que estábamos juntos. El último mensaje fue ‘te amo’. Siempre lo voy a llevar en mi corazón”, subrayó.
Por el asesinato, el Negociado de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF) presentó cargos contra tres acusados: Efrén Coimbre Lugo, de 28 años, José Ángel Colón Arroyo, alias “Coco”, de 23, y Noé Emmanuel Torres Santiago, de 24.

Todos enfrentan cargos por posesión de un arma alterada para disparar en automático y con el número de serie mutilado. Pero Coimbre Lugo enfrenta un cargo adicional por posesión de un arma siendo una persona convicta, según la denuncia de la agencia.
“Yo le pedí al superintendente (de la Policía, Joseph González) que se hiciera justicia. Me siento tranquila. Aunque esto no me va a devolver a Eddie jamás, pero por lo menos me da un poco de paz el saber que se le radicaron los cargos”, indicó González Correa.
En el coliseo, donde se realiza el velatorio, la escena era profundamente humana. El féretro de Santiago Renta, de 43 años, ocupaba el centro, cubierto con la bandera de Puerto Rico, rodeado por arreglos florales y por una guardia de honor que se mantenía firme.
Pero incluso en esa rigidez del protocolo se notaba lo que el uniforme no puede ocultar: rostros tensos, respiraciones contenidas y miradas que evitaban quebrarse, revelando la irreparable pérdida que dejó la muerte de un ser humano considerado extraordinario.
Oficiales de distintas divisiones de la Policía, e incluso agentes federales, llegaron hasta el recinto para darle el último adiós a una persona cuya forma de ser lo hizo querido por todos. Quienes lo conocieron destacan que siempre estaba dispuesto a ayudar y era respetuoso.
“Él ayudaba mucho a las personas. Muchos han soltado sus lágrimas por él y por eso yo me siento orgulloso de haber tenido un hijo como él. Dios me lo prestó y sé que lo va a tener allí junto a él”, expresó el padre del agente, el comandante retirado Eddie Santiago Echevarría.

Con emoción, recordó el momento en que su hijo le expresó su deseo de seguir sus pasos y convertirse en policía, un camino en el que lo acompañó y apoyó hasta que logró convertirse en agente, una profesión que entiende ejerció con ética y los más altos estándares.
“Le dije, ‘si eso es lo que tú quieres y esa es tu vocación, voy contigo’. Fuimos, tomó los exámenes y entró a la Policía y, hasta este momento, en todos los lugares que trabajó, lo hizo bien”, dijo Santiago Echevarría, quien describió a su hijo como excepcional.
En una línea parecida se expresó el coronel Antonio “Tony” López Figueroa, excomisionado de la Policía, quien llegó hasta el recinto juanadino para expresar sus condolencias. A preguntas de la prensa, recordó que conoció a Santiago Rentas en 2021 en Ponce.
“Conozco el trabajo que hacía Eddie. Lamentablemente dio su vida haciendo lo que le gustaba. Fueron 13 años en la División de Drogas y casi 23 en la Uniformada. Tuve el honor de conocerlo en 2021 durante un Viernes Santo, en la División de Drogas, y sé que era una persona que amaba su trabajo”, expresó López.
De igual forma se expresó el alcalde de Juana Díaz, Ramón Hernández Torres, quien indicó que es una situación bien difícil. “Era un agente relativamente joven, con una familia expectacular. Gran parte de esa familia eran miembros de la Policía”, sostuvo.
En el velatorio, la gente avanzaba en fila. No había prisa. Nadie parecía querer llegar rápido ni irse pronto. Cada paso era una pausa. Cada persona se detenía lo suficiente para dejar algo frente a Eddie: una mirada, una oración, un emotivo gesto de despedida.

El ambiente no era de llanto abierto constante, sino de emociones contenidas que se escapaban en detalles: manos entrelazadas con más fuerza de lo normal, ojos que brillaban sin querer, suspiros que rompían el ritmo del paso. Y en medio de todo, el nombre de Eddie.
Las guardias de honor se turnaban con precisión, pero cada relevo tenía algo distinto. Había un cuidado especial en cada movimiento, como si entendieran que no estaban solo cumpliendo su labor, sino sosteniendo un momento histórico para su compañero caído.
Entonces, llegó el momento que marcó el día. El anuncio del ascenso póstumo a coronel recorrió el coliseo como una corriente invisible antes de convertirse en un aplauso largo, como reconocimiento a sus más de dos décadas de servicio en la agencia del orden público.
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