

20 de febrero de 2026 - 9:00 AM


Aibonito - La jueza Cristina Córdova Ponce, del Tribunal de Aibonito, determinó causa para juicio en contra de Anthonieska Avilés Cabrera, acusada por el asesinato de la menor Gabriela Nicole Pratts Rosario, de 16 años, ocurrido en agosto de 2025 en dicho municipio.
Córdova Ponce informó su determinación luego que las partes, específicamente la defensa de la acusada y el Ministerio Público, presentaron sus argumentos finales en el tercer día de la vista preliminar, una etapa procesal en la que declararon un total de tres testigos.
Precisamente, Córdova Ponce indicó que examinó la prueba presentada y las disposiciones legales aplicables, entre ellas el delito de asesinato atenuado, pero concluyó que no existen los elementos necesarios para efectuar una reclasificación de los cargos con ese propósito.
Actualmente, Avilés Cabrera, y su madre, Elvia Cabrera Rivera, enfrentan dos cargos cada una por los delitos de asesinato en primer grado y violación a la Ley de Armas de Puerto Rico, específicamente por infracción al Artículo 6.06 por uso y/o portación de arma blanca.
“Establecemos que el Ministerio Público ha cumplido con la carga probatoria para una determinación de causa en los delitos según fueron imputados”, mencionó la togada, quien señaló la vista de lectura de acusación para el próximo viernes, 6 de marzo.
Cuando la jueza anunció su determinación, la acusada permaneció inmóvil, con la mirada fija y el rostro inexpresivo, mientras los allegados de Pratts Rosario se mostraron satisfechos con la decisión.
“Si (Gabriela) estuviera aquí, se pudiera defender. Estamos conformes. Es lo mínimo que podían hacer: encontrar causa para juicio después de que asesinaron a una menor con 11 puñaladas, el día antes de su cumpleaños”, dijo un familiar de la joven.
En sus argumentos finales, el fiscal Orlando Velázquez Reyes señaló que el Ministerio Público logró demostrar de manera convincente que existía causa suficiente para que Avilés Cabrera enfrentara juicio por el asesinato de la adolescente, apodada como “Lela”.
“No hay forma de justificar un asesinato atenuado cuando tú hieres a una persona en 11 ocasiones y, después, a las 3:00 a.m. le dices a tu amiga: ‘Mami te va a llamar y vamos a hacer lo que mami diga’, además le admite a la amiga: ‘Gaba, Gaba, la apuñalé’”, dijo.
Mientras, la licenciada Athelyn Jiménez Emmanuelli, una de las representantes legales de la acusada, argumentó que el Ministerio Público no logró probar más allá de duda razonable que su clienta actuó con intención de causar la muerte de la víctima.
Jiménez Emmanuelli insistió en que, al menos, dos de las testigos que desfilaron en sala presentaban inconsistencias y existían contradicciones entre los testimonios vertidos en corte abierta y las declaraciones juradas que fueron rendidas luego del asesinato.
Por su parte, la abogada María Soledad Sáez Matos, una de las representantes legales de la acusada, indicó que “es bien decepcionante uno pasar tanto trabajo, ver una prueba tan inconsistente, con una ausencia total de prueba de los elementos que se requieren y que nos lean una resolución que era prácticamente la misma resolución del caso de Elvia, que estaba preparada”.
Los hechos del caso se remontan a la noche del 10 de agosto de 2025, cuando se reportaron varias peleas en el desvío Roberto Colón, que dejaron como resultado a dos adolescentes de 16 años heridos con arma blanca. Estos fueron trasladados a un hospital del área.
En consecuencia, Pratts Rosario murió en la madrugada del 11 de agosto de 2025 mientras recibía asistencia médica, tras recibir 11 heridas de arma blanca, una de las cuales le perforó el corazón, mientras que el otro joven logró recuperarse de las lesiones sufridas.
El Ministerio Público sostuvo que madre e hija actuaron en común y concierto acuerdo para cometer el crimen de la adolescente. Para sustentar esta teoría, el Estado presentó durante la etapa de vista preliminar evidencia testifical, documental y pericial.
En total, el Ministerio Público llamó a declarar únicamente a tres testigos durante los tres días de la vista preliminar —celebrada el 10, 12 y 20 de febrero—: dos de ellos conocían a la víctima y/o a las acusadas, mientras que el tercero era el patólogo forense.
La vista preliminar entró en su etapa culminante con el testimonio del patólogo forense Javier Gustavo Serrano, del Instituto de Ciencias Forenses (ICF), quien declaró que la víctima recibió heridas que, su entender, tenían la “intención” de causar su muerte.
Durante el interrogatorio realizado por la fiscal Silda Rubio Barreto, Serrano comenzó explicando que, cuando llegó el cuerpo de Pratts Rosario a la sede del ICF, se le asignó el número de caso “ICF-2025-5822”. Posteriormente, indicó, se le realizó la autopsia.
Los hallazgos de la autopsia quedaron consignados en un informe médico forense de 16 páginas: 14 dedicadas a detallar los resultados del examen post mortem y dos adicionales que recogen los resultados del análisis toxicológico practicado a Pratts Rosario.
Tras establecer las bases del testimonio y luego de que se atendieran las objeciones de la defensa, el Ministerio Público pasó a examinar el contenido del informe, que incluyó 246 fotos del cuerpo de la víctima. Las imágenes fueron proyectadas en un monitor.
Para evitar que el público y la prensa que estaba en la sala judicial vieran el material de carácter sensitivo, el monitor se orientó hacia la jueza Cristina Córdova Ponce, y las partes del caso, junto con el patólogo, fueron reubicadas para observar la proyección.
Mientras esto ocurría, Avilés Cabrera —vestida con su uniforme amarillo de confinada, esposada de manos y pies y con el cabello suelto— alternaba la mirada entre el patólogo y las imágenes proyectadas de la víctima, siguiendo cada detalle con evidente atención.
Serrano explicó que la causa de la muerte de la víctima fueron las “heridas de arma blanca”. Añadió que en el informe médico forense cada una de las lesiones está detallada individualmente, señalando que la víctima presentaba un total de 11 heridas de este tipo.
El perito precisó que la víctima presentaba algunas heridas “extremadamente superficiales”, mientras que otras le ocasionaron daños profundos en el cuerpo. Precisamente, agregó que la herida mortal medía unas cinco pulgadas y alcanzó el ápice del corazón.
“Ella (la víctima) tiene 11 heridas de arma blanca a través de la superficie corporal. Tiene una (herida) en el lado derecho de la cabeza, a nivel parietal, o sea, aspecto superior de la cabeza; tiene cuatro (heridas) en la región del tórax, de diferentes tipos y, entre esas cuatro, una de ellas, de tipo punzante, que es la que le ocasiona la muerte a esta joven. Tenemos cinco heridas de arma blanca de tipo punzante en el aspecto anterolateral y posterolateral del muslo izquierdo y tenemos una herida de arma blanca en el aspecto anteromedial del tercio proximal del antebrazo derecho, que suman en total 11 heridas de arma blanca”, dijo.
Serrano explicó que identificó las heridas de la víctima asignándoles letras. En ese sentido, precisó que la herida marcada como “A” corresponde a una lesión en la cabeza, de tipo “inciso cortante”, con dirección ligeramente diagonal: de adelante hacia atrás, de derecha a izquierda y de abajo hacia arriba.
“Al examinar la misma (herida), se aprecia que perfora la piel, los tejidos blandos y los músculos superficiales de la región del cuero cabelludo. No produce fractura de los huesos en la bóveda craneana y no ocasiona daño significativo a las estructuras en el interior de la cavidad craneana”, comentó el patólogo.
Señalando directamente la fotografía de la víctima, Serrano detalló que la herida “B” está ubicada en el aspecto medial de la región pectoral izquierda. Agregó que esta herida “penetró” de manera superficial a la víctima, afectando únicamente la piel y los tejidos subcutáneos, sin producir daños significativos.
En cuanto a las demás heridas, Serrano detalló que la “C” perforó de forma relativamente profunda los tejidos blandos, los músculos y la pared abdominal; la “D” fue un “raspazo” en la piel; y la “E” se localiza en el aspecto anterolateral de la base del tórax izquierdo.
El perito que lleva 24 años laborando en el área de patología del ICF añadió que la herida “E” atraviesa la cavidad torácica hasta alcanzar la punta del corazón, lo que provoca que la sangre salga del órgano y no pueda funcionar correctamente, convirtiéndose en la herida que contribuyó “significativamente” en la muerte.
Serrano indicó que la víctima presentaba otras cinco heridas —identificadas con las letras “F”, “G”, “H”, “I” y “J”— en la región del glúteo y el muslo izquierdo. “Las cinco son heridas punzantes. Ellas penetran la piel, los tejidos blandos, músculos superficiales; son heridas de arma blanca de tipo punzante”, dijo.
Añadió que la víctima tenía una herida en el antebrazo, lo que sugiere que intentó defenderse durante el ataque. Asimismo, indicó que, por las heridas que tenía Pratts Rosario, podía inferir que la persona que la atacó tenía “la intención de causar la muerte”.
En base a su análisis, señaló que no podía descartar que se haya utilizado una o varias armas blancas en la comisión del crimen. “Las heridas (son producto de) un arma alargada, con una hoja alargada, de aproximadamente cinco pulgadas, y tenía un extremo puntiagudo y algo de filo la hoja del borde”, dijo.
Por la magnitud del ataque, Serrano confirmó que era posible que el agresor sufriera heridas en el meñique y la palma de la mano, ya que “durante el ataque pudo autoinfligirse” esas lesiones. Esto coincide con el testimonio de una testigo, quien declaró haber visto sangre en el muslo de la víctima y raspaduras en el meñique y la palma de la mano de la acusada.
De igual forma, Serrano precisó que catalogó como un “homicidio” la manera de muerte de Pratts Rosario. Asimismo, reveló que la víctima dio negativo en las pruebas de sustancias controladas y alcohol que se le realizaron como parte del examen toxicológico.
En varias instancias, Sáez Matos -abogada de defensa- objetó múltiples preguntas realizadas por el Ministerio Público, al alegar que se le estaba permitiendo al testigo “inferir” sobre los hechos.
“La opinión que pueda tener él vale tanto —y lo digo con todo el respeto— como la que pueda tener mi madre, que posiblemente está viendo esto en la transmisión”, dijo Sáez en la primera parte de la vista, donde había familiares tanto de la víctima como de la acusada.
En el turno de preguntas de la defensa, a cargo de Sáez Matos, el patólogo forense indicó que la víctima no tenía ropa ni zapatos cuando llegó al ICF. Agregó que las heridas de la víctima no tenían residuos del arma homicida, la cual no ha sido recuperada en el caso.
De igual forma, confirmó que, el raspado de uñas de la víctima no arrojó material genético de la imputada. Este procedimiento forense es clave en las investigaciones criminales y busca recolectar material biológico ajeno (ADN, sangre, piel, saliva) retenido tras un forcejeo.
Durante el turno del redirecto del Ministerio Público, Serrano explicó a preguntas de la fiscal que el análisis solo arrojó material genético de la víctima.
Durante el primer día de la vista preliminar, el Ministerio Público sentó a declarar a la ama de casa Betzaida Caratini Ortiz, de 48 años, quien se identificó en sala como amiga de la coacusada Cabrera Rivera y concuñada de Lisandra Rosario, madre de la víctima.
En resumen, Caratini Ortiz aseguró haber visto cuando presuntamente Cabrera Rivera extrajo un objeto punzante de su cartera y se lo entregó a su hija. Bajo juramento, también indicó que observó a Avilés Cabrera agredir a la víctima “como si fueran puños”.
En cambio, Gabriela “Gaba” Figueroa, de 18 años y mejor amiga de la acusada, testificó en el segundo día de la vista preliminar. Desde el banquillo de los testigos, dijo que Avilés Cabrera le confesó haber apuñalado a la víctima. “Gaba, Gaba, la apuñalé”, relató.
A preguntas del Ministerio Público, Figueroa indicó que la acusada tenía sangre, así como raspaduras en el meñique y la palma de la mano. De igual modo, aseguró que vio sangre en el muslo de la víctima, por lo que infirió que tenía una herida en dicha área de su cuerpo.
Además, Figueroa reveló que, en la madrugada del 11 de agosto de 2025, intercambió mensajes con Avilés Cabrera a través de TikTok, tras enterarse de que la víctima murió. En esa conversación, declaró, la acusada le dijo: “Tú vas a hacer lo que mami te diga”.
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