


Cada vez que ocurre un apagón masivo, el país desciende al caos y esto nos recuerda la inestabilidad de nuestra vida cotidiana. Estas situaciones nos dejan con la impresión de que, casi cinco años más tarde, nuestro sistema eléctrico parece estar peor que antes del huracán María. En ese momento, se reconstruyó el sistema con remiendos transitorios pero su inestabilidad persiste como una bomba de tiempo en la que descansamos todos. Los más que sufren estos apagones son los adultos mayores con algún grado de fragilidad, que viven solos, así como cualquier persona que depende de una máquina para subsistir.

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