


El título de esta columna suena a frase lanzada con la intención de que al político prepotente se le convierta en bumerán aquello que ha repetido una y otra vez. Pero también sirve para reforzar lo aprendido en el Congreso Internacional de Escritores este pasado fin de semana en el Centro de Bellas Artes de Caguas: ¡el poder de la palabra! Ese ¡barrimos! implicaba arrasar, pasar la escoba por encima del contrario para luego tirarlo al zafacón. Año y medio después, la escena ha cambiado. No vemos limpieza, sino lodo; un embarre de acusaciones y lucha de poder entre la Gobernadora y el presidente del Senado, que el país observa como un espectáculo que entretiene a algunos, pero no resuelve los problemas urgentes que padecemos.

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