


En tres relatos distintos de la Biblia se afirma que un reino o una casa dividida contra sí misma, no puede permanecer en pie (Lucas 11:17; Marcos 3:25; Mateo 12:25). En 1858, en los albores de la Guerra Civil estadounidense, Abraham Lincoln hizo suya esta referencia bíblica para ilustrar lo que la nación enfrentaba ante el conflicto bélico inminente entre los estados del norte y los del sur. La lógica del planteamiento es contundente: cualquier institución lacerada por disputas internas, no puede sostenerse y habrá de desmoronarse.

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