


Cada vez que la isla enfrenta una sequía, la conversación pública sigue un libreto conocido. Hablamos de los salideros en la red de distribución, del deterioro de la infraestructura de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA), de la sedimentación de los embalses y de décadas de inversión insuficiente. Todos esos problemas son reales y deben atenderse con urgencia. Pero, existe una pregunta mucho más importante que no forma parte del debate: ¿estamos preparando al país para un siglo en el que el agua será uno de los recursos más estratégicos del planeta?

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