


Ni el erótico maullido de la gobernadora en aquel ridículo podcast “De todo menos política”; ni los titulares que seguirá acaparando la perrita llamada Croqueta, involucrada en un aparente caso de abuso de poder en la Oficina del Comisionado de Instituciones Financieras; ni las andadas narcisistas del caza-influencer Gongo Fishing, atrapando pitones y caimanes; ni siquiera el serio escándalo de Los Tiburones, esa banda carcelaria que aparentemente pedía drogas a cambio de votos en las cárceles: nada de toda esa fauna ruidosa me hará olvidar la lección de literatura y animalidad que me enseñaron aquellas confinadas.

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