


Exactamente un día como hoy, hace diez años, Puerto Rico recibió dos mensajes contundentes desde Washington. Estuvieron en las portadas de los periódicos y en todos los noticiarios para que nadie pudiera alegar que no se enteró. El primero venía del Congreso; el segundo del Tribunal Supremo federal. Decía el primero: a partir de ahora el presupuesto del país estará bajo la supervisión de una Junta creada por nosotros. El mensaje tenía un nombre casi romántico: Ley Promesa. La Cámara de Representantes acababa de aprobarla y días después se convertiría en ley creando la Junta de Supervisión Fiscal.

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