


La tragedia de Gabriela Nicole Prats en Aibonito y de todas las familias y comunidades relacionadas tiene demasiados dolores como para añadirle uno más. Pero hay uno que no se puede obviar: la facilidad con que el Estado aparece después de la tragedia con toda su fuerza, cuando antes estuvo totalmente ausente. En el después luce formidable. Llegan policías, fiscales, trabajadores sociales, cámaras de televisión y hasta la secretaria de Justicia diciendo: ¡se hará justicia! Y la gente ya sospecha a qué tipo de justicia se apela.

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