

20 de mayo de 2026 - 11:10 PM


Una nueva tienda en la avenida San Patricio abrió sus puertas este mes con una propuesta enfocada en ropa vintage de los años 90 y 2000, una estética que continúa ganando terreno especialmente entre las generaciones más jóvenes y creadoras de contenido en redes sociales.
Pantalones de tiro bajo, capris, mini y microfaldas floreadas, maxifaldas bohemias, tops satinados, carteras con hebillas y joyería maximalista forman parte del inventario de Ammi, fundada por Amanda Villafañe y Yarimar Rivera, dos jóvenes dos jóvenes puertorriqueñas que decidieron convertir su fascinación por la moda Y2K en una oportunidad de negocio.

“Nosotras nos vestimos de esa manera y nos hemos dado cuenta que muchas nenas aquí en Puerto Rico también utilizan ese estilo”, explicó Rivera, de 24 años, quien estudió en el Fashion Institute of Technology (FIT) de Nueva York antes de regresar a la isla para completar una maestría en Mercado Digital en la Universidad de Sagrado Corazón.
Por su parte, Villafañe, de 23 años, ya llevaba un tiempo vendiendo prendas retro en línea pero quería darle mejor forma al emprendimiento y llevarlo a un espacio físico. “A mí siempre me ha gustado la ropa vintage y en Puerto Rico no encontraba ropa para mujeres curada, así que quisimos crear este espacio con piezas bien seleccionadas”, contó a Magacín la graduada en Mercadeo.
Las ahora socias se conocen desde que eran compañeras de escuela superior, donde además coincidieron en el equipo de baile, pero lo que las unió unos años después fue la pasión compartida por el estilismo y las ganas de emprender dentro del universo “fashion”.
“El proyecto empezó hace como un año, cuando decidimos empezar a buscar ropa, hacer viajes y crear todo el ‘branding’”, comentó Rivera. Gran parte de los artículos preseleccionados provienen de Miami y de conexiones desarrolladas en ciudades europeas como Italia y Londres. Según explicaron, les tomó mucho tiempo de búsqueda y “trial and error” (a prueba y error) encontrar en el otro continente suplidores confiables y alineados con la estética que querían para Ammi. “Todo es bien colorido, juvenil, girly y funky. Las piezas de los 2000 tienen muchos detalles, brillo y personalidad”, describió Villafañe sobre el estilo que se impone en la tienda.
La curaduría de las prendas requiere de un minuicioso proceso de investigar marcas, etiquetas y pruebas de calidad. “No queríamos que sea un local de ropa usada y ya. Buscamos marcas que hayan sido populares en esa época, como MISS SIXTY, Bebe, Caché, y hacemos muchos research para corroborar que sean piezas auténticas”, detalló Rivera. Así mismo, agregó que la selección deja fuera al “fast-fashion y marcas más modernas como Zara, H&M, Shein o Urban Outfitters”.
Como parte de su propuesta innovadora y enfocada en el uso consciente, Ammi también ofrece un servicio de renta de vestidos de gala de marcas de lujo pensado para ocasiones especiales. “Sabemos que hay trajes que son bien costosos y que solo se usan para uno o dos eventos y después se quedan cogiendo polvo, así que queríamos dar la posibilidad de que puedan alquilarlos para usarlos uno o dos días y después devolverlos. Además, ofrecemos servicio de ‘styling’”, mencionó Villafañe.
La acogida del público ha sido sumamente positiva, tanto así que la apertura oficial del local, celebrada a principios de mayo, superó por completo las expectativas de sus fundadoras. “Nosotras jamás pensamos que eso se iba a llenar. Pusimos el link para que se registraran para el ‘opening’ y ese mismo día se llenaron los espacios y hasta quedó gente en ‘waitlist’ (lista de espera)”, recordó Villafañe, asegurando que más de 80 personas se dieron cita a la actividad inaugural, incluyendo a varias personalidades de las redes sociales conocidas a nivel local. “Nosotras hicimos un video en Tiktok y de momento muchas influencers como Danila Vassallo, Gabriela Quiñones y Kiki Monrtilla nos escribieron diciéndonos que querían ir y nosotras estábamos en shock, no podíamos creerlo”, dijo Rivera, afirmando que el impacto digital terminó siendo clave en la visibilidad de la marca, generando un interés orgánico.

Al momento Ammi opera bajo un modelo dinámico de actualización constante, donde nuevas piezas se incorporan diariamente a la tienda para mantener la rotación del inventario y la variedad de estilos disponibles.
Asimismo, la clienta puedan participar a través de su cuenta de Instagram en el proceso de vender o donar piezas que cumplan con los requisitos antes mencionados. “Nos pueden enviar fotos de ropa que quieran vender o donar, y nosotras hacemos el ‘research’ de la pieza y de la marca para ver si podemos aceptarla, así que les invitamos a hacerlo”, concluyó Rivera.
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