

13 de agosto de 2026 - 10:20 AM

Un niño permaneció atrapado durante más de 32 horas bajo los escombros de una vivienda en el sector Cuarto de Legua, en el sur de Cali, tras el terrible terremoto que sacudió Colombia el lunes. Sin agua, sin comida y sin nadie a su lado, solo quedaba que alguien lograra escucharlo.
La noche del martes, después de horas de búsqueda, ocurrió lo que toda la comunidad esperaba: el ladrido de uno de los perros entrenados para encontrar señales de vida.
El hallazgo fue obra del equipo de Roger Casas, coordinador del grupo de rescate con perros de la Cruz Roja colombiana en el Valle del Cauca. Junto con la comunidad, lograron abrirse paso entre los escombros hasta sacarlo con vida.
Desde el lunes, tras el terremoto, esta brigada de cuatro binomios -equipos compuestos por rescatista y un perro- ha realizado más de 13 “marcaciones” —ladridos que indican la posible presencia de una persona entre los escombros— en distintos puntos de Cali.
“Fue una labor ardua de toda la comunidad”, contó Casas a El Tiempo. Los vecinos y los rescatistas se guiaron por los lugares donde creían escucharlo, “hasta que por fin alguien hizo contacto con él desde más cerca y se comenzó a hacer la remoción de toda esa cantidad de escombros hasta tener la posibilidad de acceder a él y poderlo extraer”.
En medio de la devastación que ha dejado al menos 239 fallecidos, 3,755 heridos y 400 desaparecidos, cada rescate es para todo el país una chispa que mantiene viva la esperanza.
Para Casas, que ha participado en distintas operaciones de emergencia, como el terremoto en Venezuela de junio o el de Ecuador en 2016, este rescate tuvo un significado especial.
“Esa es una de las cosas que más me han marcado en estos momentos, y es de lo más bonito que ha sucedido”, dice.
Casas -oriundo de Ibagué, pero que vive en Cali desde hace 12 años - trabaja actualmente con uno de los cuatro binomios operativos de la Cruz Roja que han sido desplegados en diferentes puntos de Cali para apoyar las labores de búsqueda.
Su compañera canina se llama Hill, una pastora holandesa de 7 años.
Los otros héroes de cuatro patas son Isis, Max, Rufo y Apolo.
Pero en medio de la angustia de familiares y vecinos que esperan noticias, los equipos enfrentan una dificultad: la intervención de personas que intentan ayudar, pero que pueden terminar obstaculizando las operaciones.
“Una de las cosas que me ha impactado mucho (...) es que la gente no deja trabajar”, asegura.
El llamado del rescatista está especialmente dirigido a quienes se encuentran cerca de las estructuras colapsadas. Explica que los perros necesitan tiempo y espacio para revisar las zonas y que interrumpir ese proceso puede retrasar la localización de una persona.
“Ellos piensan que si dejan de trabajar 10-15 minutos mientras los perros están trabajando, la gente se va a morir. Y es al contrario”, explica.
“Los perros, en esos 15 o 20 minutos, pueden barrer el área que ellos van a demorar tres o cuatro horas barriendo”, agregó.
A medida que pasan las horas desde el terremoto, las labores de emergencia entran en una etapa en la que cada señal entre los escombros puede ser determinante. La ventana de vida, o “ventana de oro”, en rescates comprende las primeras 48 a 72 horas posteriores al sismo.
Por eso, para los equipos especializados, la prioridad sigue siendo trabajar en las zonas donde existe la posibilidad de encontrar sobrevivientes y hacerlo con protocolos que permitan aprovechar al máximo las herramientas disponibles.
Casas, quien también participó en el terremoto de Armenia en 1999, insiste en que la comunidad también cumple un gran papel en esta etapa de la emergencia.
“Lo más bonito que se ha visto acá es la solidaridad de todos los caleños, de toda Colombia, porque ha llegado, ayuda de todas partes”, dijo.
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