

11 de septiembre de 2026 - 11:57 AM


Hay lugares que quedan marcados por sus historias. Para Aguada, una de ellas quedó escrita hace 25 años, cuando el asesinato de una madre a manos de su hija adolescente conmocionó a todo el país. Ahora, una escena similar vuelve a poner al municipio en el mapa de los casos de matricidio en Puerto Rico.
El caso más reciente ocurrió en la noche del jueves, cuando una llamada de auxilio llevó a agentes hasta una residencia en el barrio Malpaso, en la PR-417. Allí encontraron el cuerpo de Myriam Valentín Matos, de 72 años, madre de tres hijos, quien presentaba múltiples heridas en la cabeza, confirmó la Policía.
La investigación policíaca apunta a uno de sus hijos, de 46 años y con antecedentes penales, como principal sospechoso. Según la pesquisa preliminar, el hombre habría hecho admisiones. Las autoridades, sin embargo, han recopilado evidencia, la cual deberá ser analizada por el Instituto de Ciencias Forenses (ICF).
El caso trae inevitablemente a la memoria otro crimen ocurrido en Aguada el 19 de noviembre de 2000, cuando Lydia Hernández Soto fue asesinada a manos de su hija, Lillian Enid Medina Hernández, quien tenía 15 años y residía con sus padres en la urbanización Isabel La Católica, según informes de la época.
Aquella noche, Lydia Hernández Soto fue encontrada muerta en su casa. Una de sus hijas, Lillian Enid Medina Hernández, de apenas 15 años, terminó siendo juzgada como adulta por los hechos. El caso pasó a ser conocido públicamente como el de la “matricida de Aguada”.
Tras una larga batalla judicial, Lillian Enid fue hallada culpable por el crimen y sentenciada a 25 años de prisión. Mientras estaba en la Cárcel de Mujeres de Vega Alta, fue acusada del asesinato de su compañera de celda, Wilmarta Mausilla, ocurrido el 30 de octubre de 2005. Por esto, recibió otra sentencia de 25 años de cárcel.
En cuanto al crimen de su madre, una sentencia del Tribunal Supremo emitida el 5 de febrero de 2003 dejó al descubierto lo ocurrido aquella noche de noviembre, cuando otra hija de la víctima la halló muerta en el piso de la residencia e inmediatamente alertó a su padre, según el archivo digital de LexJuris Puerto Rico.
La resolución fue emitida luego de que la convicta acudiera hasta el máximo foro judicial en busca de que se suprimieran como evidencia las confesiones que había ofrecido. No obstante, el recuento de hechos que hace el Supremo permite reconstruir lo que presuntamente ocurrió la noche del crimen.
Los hechos habrían ocurrido entre las 8:00 p.m. y 9:00 p.m. del 19 de noviembre de 2000, cuando Antonio Medina Sepúlveda, padre de la convicta, llegó a la casa junto a su hija menor Lillibeth, y encontró el portón y la puerta del balcón abiertos. Mientras estacionaba su auto, su hija Lillibeth entró y se topó con su madre muerta.
Según la sentencia, la hija salió inmediatamente a avisarle a su padre que su madre presuntamente se había caído. Al encontrarla en el suelo y comprobar que no tenía pulso ni respiración, el hombre alertó a las autoridades. A la escena llegó la agente Magali Souchet, de Crímenes Violentos, y el fiscal Joseph Esparra.
Según los testimonios que formaron parte de la prueba del Estado, a los que el Tribunal de Primera Instancia otorgó entero crédito, en la habitación donde fue hallada la víctima no se observaron signos de violencia. Sin embargo, se constató que tenía una herida de bala en la cabeza y una toalla alrededor del cuello.
“En una de las paredes del pasillo aparecía escrito con lápiz de labio: “Lillian te voy a matar con lo que robaste a tu papá”. Del mismo modo, en la habitación de la peticionaria (convicta) aparecía escrito sobre el espejo de la coqueta un mensaje que leía: “Lillian tienes suerte cuídate”. En virtud de las referidas amenazas, la agente Souchet entendió conveniente ocupar una libreta que estaba tirada sobre la cama de Lillian; ello, según testificó, con el único fin de indagar si de esta surgía alguna información en cuanto a si alguien deseaba hacerle daño a la peticionaria", lee la sentencia.
Tras permanecer en la escena hasta aproximadamente las 2:00 a.m. del 20 de noviembre del 2000, Souchet se trasladó al Cuartel de la Policía de Aguada donde, más tarde, entrevistó a Medina y a sus hijas.En esta entrevista, la agente advino en conocimiento de que Lillian presuntamente había tenido problemas en la escuela con un joven llamado Will, luego de que esta informara que él presuntamente vendía drogas.
“También surgen por primera vez los nombres de Tatiana, Christian y Ezer, identificados como amigos de Lillian Enid. Finalmente, el señor Medina le informó a la agente que este poseía dos armas de fuego y que para una de ellas no tenía licencia. Esta, según informó, había desaparecido de su automóvil, situación de la cual se percató la noche de los hechos”, indica la sentencia.
De acuerdo con los testimonios de Medina y de la agente Souchet estas entrevistas duraron solo varios minutos, tras los cuales el viudo se trasladó con sus hijas a la casa de su madre en Añasco. Movida por las amenazas escritas observadas en la residencia donde ocurrió el crimen, esa tarde del 20 de noviembre de 2000 la agente Souchet obtuvo en el cuartel de Aguada copia de un informe de querella donde la víctima había reportado la desaparición de su hija.
De acuerdo con los detalles de la sentencia, la investigación de la Policía de Puerto Rico continuó con entrevistas a testigos; entre ellos, allegados de la convicta. Durante el funeral de su madre, la joven le indicó a una tía, identificada como Felipa, hermana de su padre, que “quería hablar” con las autoridades.
“La tía Felipa condujo a Lillian hasta el vehículo donde se encontraba la agente Souchet, indicándole a esta que su sobrina deseaba hablar con ella. Acto seguido ambas subieron al vehículo y se dirigieron, junto a la agente a la Comandancia de Aguadilla. Una vez allí, Lillian comenzó a dialogar con la agente Souchet, informándole que Will, quien le suministraba sustancias controladas, y con quien tenía una deuda de dinero, podía ser el asesino de su madre”, indica la resolución.
Según la sentencia, tras recibir las advertencias de ley, la convicta cambió su versión y afirmó que había pagado $600 a Ezer Muñiz para que matara a sus padres. Las autoridades investigaron esa alegación y corroboraron la coartada de Muñiz, quien se encontraba con sus padres en un centro comercial la noche del crimen.
Al conocer que la versión de Medina Hernández no coincidía con la evidencia, el fiscal retiró una oferta de inmunidad que le había hecho a cambio de su testimonio. Fue entonces cuando, según el Tribunal Supremo, ella declaró que había “matado a su mamá” y señaló a Christian Barreto como la persona que la había ayudado a deshacerse del arma y del lápiz labial utilizado para escribir unos mensajes.
La investigación culminó con la presentación de cargos contra la adolescente. Posteriormente, su representación legal solicitó que se suprimieran sus confesiones y la evidencia derivada de ellas, pero el Tribunal de Aguadilla rechazó la petición. La controversia fue elevada al Tribunal de Apelaciones y luego al Supremo, que confirmó la determinación.
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