

15 de julio de 2026 - 5:35 PM


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Aibonito – La noche del domingo 10 de agosto de 2025, cuando fue asesinada a puñaladas Gabriela Nicole Pratts Rosario, Elvia Cabrera Rivera buscó en su cartera, sacó un punzón con su mano derecha y se lo entregó a su hija Anthonieska Avilés Cabrera.
Así lo aseguró bajo juramento Leshandra Pesante Rodríguez, la testigo #18 del Ministerio Público, quien declaró en el decimonoveno día del juicio por jurado contra Cabrera Rivera, acusada por el asesinato de la adolescente, apodada cariñosamente como “Lela”.
Pesante Rodríguez, quien este miércoles se convirtió en la testigo más importante de la Fiscalía de Aibonito en este caso al asegurar que fue la persona que sostuvo la cartera de la que la acusada sacó el objeto punzante, reveló en la Sala 1 lo que recuerda de aquella noche.
En un desgarrador testimonio, que provocó que la madre de la víctima Lisandra Rosario Berríos comenzara a llorar y tuviera que abandonar por minutos la audiencia, la mujer, de 31 años, expuso cómo presuntamente la acusada ayudó a su hija a concretar el crimen.
Explicó que el 10 de agosto disfrutaba del Gran Cierre de Verano Municipal junto a su amiga, Bethsaida Carattini Ortiz, a quien le dice “titi”. Relató que, posteriormente, continuaron compartiendo entre los negocios El Maestro Liquor Store y La Placita Martínez.
Tiempo después, Avilés Cabrera, junto a su medio hermana y su mejor amiga, Miriathny Avilés Cabrera y Gabriela “Gaba” Figueroa Arroyo, respectivamente, se sumó al grupo, mientras el ambiente poco a poco comenzaba a cambiar por diferencias entre hermanas.
Al igual que otros testigos, planteó que la génesis de la confrontación fue la relación sentimental que Miriathny mantenía con Karelin Plata Díaz, quien aparentemente no era aceptada. Eso llevó a que Miriathny y su hermana Faviola se enfrascaran en una discusión que terminó a golpes.
Pesante Rodríguez indicó que, en un momento dado, notó que la acusada y su otra hija Anthiany llegaron al área del desvío. Detalló que bajaron desde el negocio El Maestro Liquor Store. “Ella (Elvia) llegó alterada y preguntó que qué estaba pasando”, subrayó.
La testigo narró cómo el ambiente continuó escalando hasta el punto en que la acusada presuntamente rebuscó en su cartera y sacó un punzón que entregó a su hija. Su relato se desarrollaba ante la mirada fija de todos los presentes en sala, incluyendo el jurado.
“Yo vi que Elvia estaba rebuscando en su cartera, que era grande, rectangular, como de color caqui oscuro y el borde era cremita tirando a naranja. La cartera estaba abierta. Ella sacó un punzón. Yo estaba a tres pies. Se lo pasó a su hija Antho”, mencionó Pesante Rodríguez.
Durante el interrogatorio realizado por la fiscal Myriam Nieves Vera, la testigo detalló que la acusada sacó el punzón con su mano derecha. Aseguró que el punzón era puntiagudo, filoso, de aproximadamnete una pulgada de ancho. “La punta era filosa”, enfatizó.
Cuando la fiscal le preguntó qué hizo la acusada con su cartera, Pesante Rodríguez respondió: “Me la puso en mis manos. Me quedé sn shock. Me quedé pensando en qué está pasando aquí. Ella se va para el revolú. Estaban unos encima de otros”.
La testigo insistió en que se quedó en el mismo sitio, porque estaba totalmente en shock. “Estaba pasando qué estaba pasando aquí. Yo tenía la cartera en mi mano derecha. Después de ahí, me fijo que Lela (apodo de la víctima) estaba tirada en el piso”, mencionó.
“(Lela) estaba tirada en el piso, en la carretera. Estaba bocarriba. Tenía los brazos extendidos. Yo tiré la cartera en la grama y corrí hacia donde estaba ‘Lela’. Me tiré al piso y le cogí su bracito para cogerle el pulso. No tenía pulso. Ella estaba fría”, indicó la testigo en sala.
En ese momento, la madre de la víctima, quien se encontraba sollozando en sala, abandonó la audiencia por unos minutos, mientras la testigo continuó narrando lo que recuerda de esa noche. Señaló que la víctima tenía un vestido negro, que estaba “un poquito alzado”.
“Vinieron los amigos de ella, uno de ellos le bajó el traje. Yo le estaba diciendo que se la llevaran. Ellos la cogieron y se la llevaron. La montaron en el carro de Dylan y mi titi Bethsaida le estaba diciendo a mama (Lisandra) que se montara en el vehículo”, dijo Pesante Rodríguez.
En ese momento, indicó, la víctima fue transportada en dicho vehículo. “Yo me quedé porque estaba con el hermano de Papucho, Chrisangel (mejor amigo de la víctima). Él estaba mareado, estaba gritando que le dolía. Bethsaida y yo fuimos a donde él”, sostuvo.
Narró que el menor, de 17 años, se levantó su abrigo, que estaba lleno de sangre. “Tenía un roto en la parte posterior del cuello. Botaba mucha sangre. Después de ahí, Elvia viró a buscar la cartera. Yo estaba terminando de bregar con Chrisangel. Se le puso un paño”, dijo.
También aseguró que la acusada “estaba tratando de explicar lo que pasó entre las nenas”. “Ella quería hablar, pero no habló”, comentó la testigo, quien indicó que caminó detrás de la acusada hasta llegar al negocio El Maestro, donde la dueña le preguntó si todo estaba bien.
“Estaba esperando a que titi Bethsaida le preguntara a un amigo si nos podía llevar al hospital (Menonita). Estaba en un carro que estaba por El Maestro. Ella le preguntó que si la podía llevar al hospital. Ella me preguntó a mí si me iba para mi casa o para el hospital. Yo le dije que no, que yo me iba para el hospital. Yo me monté”, comentó la testigo a preguntas de la fiscal.
En cambio, afirmó que la acusada, sus dos hijas y Figueroa Arroyo permanecieron en el negocio El Maestro. Luego, relató que, al llegar al hospital, encontró a la madre de la víctima “tirada en el piso”. “Nos decía que la nena había llegado muerta”, dijo.
Asimismo, Pesante Rodríguez aseveró que en la institución médica le comentó a Reynaldo Fernández Maldonado, el novio de Lismary Torres Rosario, la hermana mayor de la víctima. “Que yo habia visto a Elvia sacar algo de la cartera y pasarlo a su hija”, insistió.
Para reforzar la declaración de la testigo, el Ministerio Público utilizó prueba fílmica, principalmente grabaciones de las cámaras de seguridad de un establecimiento cercano a La Placita Martínez y otras de un área cercana al desvío Roberto Colón, en Aibonito.
El testimonio se desarrolló en presencia de familiares tanto de la víctima como de la acusada. También estuvieron presentes Zorimar Betancourt y Johanna Ortiz, madres de Stefano Steenbakkers Betancourt y Lara Camila González Ortiz, respectivamente.
A modo de resumen, Steenbakkers Betancourt fue mortalmente baleado en junio de 2012 en medio de un “carjacking” en la carretera PR-693 en Dorado. Mientras, González Ortiz falleció durante un accidente de tránsito en septiembre de 2023 en Vega Baja.
Culminado el turno de la Fiscalía de Aibonito, el licenciado Yancarlos Maisonet Hernández, uno de los abogados de la defensa, comenzó con el contrainterrogatorio, enfatizando discrepancias entre el testimonio en sala y la declaración jurada de la testigo.
Una de las discrepancias era que, contrario a lo que ha declarado en sala, la testigo no dijo en su declaración jurada, la cual rindió el 15 de agosto de 2025, que Cabrera Rivera llegó alterada al desvío. Además, Pesante Rodríguez reconoció que cuando Cabrera Rivera sacó el objeto punzante no había ocurrido ninguna pelea.
El abogado además le indicó a la testigo que padece de miopía y astigmatismo, condiciones visuales que pueden dificultar la visión de cerca o de lejos, infiriendo que, aun cuando estuvo a una corta distancia, era posible que no hubiese observado lo ocurrido debido a esto.
Más temprano, el Ministerio Público llamó a declarar a su testigo #17 en el caso: la agente Verónica Lugo Rivera, quien laboraba para la Oficina de Asuntos Juveniles, en la Comandancia de Aibonito, durante la fecha en que ocurrió el asesinato de la adolescente.
Lugo Rivera precisó que le leyó a Avilés Cabrera las “Advertencias Miranda para persona sospechosa en custodia”, que contienen los derechos constitucionales que cobijan a todo ciudadano, incluyendo que pueden guardar silencio y no contestar preguntas.
Lugo Rivera confirmó que su intervención con Avilés Cabrera ocurrió el 19 de agosto de 2025, cuando fue llevada a su oficina. Ante su presencia, Avilés Cabrera llenó la “Declaración de Persona Sospechosa”, donde escribió: “Mi madre y hermana no estaban involucradas”.
Sin embargo, la declaración formó parte de un debate suscitado bajo la Regla 109 de Evidencia, con el jurado ausente en la sala judicial. Tras escuchar los argumentos de ambas partes, el juez Luis S. Barreto Altieri determinó que no se admitía como evidencia.
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