

27 de octubre de 2026 - 6:06 PM


Caguas - En las uñas de ambas manos de Jennifer Torres Castro, asesinada el 24 de junio, se encontró ADN (ácido desoxirribonucleico) de Carlos Manuel Estefano Pino, imputado de dar muerte a la enfermera de 36 años mientras estaba en libertad bajo palabra, reveló el análisis del Instituto de Ciencias Forenses (ICF).
“Carlos Estefano Pino no puede ser excluido del perfil mayor contribuyente de material genético en la pieza (hisopos de las uñas)”, declaró este martes la analista forense Kathleen Velázquez Sotomayor, en el tercer día de la vista preliminar en el Tribunal de Caguas.
Según la investigación, la Policía encontró el cuerpo de Torres Castro la noche del 24 de junio, en su residencia, en el barrio Río Cañas, sector Quebrada Arenas, en Caguas. Desde que fue hallada la víctima, el principal sospechoso fue Estefano Pino, quien se encontraba en libertad bajo palabra cumpliendo una sentencia por otro feminicidio que cometió en 1990.
El ICF recibió, entre el 2 y 13 de julio, las muestras de ADN tanto de la víctima como del imputado, a quien se le extrajeron varias muestras de referencia para compararlas con las piezas de evidencia de la escena del crimen.
A preguntas del fiscal Pedro Mateo Casado, la perito respondió que era “inusual” que se encontrara más material genético de Estefano Pino que de Torres Castro en sus propias uñas.
“No es común que se encuentre mayor muestra de ADN que no sea de la misma víctima”, reiteró Velázquez Sotomayor, quinta testigo que sienta el Ministerio Público en esta etapa judicial.
En la mezcladora del lavamanos del apartamento de la enfermera, se encontró sangre del imputado y de la víctima. Al salir de sala, el Ministerio Público se reservó de dónde pudo provenir la sangre de Estefano Pino que se encontró en el lugar.

En tanto, el fiscal Mateo Casado subrayó que se ubicó material génetico en las uñas y en el lado izquierdo del rostro de la víctima, lo que consideró prueba “contundente”. Además, el Ministerio Público dijo que el análisis forense concluyó que Torres Castro no fue agredida sexualmente, como otras víctimas de Estefano Pino en 1986 y 1990.
“Esto demuestra que, en efecto, ellos compartían. Las preguntas que le hacía a la testigo concluyen que Carlos Estefano Pino visitaba esa casa y compartía con ella. No necesariamente que lo ubiquen al momento de los hechos o al momento de ocurrir su muerte”, dijo, en tanto, el abogado de defensa, Donald Milán Guindín.
Desde el 9 de septiembre, el convicto fue notificado sobre la revocación de su libertad bajo palabra al incumplir con seis condiciones. El hombre confesó a la Junta de Libertad Bajo Palabra (JLBP) que consumió bebidas alcohólicas, el 23 de junio, y que sostuvo un “altercado físico” con la víctima.
La vista preliminar continuará el 23 de noviembre desde las 8:00 a.m., cuando sentarán al agente investigador Reymundo Quiñones Castro y uno de los vecinos que ubicó a Estefano Pino la noche del asesinato en el apartamento de Torres Castro.
La mamá de Torres Castro, Keyla Castro Collazo, volvió a negar este martes que su hija sostuviera una relación sentimental con el imputado, de quien desconocía que tuviera un extenso historial criminal contra mujeres. “Nunca supe su historial criminal. Para nosotros, fue una sorpresa. Ha sido bien duro. Estamos bien aferrados a Cristo y bien unidos como familia”, enfatizó la mujer, en un aparte con periodistas, previo a la vista preliminar.
“Tenían una relación de amistad. Mi hija, toda su vida, tuvo vocación de ayudar a otros. Era enfermera y atendía envejecientes. Este señor se presentó como una persona vulnerable, que no tenía familia, y eso era lo que ella me comunicaba”, dijo Castro Collazo, quien ha señalado que su hija le decía “abuelo” a Estefano Pino.
“Cuando uno examina el expediente de esta persona, se ve que miente ,y esa es el arma que utiliza. Mi hija fue víctima. Sé que Papito Dios le hará justicia, y no solamente por ella, sino por otras mujeres que lamentablemente fallecen y son víctimas de violencia”, abundó, en respuesta a las alegaciones del imputado de que mantenía una relación con su hija.
Castro Collazo recordó que desconfiaba del acermaniento del imputado desde que lo conoció en persona dos meses antes del asesinato. Comentó que su hija ayudaba a Estefano Pino para rehabilitarse de un dolor en las piernas.
“No soy persona de calificar a las personas sin conocerlas, pero, en ese momento, me cuestioné por qué una persona de edad avanzada quería tener una amistad con mi hija. Se lo manifesté a mi hija varias veces. Pero ella me decía que era cristiana y que el señor (Estefano Pino) estaba solo en el mundo, que no tenía familia”, respondió.
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