


Mi libro más reciente, Cajón de sastre, lleva como título la sugerencia de que trata sobre esa instancia “a mitad de camino del safety can, o zafacón” cuando el escritor deposita las misceláneas, es decir, los retazos de sus musarañas, las presentaciones con que le cumplió al amigo, los artículos y ensayos inéditos, las conferencias mal pagadas, los discursos hechos como cuido a lo mejor del país, las crónicas que se publicaron en fragmentos. Quevedo decía, con su mala leche española, diestra en juego de palabras, que algo concebido por un sastre casi siempre termina en desastre. Pueden usarlo los mala sangre locales para ese basurero particular suyo que es el “hatebook”, según atinado apelativo de Ana Lydia Vega.

Te invitamos a descargar cualquiera de estos navegadores para ver nuestras noticias: